La actividad volcánica en la península de Reykjanes, en el suroeste de Islandia, continúa siendo objeto de seguimiento permanente debido a la acumulación de magma bajo el área de Svartsengi y al riesgo de que una nueva intrusión pueda desencadenar una erupción en el sistema de Sundhnúkur.

Sin embargo, no existe confirmación oficial de una nueva fase eruptiva con emisión de lava en Sundhnúkur durante agosto de 2026. La última erupción registrada en esta zona comenzó el 16 de julio de 2025 y concluyó a principios de agosto de ese mismo año. Desde entonces, los organismos islandeses han advertido que el sistema continúa geológicamente activo y que una nueva erupción sigue siendo una posibilidad.

La situación mantiene especial relevancia para Grindavík, una localidad que ha sufrido evacuaciones, daños en infraestructura y movimientos del terreno durante la reciente cadena de episodios volcánicos de la península de Reykjanes.

No hay una nueva erupción confirmada en agosto de 2026

La información disponible en los registros del Instituto Meteorológico de Islandia no confirma que en estos momentos exista un nuevo flujo de lava avanzando hacia Grindavík.

La última erupción de Sundhnúkur comenzó el 16 de julio de 2025. Durante ese episodio, uno de los cráteres permaneció activo y los flujos de lava se desplazaron principalmente hacia el este y sureste. La actividad disminuyó posteriormente hasta que la erupción fue declarada finalizada en agosto de 2025.

Esto es importante porque algunas publicaciones o titulares que circulan sobre una supuesta «nueva fase eruptiva» pueden mezclar la actividad volcánica de 2025 con la situación actual de 2026.

La amenaza, no obstante, no ha desaparecido. El sistema continúa acumulando magma y el terreno alrededor de Svartsengi sigue mostrando deformación, dos indicadores que las autoridades utilizan para evaluar la posibilidad de una futura intrusión magmática.

El magma continúa acumulándose bajo Svartsengi

El principal motivo de preocupación científica se encuentra debajo de Svartsengi, una zona situada en la península de Reykjanes y estrechamente relacionada con el sistema de Sundhnúkur.

De acuerdo con el Instituto Meteorológico de Islandia, la acumulación de magma ha continuado desde el final de la erupción de julio de 2025. En junio de 2026, los modelos utilizados por los científicos estimaban que se habían acumulado algo más de 24 millones de metros cúbicos de magma desde el último episodio eruptivo.

El organismo explicó entonces que el volumen acumulado era el mayor registrado entre las diferentes fases de la actual secuencia eruptiva de Sundhnúkur.

El proceso también está acompañado por un levantamiento gradual del terreno. Las mediciones mediante GPS e interferometría satelital permiten a los especialistas detectar pequeñas deformaciones en la superficie que pueden indicar cambios en la presión del sistema magmático.

Estos datos no significan que una erupción vaya a producirse necesariamente de inmediato. El comportamiento del magma bajo la superficie puede cambiar y los científicos deben analizar conjuntamente la deformación, los terremotos y otros indicadores geofísicos.

¿Por qué Sundhnúkur representa un riesgo para Grindavík?

Sundhnúkur forma parte de una zona volcánica situada en la península de Reykjanes, una región caracterizada por la presencia de fracturas y sistemas volcánicos capaces de generar erupciones fisurales.

A diferencia de los volcanes clásicos que concentran la actividad en un único cono, las erupciones de Sundhnúkur se han producido mediante fisuras que se abren en el terreno, permitiendo que el magma ascienda a través de fracturas de varios kilómetros.

Esta característica dificulta establecer con absoluta precisión dónde comenzaría una futura erupción.

El propio Instituto Meteorológico de Islandia ha señalado que, si continúa la acumulación de magma, el escenario más probable consiste en una nueva intrusión que se propague desde Svartsengi hacia la fila de cráteres de Sundhnúkur y que eventualmente pueda desembocar en una erupción.

Además, las autoridades han advertido históricamente que el tiempo entre las primeras señales de actividad sísmica y el comienzo de una erupción puede ser muy corto.

En episodios anteriores, la ventana de advertencia fue de apenas decenas de minutos a unas pocas horas, lo que explica la importancia de mantener sistemas de vigilancia y protocolos de evacuación preparados.

Grindavík, una ciudad marcada por las erupciones

La situación actual debe entenderse dentro de una crisis volcánica mucho más amplia que comenzó a finales de 2023.

Después de siglos sin erupciones en esta parte de la península, la actividad volcánica regresó a Reykjanes en 2021 y posteriormente se produjo una nueva etapa de actividad cerca de Grindavík.

A partir de diciembre de 2023, el sistema de Sundhnúkur experimentó una sucesión de erupciones. Entre diciembre de 2023 y agosto de 2025 se registraron nueve episodios eruptivos en la zona.

La situación fue especialmente grave para Grindavík porque algunas de las fisuras y flujos de lava aparecieron a pocos kilómetros de la localidad.

El episodio de enero de 2024 fue particularmente dramático: la lava alcanzó los límites de la población y provocó daños en viviendas e infraestructura. En otros episodios, los flujos amenazaron carreteras, instalaciones energéticas y otras infraestructuras estratégicas.

Por esta razón, las autoridades islandesas construyeron enormes barreras de tierra y roca destinadas a intentar desviar los flujos de lava y proteger sectores críticos.

Las barreras de protección frente a la lava

La construcción de barreras alrededor de Grindavík comenzó a principios de 2024 como respuesta al riesgo creciente de que nuevos flujos alcanzaran directamente la población.

Estas estructuras fueron diseñadas utilizando modelos de propagación de lava para determinar los sectores donde podían ofrecer mayor protección.

Durante los episodios eruptivos posteriores, las defensas fueron reforzadas y ampliadas debido a que la lava llegó a aproximarse o superar determinadas zonas de las estructuras.

La infraestructura de protección no elimina el riesgo. Su función es ganar tiempo y modificar el recorrido de los flujos cuando las condiciones lo permiten.

La complejidad del terreno volcánico también obliga a las autoridades a revisar periódicamente las evaluaciones de riesgo y los mapas de peligrosidad.

El Instituto Meteorológico de Islandia mantiene mapas específicos para representar las diferentes zonas de amenaza relacionadas con la actividad de Reykjanes y Sundhnúkur.

La última erupción: julio de 2025

La última erupción confirmada de Sundhnúkur comenzó el 16 de julio de 2025.

Durante las primeras horas se produjo una intensa actividad volcánica, con fuentes de lava y flujos que avanzaron sobre el terreno.

El Instituto Meteorológico de Islandia informó durante el desarrollo del episodio de importantes emisiones de gases y contaminación volcánica en la región. El viento podía transportar los gases a zonas alejadas del punto de emisión, convirtiendo la calidad del aire en otro de los riesgos asociados al fenómeno.

Con el paso de los días, la actividad disminuyó. Para el 5 de agosto, el organismo confirmó que la erupción había terminado, aunque insistió en que continuaban existiendo peligros asociados con la lava reciente, los gases y el terreno inestable.

Desde entonces, la preocupación científica se ha desplazado nuevamente hacia el comportamiento del magma bajo Svartsengi.

¿Qué podría ocurrir si se produce una nueva erupción?

Los científicos consideran que una futura erupción podría producirse nuevamente a lo largo de la fila de cráteres de Sundhnúkur.

El escenario más probable sería una nueva intrusión de magma desde el reservorio situado bajo Svartsengi hacia la zona de Sundhnúkur. Si el magma alcanzara la superficie, podría abrirse una nueva fisura y comenzar un episodio eruptivo.

La magnitud de ese evento es difícil de predecir.

El volumen de magma acumulado es uno de los factores que los especialistas vigilan. En junio de 2026, el IMO señaló que la cantidad acumulada había alcanzado niveles particularmente elevados y que, si una parte importante de ese magma llegara a la superficie, una próxima erupción podría incluso superar en volumen a algunos de los episodios anteriores.

Esto no significa que una erupción de grandes dimensiones sea inevitable. La cantidad de magma almacenada bajo tierra no determina por sí sola cuándo, dónde o con qué intensidad se producirá una eventual erupción.

¿Está Grindavík en peligro ahora?

La respuesta requiere distinguir entre riesgo volcánico permanente y una emergencia eruptiva activa.

Grindavík continúa ubicada dentro de una región geológicamente activa y vulnerable a nuevos movimientos del terreno, terremotos e intrusiones magmáticas.

Pero esto no equivale a decir que la ciudad esté actualmente siendo alcanzada por lava.

A fecha del 14 de agosto de 2026, las fuentes oficiales consultadas no confirman un nuevo flujo de lava avanzando hacia Grindavík ni una nueva erupción activa en Sundhnúkur.

Lo que sí existe es una situación de vigilancia permanente debido a la acumulación de magma y a la posibilidad de que el sistema vuelva a activarse.

Por eso, cualquier cambio significativo en la actividad sísmica, la deformación del terreno o la aparición de una intrusión sería evaluado rápidamente por las autoridades islandesas.

Una región que sigue bajo vigilancia

La península de Reykjanes se encuentra actualmente en una etapa distinta a la de los episodios eruptivos de 2023, 2024 y 2025, pero eso no significa que la actividad volcánica haya terminado definitivamente.

El Instituto Meteorológico de Islandia informó en julio de 2026 que la acumulación de magma y el levantamiento del terreno bajo Svartsengi continuaban, y consideró que el escenario más probable seguía siendo una acumulación lenta que eventualmente podría desembocar en una nueva intrusión y posiblemente en una erupción.

La experiencia de los últimos años ha demostrado además que las condiciones pueden cambiar con rapidez.

Por ello, las autoridades mantienen sistemas de monitoreo sísmico, GPS, imágenes satelitales, observación aérea y otras herramientas destinadas a detectar cambios en el comportamiento del sistema volcánico.

Una alerta que no debe confundirse con una nueva erupción

La situación de Sundhnúkur representa uno de los ejemplos más claros de la dificultad de convivir con un sistema volcánico activo.

Islandia no se encuentra actualmente ante una nueva fase eruptiva confirmada en Grindavík, pero sí frente a un sistema que continúa acumulando energía y magma bajo la superficie.

La diferencia es fundamental: una cosa es que exista una elevada probabilidad de una futura intrusión o erupción y otra muy distinta es que una erupción ya haya comenzado.

Por ahora, la evidencia oficial disponible apunta a la primera situación.

La última erupción terminó en agosto de 2025, mientras que durante 2026 los científicos han seguido documentando acumulación de magma y deformación del terreno en Svartsengi. El desarrollo futuro dependerá de cómo evolucione esa presión subterránea y de si el magma consigue finalmente abrirse camino hacia la superficie.

Para Grindavík, la experiencia de los últimos años significa que cualquier incremento importante de la actividad será seguido con especial atención. La localidad se encuentra cerca de uno de los sistemas volcánicos más activos de Islandia y sus habitantes ya han vivido evacuaciones, terremotos, daños estructurales y la amenaza directa de los flujos de lava.

Por ello, aunque no está confirmada una nueva emisión de lava en agosto de 2026, la vigilancia continúa y el riesgo de que Sundhnúkur vuelva a entrar en erupción sigue siendo una posibilidad real.