Una nueva autopista digital se prepara para atravesar el océano Pacífico. Se trata del Cable Humboldt, un ambicioso sistema de fibra óptica submarina que busca conectar directamente a Sudamérica con Oceanía y abrir una nueva ruta para el intercambio internacional de datos.
El proyecto, impulsado por Google y el Estado de Chile a través de Desarrollo País, contempla una conexión de aproximadamente 14.800 kilómetros entre Chile y Australia, pasando por la Polinesia Francesa. Su importancia no está únicamente en la distancia que recorrerá: representa una nueva alternativa para transportar enormes cantidades de información entre América del Sur y la región Asia-Pacífico sin depender exclusivamente de las rutas tradicionales que conectan el continente con Norteamérica.
Sin embargo, hay una precisión importante sobre el estado actual de la obra: el tendido del cable todavía no ha culminado. En junio de 2026, las autoridades chilenas aprobaron su instalación y señalaron que el despliegue está previsto para el último trimestre de este año, mientras que la entrada en operación está proyectada para 2028. Por eso, más que una obra ya terminada, Humboldt se encuentra en una etapa decisiva previa a su despliegue físico.
Una conexión directa a través del Pacífico
El Cable Humboldt nació de una idea que Chile viene desarrollando desde hace varios años: establecer una conexión directa entre Sudamérica y la región Asia-Pacífico.
En enero de 2024, Google anunció oficialmente el proyecto junto con Desarrollo País y la Oficina de Correos y Telecomunicaciones de la Polinesia Francesa. La propuesta contempla una ruta que conectará Chile, la Polinesia Francesa y Australia, creando una conexión submarina directa que no existía anteriormente entre Sudamérica y el Asia-Pacífico.
El trazado previsto tendrá como punto de partida la costa chilena y llegará hasta Sídney, Australia, recorriendo cerca de 14.800 kilómetros bajo el océano Pacífico. Además, el proyecto forma parte de una estrategia más amplia para interconectar diferentes sistemas de cables del Pacífico Sur y crear rutas geográficamente diversas.
Esto último es especialmente importante. Internet no depende de un único cable. Al contrario, el tráfico internacional circula por una enorme red de cables submarinos, terrestres, centros de datos, estaciones de aterrizaje y otros sistemas de telecomunicaciones. Cuando existen varias rutas independientes, una interrupción en una de ellas no necesariamente significa que una región quede incomunicada.
¿Por qué es tan importante un cable debajo del océano?
Aunque para los usuarios comunes Internet parece funcionar de manera inalámbrica, gran parte de la infraestructura que permite enviar información entre continentes se encuentra físicamente bajo el mar.
Los cables submarinos de fibra óptica transportan enormes cantidades de información mediante pulsos de luz que recorren fibras extremadamente delgadas. Por ellos pueden circular simultáneamente servicios de internet, videollamadas, plataformas de streaming, transacciones financieras, servicios en la nube, videojuegos, comunicaciones empresariales y grandes volúmenes de información científica.
Por eso, la instalación de un nuevo cable internacional no consiste simplemente en «poner fibra debajo del agua». Se trata de construir una nueva ruta dentro de la infraestructura crítica que sostiene la economía digital.
Google ha señalado que una mayor capacidad y una menor latencia permiten mejorar las experiencias digitales, facilitar las operaciones de empresas y organizaciones públicas y generar nuevas oportunidades relacionadas con servicios digitales y empleo.
Un proyecto de casi 15.000 kilómetros
Uno de los elementos que más llama la atención del Humboldt es su enorme extensión.
La ruta principal proyectada tendrá aproximadamente 14.800 kilómetros, una distancia comparable a atravesar un continente entero, pero en este caso instalada sobre el lecho del océano Pacífico.
El diseño contempla una capacidad inicial de aproximadamente 144 Tbps, una cifra que permite dimensionar el volumen de información que podrá transportar el sistema. También se ha proyectado una vida útil de alrededor de 25 años, aunque la capacidad y el rendimiento de los sistemas de fibra pueden evolucionar mediante mejoras en los equipos terminales y de transmisión.
El proyecto anunciado en 2026 también contempla un segundo tramo de aproximadamente 6.500 kilómetros entre Santo Domingo, en Chile, y Ciudad de Panamá, equipado igualmente con 16 pares de fibra. En conjunto, el sistema Humboldt contempla más de 21.000 kilómetros de infraestructura submarina.
El recorrido: Chile, Pacífico y Australia
El recorrido principal del Humboldt tiene un significado estratégico.
La conexión parte desde la costa chilena, atraviesa el Pacífico y llega hasta Australia, con infraestructura asociada a la Polinesia Francesa. Una vez que los datos llegan a Australia, pueden conectarse con otros sistemas de telecomunicaciones existentes que permiten continuar hacia otros puntos de Asia.
Esto significa que Humboldt no debe entenderse simplemente como un cable entre dos ciudades. Es, en realidad, una nueva puerta de entrada para Sudamérica hacia las redes digitales del Pacífico y Asia.
Google describió el proyecto como una nueva ruta que permitirá interconectar sistemas existentes del Pacífico Sur y aumentar la diversidad geográfica de las conexiones internacionales. Esa diversidad es fundamental para mejorar la resiliencia de Internet.
El estado actual del proyecto: todavía no está terminado
Aquí es donde conviene hacer una aclaración frente a algunas versiones que presentan el proyecto como si el tendido ya hubiera finalizado.
En junio de 2026, el Gobierno de Chile informó que se había aprobado la instalación y operación del Sistema de Cables de Fibra Óptica Humboldt. La autorización permite avanzar con el despliegue de la infraestructura submarina, pero no significa que los 14.800 kilómetros de cable ya hayan sido tendidos.
Según la información oficial publicada entonces, la instalación del tramo hacia Australia estaba prevista para el último trimestre de 2026, mientras que la entrada en operación se proyecta para 2028.
Por ello, si esta información se presenta como una noticia actual, lo correcto es hablar de una fase decisiva de instalación y preparación, y no afirmar que el tendido completo ya culminó.
Esta diferencia es importante porque el despliegue de un cable submarino requiere varias etapas: planificación de la ruta, estudios del fondo marino, fabricación del cable, transporte, instalación desde barcos especializados, conexión de los diferentes segmentos, pruebas y finalmente puesta en servicio.
¿Cómo se instala un cable de estas dimensiones?
El proceso es considerablemente más complejo que lanzar un cable al océano.
Primero se estudia el fondo marino para seleccionar una ruta que reduzca los riesgos para la infraestructura. Se tienen en cuenta características del terreno, profundidad, actividad sísmica, zonas de pesca y otros factores que podrían afectar al cable.
Posteriormente, barcos especializados transportan grandes cantidades de cable enrolladas en enormes depósitos. Durante el proceso de instalación, el buque navega siguiendo una ruta previamente definida mientras libera progresivamente el cable hacia el fondo.
En zonas profundas, el cable puede quedar directamente sobre el lecho marino. Cerca de las costas, donde existe mayor actividad humana y riesgo de interacción con embarcaciones o actividades pesqueras, determinadas secciones pueden recibir una protección adicional.
La complejidad aumenta todavía más cuando se consideran las distancias involucradas. Un sistema de casi 15.000 kilómetros necesita una planificación logística internacional y una coordinación precisa entre barcos, estaciones de aterrizaje, operadores y equipos técnicos.
La fibra óptica: el corazón de la infraestructura
Dentro del cable no viaja la información como señales eléctricas tradicionales. La transmisión se realiza principalmente mediante fibra óptica, utilizando señales luminosas.
Una fibra óptica puede transportar grandes cantidades de información a velocidades extremadamente altas. Para proteger esas fibras, los cables submarinos incorporan diferentes capas de protección, aislamiento y, dependiendo de la zona, elementos de refuerzo.
Esto permite que una infraestructura relativamente compacta pueda transportar enormes volúmenes de información durante décadas.
El principio es parecido al de las conexiones de fibra óptica que llegan a hogares y empresas, pero llevado a una escala internacional: en lugar de conectar dos edificios separados por unos kilómetros, se construye una ruta que atraviesa un océano completo.
Más capacidad para una economía cada vez más digital
La importancia del Humboldt también se entiende mejor al observar cómo ha cambiado el consumo de Internet.
Las empresas dependen cada vez más de servicios en la nube, plataformas de inteligencia artificial, centros de datos, videoconferencias y sistemas digitales. Al mismo tiempo, los usuarios consumen contenidos de alta resolución, videojuegos en línea, transmisiones en directo y servicios que requieren una conexión constante.
A esto se suma el crecimiento de tecnologías como la inteligencia artificial, que necesitan mover enormes cantidades de información entre centros de datos.
Una nueva ruta internacional puede ayudar a aumentar la capacidad disponible y proporcionar alternativas adicionales para distribuir ese tráfico.
Google ha relacionado específicamente sus inversiones en cables submarinos con el crecimiento de la capacidad de las redes y con la expansión de servicios digitales en América Latina.
Una cuestión de resiliencia y seguridad digital
Uno de los mayores valores estratégicos del proyecto es la redundancia.
Cuando una región depende de un número limitado de rutas internacionales, una falla puede generar problemas importantes. Los cables submarinos pueden sufrir daños por actividades humanas, fenómenos naturales, movimientos del fondo marino o accidentes.
Tener diferentes caminos permite redirigir parte del tráfico cuando una ruta deja de estar disponible.
En ese sentido, Humboldt no pretende sustituir todas las conexiones existentes, sino añadir una nueva alternativa geográfica.
Google ha destacado precisamente la importancia de la diversidad de rutas para fortalecer la confiabilidad y resiliencia de las comunicaciones digitales en el Pacífico.
Chile busca convertirse en un hub digital del Pacífico
Para Chile, el proyecto tiene una dimensión que va mucho más allá de las telecomunicaciones.
La ubicación geográfica del país, con una extensa costa frente al Pacífico, puede convertirse en una ventaja para conectar Sudamérica con Oceanía y Asia.
El Gobierno chileno ha planteado que Humboldt puede contribuir a posicionar al país como un hub digital regional, es decir, como un punto estratégico para el intercambio internacional de información y para la instalación de nuevas infraestructuras tecnológicas.
En junio de 2026, las autoridades señalaron que el proyecto puede fortalecer la conectividad internacional, el intercambio de información y las oportunidades de desarrollo tecnológico, científico y económico.
La idea es que un cable de estas características pueda favorecer la llegada de centros de datos, servicios digitales, empresas tecnológicas e inversiones relacionadas con la economía digital.
Google y el Estado chileno, detrás del proyecto
El proyecto también destaca por la colaboración entre una de las principales empresas tecnológicas del mundo y el Estado chileno.
En 2025, Chile y Google crearon Humboldt Connect, una empresa conjunta destinada a comercializar la capacidad del sistema de cable. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, la sociedad fue creada para gestionar y comercializar la capacidad de fibra óptica del nuevo enlace.
Esta asociación refleja cómo los cables submarinos han dejado de ser únicamente una cuestión de operadores tradicionales de telecomunicaciones. Actualmente, grandes compañías tecnológicas, proveedores de nube y empresas de infraestructura digital participan directamente en el desarrollo de este tipo de redes.
Una historia que comenzó mucho antes
Aunque el proyecto ha ganado protagonismo en los últimos años, la idea de conectar directamente Sudamérica con Asia-Pacífico mediante un cable submarino comenzó mucho antes.
Chile llevaba varios años estudiando diferentes alternativas para crear una ruta transpacífica. En 2021, Desarrollo País seleccionó a H2 Cable, filial de BW Digital, como socio estratégico para avanzar en el desarrollo del proyecto.
En aquel momento se planteaba una infraestructura de aproximadamente 14.810 kilómetros entre Valparaíso y Sídney, con la posibilidad de interconectar otros puntos de la región.
Posteriormente, el proyecto evolucionó hasta la asociación con Google y la definición de la ruta actual.
En enero de 2024, Google anunció formalmente Humboldt como una nueva ruta submarina entre Chile, la Polinesia Francesa y Australia.
El factor geopolítico
Los cables submarinos también tienen una dimensión geopolítica.
La infraestructura digital internacional determina por dónde circulan grandes cantidades de información. Por eso, las rutas que conectan continentes pueden adquirir una importancia estratégica comparable a otras grandes infraestructuras de transporte.
El caso de Humboldt es particularmente interesante porque crea una nueva ruta en el Pacífico Sur y reduce la dependencia de las conexiones tradicionales que históricamente han llevado gran parte del tráfico latinoamericano hacia Norteamérica.
En 2024, el Departamento de Estado de Estados Unidos describió Humboldt como la primera conexión submarina entre Sudamérica y la región del Indopacífico y destacó su potencial para aumentar la confiabilidad y resiliencia de Internet mediante una nueva ruta a través del Pacífico.
Esto explica por qué el proyecto ha despertado interés no solamente en el sector tecnológico, sino también en gobiernos y organismos internacionales.
¿Qué podría cambiar para los usuarios?
El usuario común probablemente no verá un nuevo cable apareciendo físicamente en su conexión a Internet.
El impacto será más indirecto.
Una mayor capacidad internacional puede ayudar a que operadores y proveedores de servicios dispongan de más opciones para transportar tráfico. También puede mejorar las condiciones para servicios en la nube, plataformas digitales, empresas internacionales y proyectos científicos.
No significa que una persona vaya a pasar automáticamente de una conexión de 300 Mbps a una de varios gigabits solamente porque exista Humboldt. La velocidad que recibe un usuario depende también de su operador, su red local, su plan contratado y otros elementos.
El verdadero cambio estará en la infraestructura que existe detrás de Internet.
Ciencia, empresas e inteligencia artificial
Uno de los posibles beneficiarios de esta nueva conexión será el intercambio de grandes cantidades de información científica.
Chile cuenta con una importante infraestructura astronómica y científica, mientras que Australia también posee instituciones y centros de investigación con grandes necesidades de conectividad internacional.
Las conexiones de alta capacidad permiten intercambiar grandes conjuntos de datos entre instituciones ubicadas en diferentes continentes.
El crecimiento de la inteligencia artificial también aumenta la importancia de estas rutas. Los modelos de IA y los centros de datos requieren enormes cantidades de información y capacidad de interconexión, por lo que las nuevas rutas internacionales pueden convertirse en una pieza importante de la infraestructura que sostiene esa expansión.
Un «puente» invisible sobre el Pacífico
El Cable Humboldt representa una paradoja interesante: aunque físicamente será una infraestructura prácticamente invisible para la mayoría de las personas, podría convertirse en una de las piezas más importantes de la infraestructura digital de la región.
Bajo miles de kilómetros de océano se transportarán datos que, para el usuario final, parecerán viajar instantáneamente.
Una videollamada entre Chile y Australia, una consulta a un servicio en la nube, una transferencia empresarial o el acceso a una plataforma internacional pueden depender de complejas rutas submarinas que casi nunca vemos.
Humboldt busca precisamente crear una de esas nuevas rutas.
El próximo paso: pasar del proyecto al fondo del océano
El gran desafío ahora es convertir los planes y autorizaciones en infraestructura física.
Con la aprobación obtenida en junio de 2026, el proyecto avanzó hacia una etapa decisiva. La previsión oficial apunta al último trimestre de 2026 para la instalación, mientras que la puesta en funcionamiento se espera posteriormente.
Por eso, la historia del Humboldt todavía no ha terminado.
El verdadero momento histórico llegará cuando el cable sea completamente desplegado, probado y finalmente conectado a las redes internacionales.
Cuando eso ocurra, Sudamérica contará con una nueva autopista digital hacia Oceanía y el Asia-Pacífico, construida no sobre tierra, sino a miles de metros bajo el océano.
Una nueva etapa para la conectividad de Sudamérica
El Cable Humboldt es mucho más que un proyecto de telecomunicaciones. Es una apuesta por diversificar las rutas internacionales de datos, aumentar la capacidad de conexión y posicionar a Chile como un punto estratégico dentro de la infraestructura digital del Pacífico.
Con aproximadamente 14.800 kilómetros de recorrido principal, una capacidad proyectada de 144 Tbps y una conexión entre Sudamérica y Australia, el proyecto tiene dimensiones suficientes para convertirse en una de las infraestructuras digitales más relevantes de la región.
Pero, a septiembre de 2026, el dato más importante es también el que evita exagerar la noticia: el tendido todavía no ha culminado. El proyecto está entrando en la fase en la que esa enorme ruta digital pasará de los planos y acuerdos a convertirse físicamente en una infraestructura bajo el Pacífico.
Si el calendario anunciado se mantiene, el Humboldt será finalmente otro de esos cables invisibles que sostienen el mundo conectado, pero con una particularidad histórica: será la nueva conexión directa que acerque digitalmente a Sudamérica y Oceanía y que permita a Chile ocupar una posición mucho más relevante en las rutas de datos del Pacífico.