La lucha contra la contaminación por microplásticos está entrando en una nueva etapa en Europa. Suecia, uno de los países que históricamente ha impulsado políticas ambientales más estrictas, está aplicando un marco regulatorio cada vez más exigente para reducir la liberación de estas diminutas partículas en el medio ambiente.
Sin embargo, es importante precisar un aspecto que puede generar confusión: no existe actualmente una ley aprobada por el Parlamento sueco que establezca una prohibición total de todos los aditivos plásticos utilizados en productos de limpieza industrial.
La medida que está transformando este mercado procede principalmente de la Unión Europea, mediante el Reglamento (UE) 2023/2055, que modificó el Reglamento REACH para restringir la comercialización de micropartículas de polímeros sintéticos —una categoría regulatoria que incluye determinados microplásticos— cuando son añadidas intencionalmente a productos.
La regulación entró en vigor el 17 de octubre de 2023 y afecta a diferentes sectores, entre ellos los cosméticos, pinturas, detergentes, productos de limpieza, suavizantes y otros productos químicos. No obstante, la legislación contempla periodos de transición diferentes según el producto y su utilización, por lo que no todos los artículos quedaron prohibidos inmediatamente.
¿Qué son exactamente los microplásticos?
Los microplásticos son pequeñas partículas de plástico que generalmente tienen un tamaño de hasta cinco milímetros. Pueden ser fabricados deliberadamente con dimensiones microscópicas o aparecer cuando objetos plásticos de mayor tamaño se desgastan, fragmentan o degradan.
La Agencia Sueca de Protección Ambiental distingue entre microplásticos primarios y secundarios.
Los primarios son aquellos que se fabrican directamente en tamaños pequeños y pueden utilizarse, por ejemplo, como materias primas, agentes abrasivos o determinados aditivos. Los secundarios aparecen posteriormente por el desgaste de materiales más grandes, como neumáticos, textiles sintéticos o productos plásticos.
Esta diferencia es fundamental para entender las nuevas regulaciones.
Una prohibición de microplásticos añadidos intencionalmente no significa que desaparezcan automáticamente todos los microplásticos que llegan al agua, al suelo o al aire. El desgaste de neumáticos, las fibras textiles y la degradación de productos plásticos continúan siendo fuentes importantes de contaminación.
De hecho, la autoridad ambiental sueca identifica entre las principales fuentes nacionales la producción y manipulación de plásticos, el desgaste de neumáticos, los campos de césped artificial, el lavado de textiles, los recubrimientos utilizados en embarcaciones y la basura plástica.
La medida que realmente afecta a los productos de limpieza
El punto central de la nueva regulación europea es el control de las micropartículas de polímeros sintéticos añadidas deliberadamente a productos.
La intención es evitar que las empresas incorporen estas partículas a formulaciones cuando posteriormente puedan terminar en el medio ambiente durante el uso, lavado, eliminación o tratamiento de las aguas residuales.
La Agencia Sueca de Protección Ambiental señala expresamente que la restricción europea afecta, entre otros productos, a detergentes y agentes de limpieza. También incluye categorías como cosméticos, pinturas, suavizantes, productos fitosanitarios, purpurina y determinados dispositivos médicos.
Esto significa que la industria de productos químicos y de limpieza debe revisar las formulaciones que contienen polímeros sintéticos en forma de micropartículas cuando estos cumplen las características establecidas por la normativa REACH.
No se trata, por tanto, de una prohibición general de cualquier sustancia plástica presente en un producto de limpieza.
La diferencia es importante porque existen numerosos polímeros y materiales sintéticos utilizados en la industria que no necesariamente entran en la definición regulatoria de micropartículas de polímeros sintéticos restringidas por esta norma.
¿Por qué se está regulando este tipo de partículas?
El problema de los microplásticos está relacionado principalmente con su persistencia y su capacidad para desplazarse por diferentes ecosistemas.
Una vez liberadas, las partículas pueden llegar a sistemas de alcantarillado, plantas de tratamiento de aguas residuales, ríos, lagos y finalmente mares y océanos. La Agencia Sueca de Protección Ambiental señala que las principales vías de transporte incluyen la escorrentía de aguas pluviales, el aire y las plantas de tratamiento de aguas residuales.
El problema no termina cuando una partícula llega a una planta de tratamiento.
Los sistemas de depuración pueden retener una parte de las partículas, pero no necesariamente eliminarlas por completo. Algunas pueden permanecer en los lodos, mientras que otras pueden terminar en cuerpos de agua dependiendo de las características del sistema de tratamiento y de las partículas.
Además, debido a que muchos plásticos se degradan muy lentamente, la contaminación puede permanecer durante largos periodos.
La propia autoridad ambiental sueca advierte que, aunque existen importantes vacíos de conocimiento científico, la persistencia de los microplásticos justifica aplicar medidas preventivas para reducir su liberación.
Suecia ya tenía una regulación propia
La lucha contra los microplásticos no comenzó con la regulación europea de 2023.
Suecia ya contaba desde el 1 de julio de 2018 con una prohibición nacional sobre determinados productos cosméticos que contienen partículas plásticas utilizadas para producir efectos de limpieza, exfoliación o pulido.
La prohibición se aplica a determinados productos destinados a ser enjuagados o escupidos después de su utilización sobre la piel, el cabello, las membranas mucosas o los dientes.
La legislación sueca define para este propósito las partículas plásticas como partículas sólidas menores de cinco milímetros e insolubles en agua.
Por ejemplo, la normativa contempla productos cosméticos con partículas plásticas utilizadas como agentes exfoliantes o para producir una determinada acción de limpieza.
Posteriormente, el marco europeo introdujo una regulación mucho más amplia.
Una diferencia importante: Suecia frente a la Unión Europea
Aquí está uno de los puntos más importantes para entender correctamente la noticia.
La medida que afecta actualmente a los productos de limpieza no es una prohibición exclusivamente sueca aprobada por el Parlamento.
Se trata principalmente de una restricción europea incorporada al marco REACH, que también se aplica en Suecia.
El Reglamento (UE) 2023/2055 modificó el anexo XVII de REACH para introducir restricciones a las micropartículas de polímeros sintéticos añadidas intencionalmente.
Por eso, empresas que comercializan productos en Suecia están sujetas a las obligaciones derivadas de la normativa europea, al igual que otros fabricantes y distribuidores que operan en el mercado de la Unión Europea.
La propia Agencia Sueca de Productos Químicos explica que la nueva restricción europea incluye productos como cosméticos, detergentes y pinturas, y que la normativa sueca anterior debe analizarse conjuntamente con las nuevas reglas europeas.
No todos los productos quedaron prohibidos de inmediato
Uno de los errores más frecuentes al hablar de esta regulación es presentar la medida como un «veto inmediato» a todos los productos que contengan plástico.
La realidad es más compleja.
La restricción comenzó a aplicarse el 17 de octubre de 2023, pero la Unión Europea estableció diferentes periodos de transición para determinados usos.
En el caso de determinados detergentes y productos de limpieza, existe un periodo transitorio de cinco años. Esto permite que fabricantes y distribuidores adapten progresivamente sus formulaciones y procesos antes de que determinadas obligaciones sean plenamente aplicables.
Otros productos cuentan con plazos diferentes. Por ejemplo, la Agencia Sueca de Protección Ambiental señala que determinados materiales utilizados en campos de césped artificial tienen un periodo transitorio de ocho años, mientras que los productos cosméticos pueden estar sujetos a diferentes periodos, dependiendo de la categoría.
Por esta razón, hablar de una «prohibición total inmediata» sería una simplificación incorrecta.
¿Qué significa esto para la industria de limpieza?
Para los fabricantes, las nuevas reglas implican revisar con mayor detalle las materias primas utilizadas en sus productos.
Las empresas deben identificar si sus formulaciones contienen micropartículas de polímeros sintéticos comprendidas dentro del ámbito de la regulación y determinar qué obligaciones les corresponden según el tipo de producto.
Esto puede impulsar el desarrollo de nuevas formulaciones que mantengan la capacidad de limpieza sin recurrir a determinados materiales plásticos restringidos.
El cambio también puede afectar a proveedores de materias primas, fabricantes de productos químicos, distribuidores y empresas que utilizan productos de limpieza profesional en sus procesos.
En el mercado sueco ya existe, además, una referencia ambiental importante para este sector: el Nordic Swan Ecolabel, cuya categoría para productos de limpieza y desengrasantes industriales establece requisitos ambientales relacionados con toxicidad, bioacumulación, degradabilidad y otras características químicas. Los criterios vigentes para esta categoría fueron revisados en 2025 y cuentan con una versión actualizada en 2026.
Esto muestra que el sector no solamente está respondiendo a prohibiciones legales, sino también a estándares ambientales voluntarios y criterios de compra más exigentes.
El problema no se limita a los productos de limpieza
Aunque los productos de limpieza reciben atención por su posible descarga al sistema de aguas residuales, representan solamente una parte del problema.
En Suecia, los estudios de la Agencia de Protección Ambiental han señalado múltiples fuentes de microplásticos.
Entre ellas se encuentran el desgaste de los neumáticos, las fibras liberadas durante el lavado de textiles sintéticos, los campos de césped artificial y diferentes actividades relacionadas con la producción y manipulación de plástico.
Esto significa que eliminar los microplásticos añadidos intencionalmente a determinados productos no solucionará por sí solo la contaminación por partículas plásticas.
La estrategia requiere actuar sobre diferentes fuentes al mismo tiempo.
¿Existe un riesgo para la salud humana?
Este es otro punto que requiere prudencia.
La presencia de microplásticos en el medio ambiente ha generado preocupación científica y se han detectado partículas en distintos compartimentos ambientales y cadenas alimentarias. Sin embargo, todavía existen importantes incertidumbres científicas sobre sus efectos a largo plazo en la salud humana y sobre la magnitud exacta de los riesgos ambientales.
La Agencia Sueca de Protección Ambiental reconoce explícitamente estos vacíos de conocimiento y señala que actualmente no es posible establecer conclusiones definitivas sobre todos los riesgos asociados con los microplásticos.
Por eso, la política europea se centra principalmente en prevenir y reducir las emisiones, especialmente cuando las partículas son añadidas deliberadamente a productos y existen alternativas.
Una regulación que cambia la forma de fabricar
Más que representar simplemente una prohibición de determinados ingredientes, las nuevas reglas están obligando a la industria europea a reconsiderar cómo se diseñan algunos productos.
Para los fabricantes de productos de limpieza, esto puede traducirse en investigación de nuevos ingredientes, reformulación de productos, búsqueda de materiales alternativos y modificaciones en las cadenas de suministro.
El objetivo es que la función del producto —por ejemplo, limpiar, desengrasar o eliminar determinados residuos— pueda mantenerse reduciendo al mismo tiempo la liberación de partículas plásticas persistentes.
En este sentido, la regulación también puede convertirse en un incentivo para la innovación dentro de la industria química.
El verdadero alcance de la medida
La importancia de esta regulación no está en que Suecia haya prohibido de un día para otro todos los aditivos plásticos de los productos de limpieza industrial.
Eso no es lo que ha ocurrido.
Lo que está sucediendo es un proceso regulatorio europeo que restringe progresivamente el uso y comercialización de determinadas micropartículas de polímeros sintéticos añadidas intencionalmente, con aplicación en Suecia y otros países de la Unión Europea.
Suecia, además, ya cuenta con medidas nacionales específicas contra determinados microplásticos en cosméticos y mantiene una política ambiental activa para reducir otras fuentes de contaminación plástica.
La diferencia puede parecer técnica, pero es fundamental: no todos los plásticos son microplásticos regulados, no todos los microplásticos proceden de productos de limpieza y no todos los productos afectados fueron prohibidos inmediatamente.
Un cambio que podría extenderse más allá de Suecia
La tendencia europea apunta hacia una reducción progresiva de los microplásticos añadidos deliberadamente a los productos.
Para Suecia, que ya había implementado restricciones nacionales antes de la regulación europea, el nuevo marco representa una ampliación de las medidas existentes.
Para la industria, significa que las formulaciones deberán adaptarse progresivamente a un mercado donde las características ambientales de los ingredientes tendrán cada vez más importancia.
Y para los consumidores y usuarios profesionales, el cambio puede resultar menos visible: no necesariamente se traducirá en productos con una apariencia radicalmente diferente, sino en nuevas formulaciones y materias primas utilizadas durante su fabricación.
La principal consecuencia será, por tanto, menos evidente en el producto terminado y más profunda en la cadena de producción.
Una transición regulatoria, no una prohibición absoluta
La lucha contra los microplásticos en Suecia representa un buen ejemplo de cómo la política ambiental europea está pasando de recomendaciones generales a restricciones concretas sobre determinadas sustancias y materiales.
Pero presentar el proceso como una «prohibición total de aditivos plásticos en productos de limpieza industrial ratificada por el Parlamento sueco» sería incorrecto.
La realidad es más precisa: la Unión Europea aprobó en 2023 una restricción sobre determinadas micropartículas de polímeros sintéticos añadidas intencionalmente, que afecta a productos de limpieza y otros sectores, mientras Suecia mantiene además sus propias restricciones nacionales y políticas ambientales contra los microplásticos.
El resultado es un proceso gradual que obliga a fabricantes a revisar sus productos, impulsa la búsqueda de alternativas y busca reducir una de las formas de contaminación plástica más difíciles de detectar una vez que llega al medio ambiente.