Colombia continúa enfrentando una de las emergencias sísmicas más graves de las últimas décadas. El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó al país el lunes 10 de agosto dejó una extensa zona de afectación, con especial impacto en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío. Mientras los organismos colombianos mantienen las labores de búsqueda, rescate y recuperación, equipos internacionales comenzaron a llegar al país para reforzar la respuesta ante la magnitud de la tragedia.

De acuerdo con el más reciente balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte del 14 de agosto, el desastre había dejado 288 personas fallecidas, 4.018 heridas y 202 desaparecidas. Además, 354 personas habían sido rescatadas y se contabilizaban más de 80.000 viviendas averiadas, 12.504 destruidas y 66 edificios colapsados.

La emergencia también ha provocado daños en vías, puentes, centros de salud, acueductos e instituciones educativas, dificultando especialmente la llegada de ayuda a comunidades rurales y apartadas.

Un terremoto con epicentro en Chocó

El movimiento telúrico ocurrió a las 7:34 de la mañana del 10 de agosto de 2026 y tuvo su epicentro en inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento del Chocó.

La magnitud de 7,4 convirtió al sismo en un evento de enorme relevancia para Colombia. El movimiento fue percibido en una amplia zona del país y produjo daños importantes en ciudades como Cali, Pereira, Armenia, Manizales y Quibdó.

Aunque el epicentro se localizó en Chocó, algunos de los daños más graves se concentraron en zonas urbanas densamente pobladas del Eje Cafetero y el Valle del Cauca. Cali, en particular, registró numerosos edificios afectados y operaciones de búsqueda entre estructuras colapsadas.

La emergencia también alcanzó a 15 departamentos y 448 municipios, según el reporte de la UNGRD divulgado el 14 de agosto. En total, más de 145.000 personas habían sido afectadas de manera directa por el terremoto.

Chocó enfrenta una situación especialmente compleja

Uno de los principales desafíos de la emergencia está precisamente en el departamento donde se originó el terremoto.

Chocó tiene una geografía caracterizada por extensas zonas selváticas, comunidades dispersas y numerosos territorios cuyo acceso depende de vías fluviales. Esto significa que el traslado de maquinaria pesada, alimentos, medicamentos, agua potable y equipos especializados puede ser considerablemente más difícil que en las grandes ciudades.

El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas ha advertido que el terremoto golpeó una de las poblaciones con menores recursos y capacidad de recuperación del país.

Según los datos difundidos por organismos humanitarios, más de 13.100 personas resultaron afectadas en Chocó, mientras que el Valle del Cauca registraba cerca de 36.000 afectados.

En Chocó y Buenaventura también se han identificado problemas relacionados con el acceso a agua potable, energía eléctrica, servicios de salud, alojamiento temporal y ayuda humanitaria. La Defensoría del Pueblo señaló además afectaciones en comunidades étnicas.

Por esta razón, la emergencia en Chocó no puede medirse únicamente por el número de edificios colapsados. La dificultad para acceder a las comunidades y garantizar servicios básicos representa uno de los principales retos de la etapa de respuesta.

Valle del Cauca concentra una parte importante de las labores de rescate

En el Valle del Cauca, Cali se convirtió en uno de los principales centros de las operaciones de emergencia.

La ciudad registró decenas de estructuras con daños graves y numerosas personas atrapadas o desaparecidas durante los primeros días posteriores al terremoto. Las labores han involucrado a bomberos, Defensa Civil, Policía, organismos de socorro, voluntarios y equipos especializados.

El reporte del 12 de agosto señalaba que en Cali habían sido rescatadas 88 personas, mientras que se contabilizaban 96 fallecidos, 1.224 heridos y 111 desaparecidos. Las autoridades también reportaban 45 edificaciones con colapso total y cientos de inmuebles con daños estructurales.

La situación convirtió a la capital del Valle del Cauca en uno de los principales puntos de llegada para los equipos internacionales.

Los Topos Azteca llegaron desde Venezuela

Uno de los grupos internacionales que consiguió incorporarse a las operaciones fue la Brigada Internacional de Rescate Topos Azteca, de México.

Los rescatistas llegaron a Cali durante la madrugada del miércoles 12 de agosto. El grupo se encontraba previamente en Venezuela, donde había participado durante semanas en las labores de búsqueda y recuperación tras los terremotos que golpearon ese país en junio.

Al conocer la magnitud de la emergencia colombiana, los brigadistas modificaron su recorrido y se trasladaron desde Venezuela hacia Cali con el objetivo de participar en las operaciones de búsqueda y rescate.

La organización nació después del terremoto que devastó Ciudad de México en 1985 y está integrada por voluntarios especializados en operaciones de rescate en estructuras colapsadas.

Uno de sus primeros operativos en Colombia permitió rescatar un perro atrapado entre los escombros de una estructura destruida. Aunque se trató de un animal, el operativo mostró las condiciones en las que están trabajando los brigadistas y su disposición a buscar señales de vida en zonas de difícil acceso.

Estados Unidos también desplegó especialistas en rescate

La ayuda internacional no se limita a México.

Estados Unidos envió equipos especializados de Fairfax County, Virginia, y Los Angeles County, California, además de activar un Equipo de Respuesta para la Asistencia de Desastres, conocido como DART.

En total, se reportó el despliegue de 22 expertos en rescate, especializados en búsqueda y rescate urbano, coordinación operativa, ingeniería y procedimientos relacionados con los protocolos internacionales de INSARAG, la estructura de Naciones Unidas para las operaciones internacionales de búsqueda y rescate urbano.

Estos equipos pueden desempeñar un papel especialmente importante en estructuras inestables, donde la entrada de personal no especializado puede poner en peligro tanto a las posibles víctimas como a los propios rescatistas.

Israel envió expertos de Defensa Civil

La llegada de asistencia internacional continuó durante el viernes 14 de agosto.

Un grupo de expertos de la Defensa Civil de Israel aterrizó en Colombia para participar en las operaciones de búsqueda, rescate y asistencia humanitaria. Según la información publicada durante la jornada, la delegación llegó a Cali en un avión de la Fuerza Aérea israelí.

Su llegada se produjo mientras las autoridades colombianas continuaban ampliando la cooperación internacional ante la magnitud de la emergencia.

Ecuador también ofreció un equipo especializado

Ecuador puso a disposición de Colombia un equipo USAR —especializado en búsqueda y rescate urbano— compuesto por 47 rescatistas, perros especializados y equipos con autonomía para operar durante siete días.

La propuesta forma parte de los mecanismos de cooperación regional que se activaron después del terremoto.

La experiencia de los equipos USAR resulta particularmente relevante en escenarios donde existen edificios parcialmente colapsados, personas atrapadas y estructuras que pueden sufrir nuevos desprendimientos.

El Salvador optó inicialmente por enviar ayuda humanitaria

La respuesta internacional también incluyó a El Salvador, aunque inicialmente la asistencia tomó una forma diferente.

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, informó que el Gobierno colombiano había solicitado ayuda humanitaria en forma de insumos porque sus propios equipos de rescate, médicos y organismos de emergencia estaban desplegados.

El Salvador envió entonces dos aviones de carga con aproximadamente 100 toneladas de ayuda humanitaria.

Este punto es importante porque durante los primeros días de la emergencia existió una controversia sobre la entrada de rescatistas extranjeros. Colombia inicialmente rechazó o limitó algunas ofertas de equipos internacionales, argumentando que el país contaba con capacidades propias suficientes para las labores de búsqueda y rescate.

Posteriormente, la posición del Gobierno cambió y comenzó a autorizar el ingreso de determinados equipos internacionales.

La polémica por el ingreso de rescatistas extranjeros

La llegada de ayuda internacional estuvo acompañada de una fuerte controversia.

Durante las primeras horas posteriores al terremoto, varios países ofrecieron enviar equipos especializados. Sin embargo, Colombia inicialmente decidió priorizar la utilización de sus propios grupos de rescate.

La discusión cobró importancia porque las operaciones de búsqueda de sobrevivientes después de un terremoto tienen una ventana crítica. Durante las primeras horas y días, la posibilidad de encontrar personas con vida bajo los escombros puede ser mayor, aunque los rescates pueden producirse incluso después de varios días dependiendo de las condiciones de la estructura y de la víctima.

Posteriormente, la UNGRD comenzó a autorizar equipos extranjeros de determinados países. El Gobierno explicó que la selección respondía a criterios técnicos y a los estándares internacionales de búsqueda y rescate urbano.

La controversia generó críticas políticas y diplomáticas, particularmente por la exclusión inicial de algunos equipos ofrecidos por países con experiencia en terremotos, entre ellos México.

Sin embargo, mientras se desarrollaba el debate, grupos como Topos Azteca y Aerial Recovery consiguieron llegar al país y participar en distintas actividades relacionadas con la emergencia.

Aerial Recovery también llegó a Colombia

Otro grupo internacional que comenzó a participar en la respuesta fue Aerial Recovery Group, una organización humanitaria especializada en operaciones de emergencia.

La organización trabaja con veteranos de las Fuerzas Armadas y personal de primera respuesta para intervenir en diferentes escenarios humanitarios y de desastre.

Uno de los aspectos fundamentales de este tipo de equipos es la utilización de métodos especializados para localizar personas bajo estructuras colapsadas. Estos procedimientos requieren controlar el acceso a las zonas de trabajo y, en determinadas circunstancias, mantener períodos de silencio para que los equipos de detección puedan identificar sonidos o señales provenientes de personas atrapadas.

La ayuda internacional va más allá del rescate

La cooperación internacional no se limita a los equipos que trabajan entre los escombros.

Más de una decena de países han anunciado diferentes formas de asistencia, incluyendo alimentos, medicamentos, equipos médicos, refugios temporales, agua, artículos de higiene y recursos económicos para la recuperación.

Estados Unidos anunció inicialmente una ayuda cercana a los 15,5 millones de dólares, mientras que Emiratos Árabes Unidos anunció una contribución de 10 millones de dólares para atender la emergencia.

México, por su parte, ha enviado vuelos con suministros humanitarios. Para el 14 de agosto, Colombia confirmó la llegada de un tercer avión mexicano, con 54 toneladas de víveres y cuatro toneladas de medicamentos.

India también anunció el envío de 20 toneladas de suministros, incluidos medicamentos, equipos médicos, refugios temporales y artículos de higiene. Noruega y Suecia igualmente anunciaron recursos destinados a la respuesta humanitaria.

Una emergencia que ya pasó de la etapa de rescate a la recuperación

A medida que transcurren los días, Colombia comienza a enfrentarse a una segunda fase de la emergencia: la recuperación.

La destrucción de viviendas significa que miles de familias necesitarán alojamiento temporal. Al mismo tiempo, los daños en escuelas, centros de salud, carreteras, puentes, acueductos y redes eléctricas dificultan la normalización de las actividades cotidianas.

La UNGRD reportó 80.744 viviendas averiadas y 12.504 destruidas, además de 267 vías afectadas, 260 centros de salud impactados, 87 acueductos afectados y 55 puentes vehiculares con daños.

Por ello, la llegada de equipos internacionales debe entenderse como parte de una respuesta mucho más amplia que incluye rescate, atención médica, alojamiento, distribución de alimentos, recuperación de servicios públicos y posterior reconstrucción.

Chocó enfrenta el desafío de la reconstrucción

El presidente Abelardo de la Espriella planteó el viernes la posibilidad de desarrollar un plan especial de reconstrucción para Chocó, al que comparó con el histórico Plan Marshall.

La propuesta busca responder no solamente a los daños provocados por el terremoto, sino también a las condiciones estructurales de pobreza, aislamiento y dificultades de acceso que ya enfrentaba el departamento antes del desastre.

La reconstrucción será especialmente compleja porque muchas comunidades necesitan primero recuperar servicios básicos antes de poder avanzar hacia una recuperación económica y social.

Continúan las réplicas

El peligro tampoco desapareció después del terremoto principal.

El Servicio Geológico Colombiano reportó que hasta las 7:00 de la noche del 14 de agosto se habían registrado 256 réplicas, de las cuales 17 tuvieron magnitudes superiores a 3,0 y dos superaron magnitud 4,0.

Las réplicas representan un riesgo adicional para las estructuras que ya resultaron debilitadas. Por esta razón, los organismos de socorro han insistido en que la población no debe ingresar a edificios afectados o declarados inseguros sin autorización de las autoridades.

Una respuesta que combina esfuerzos nacionales e internacionales

El terremoto de magnitud 7,4 ha obligado a Colombia a desplegar una operación de emergencia de enormes dimensiones.

Bomberos, Defensa Civil, Policía, Fuerzas Militares, autoridades locales, personal médico y miles de voluntarios continúan trabajando en diferentes puntos del país. A ellos se suman los equipos internacionales que han comenzado a llegar con capacidades específicas de búsqueda, rescate, evaluación de daños y asistencia humanitaria.

La situación, sin embargo, sigue siendo crítica. La cifra de víctimas continúa actualizándose mientras avanzan las evaluaciones de daños y la búsqueda de personas desaparecidas.

En este escenario, Chocó y Valle del Cauca representan dos de los principales focos de atención: el primero por encontrarse en la zona del epicentro y enfrentar enormes dificultades logísticas y humanitarias; el segundo por concentrar importantes centros urbanos, como Cali, donde las labores de búsqueda y rescate han requerido la participación de numerosos equipos especializados.

La llegada de brigadas internacionales supone un refuerzo importante para las operaciones, pero la emergencia está lejos de terminar. Después de rescatar a quienes aún puedan encontrarse bajo los escombros, Colombia tendrá que afrontar una extensa etapa de atención a los damnificados, recuperación de servicios, reconstrucción de viviendas e infraestructura y acompañamiento a las comunidades que perdieron sus hogares y seres queridos.

La tragedia del 10 de agosto no solo dejó edificios destruidos. También abrió una de las mayores operaciones de respuesta humanitaria que ha enfrentado Colombia en años, en la que la cooperación nacional e internacional será fundamental para superar las consecuencias del terremoto.