La recuperación de los suelos afectados por la actividad minera representa uno de los grandes desafíos ambientales de Colombia. En distintas regiones del país, especialmente aquellas donde históricamente se ha desarrollado minería de oro y otras actividades extractivas, la degradación del suelo y la presencia de sustancias potencialmente tóxicas han dejado impactos que pueden permanecer durante largos periodos.
Frente a este panorama, una alternativa basada en la naturaleza ha ganado atención entre investigadores y entidades colombianas: la fitorremediación, una técnica que aprovecha las capacidades naturales de determinadas plantas para absorber, acumular, inmovilizar o transformar contaminantes.
Aunque en algunos contenidos divulgativos se ha utilizado el término “fitoestructuración”, no se trata de la denominación técnica más habitual para este proceso. En la literatura científica y en documentos institucionales colombianos aparecen principalmente conceptos como fitorremediación, fitoextracción y fitoestabilización. Por ello, hablar de una estrategia de recuperación de suelos mediante plantas hiperacumuladoras resulta más preciso.
En Colombia, esta posibilidad no parte de cero. Investigaciones desarrolladas por universidades y documentos de entidades públicas han estudiado el potencial de las plantas hiperacumuladoras para enfrentar la contaminación asociada a la minería y, al mismo tiempo, explorar nuevas formas de aprovechamiento de determinados metales.
Un problema que va más allá de la extracción de minerales
La minería puede generar importantes beneficios económicos y sociales, pero también puede modificar profundamente los ecosistemas cuando no se desarrolla bajo controles ambientales adecuados.
La remoción de la cobertura vegetal, la alteración del suelo, la generación de residuos y relaves y la liberación de determinadas sustancias pueden afectar las propiedades físicas y químicas del terreno. En determinadas actividades mineras, además, existe preocupación por la presencia de metales y metaloides potencialmente tóxicos.
Uno de los casos que mayor atención ha recibido en Colombia es el mercurio, utilizado históricamente en procesos relacionados con la extracción de oro. El Ministerio de Ambiente explica que, una vez liberado, el mercurio puede llegar al aire, al agua y al suelo y sufrir transformaciones que favorecen su acumulación en organismos vivos.
La contaminación por mercurio tampoco constituye únicamente un problema ambiental. Debido a su toxicidad y capacidad de bioacumulación, puede representar un riesgo para la salud humana y afectar los ecosistemas acuáticos y terrestres. Por esa razón, Colombia ha desarrollado diferentes políticas destinadas a reducir y eliminar su utilización.
La Ley 1658 de 2013 estableció disposiciones para reducir y eliminar de manera segura y sostenible el uso de mercurio en diferentes actividades productivas, incluida la minería. Posteriormente, el país desarrolló instrumentos como el Plan Único Nacional de Mercurio y, más recientemente, el Plan de Acción Nacional sobre Mercurio para la minería artesanal y de pequeña escala.
¿Qué es realmente la fitorremediación?
La fitorremediación puede entenderse como una tecnología ambiental que utiliza organismos vegetales para ayudar a reducir los efectos de determinados contaminantes presentes en el suelo, el agua o los sedimentos.
No todas las plantas sirven para este propósito. Algunas especies poseen mecanismos fisiológicos que les permiten desarrollarse en ambientes donde existen concentraciones elevadas de determinados elementos que resultarían perjudiciales para otras especies.
Dentro de este grupo se encuentran las llamadas plantas hiperacumuladoras.
Estas plantas pueden absorber determinados metales a través de sus raíces y acumularlos en sus tejidos en concentraciones extraordinariamente superiores a las que toleran la mayoría de las especies vegetales. Dependiendo de la planta y del contaminante, los elementos pueden quedar concentrados principalmente en las raíces o trasladarse hacia tallos y hojas.
Esta característica abre dos posibilidades diferentes.
La primera es la fitoextracción, en la que la planta absorbe el contaminante del suelo y lo concentra en sus tejidos. Posteriormente, la biomasa vegetal contaminada debe retirarse y manejarse de manera adecuada para evitar que los elementos regresen al ambiente.
La segunda es la fitoestabilización, que no pretende necesariamente retirar el contaminante del lugar, sino reducir su movilidad y biodisponibilidad. En este caso, las raíces y otros procesos asociados a la planta pueden contribuir a mantener los contaminantes inmovilizados en el suelo.
La diferencia es fundamental: fitorremediar no siempre significa sacar completamente el contaminante del suelo. En determinados escenarios, el objetivo puede ser disminuir su movilidad y evitar que llegue al agua, al aire o a la cadena alimentaria.
Colombia tiene una ventaja: su enorme biodiversidad vegetal
Uno de los aspectos que vuelve especialmente interesante esta estrategia para Colombia es la diversidad de especies vegetales que existe en el territorio.
Una investigación desarrollada en la Universidad Nacional de Colombia analizó 222 especies de plantas con propiedades hiperacumuladoras, agrupadas en 52 familias. El estudio señaló que Colombia posee numerosas especies pertenecientes a familias en las que se han identificado plantas con capacidad para acumular metales, aunque muchas de las especies presentes en el país todavía no han sido suficientemente estudiadas desde esta perspectiva.
El investigador Yordy Alejandro Bustos Contreras planteó que este conocimiento podría abrir posibilidades tanto para la recuperación ambiental como para la llamada fitominería, una actividad en la que las plantas se utilizan para concentrar determinados metales que posteriormente pueden ser recuperados.
La propuesta resulta particularmente interesante para zonas donde existen antiguos residuos mineros o terrenos que deben ser rehabilitados después del cierre de una explotación.
De la planta al metal: cómo funciona la extracción
El proceso puede parecer sencillo, pero detrás existe una compleja interacción entre la planta, el suelo y los contaminantes.
En términos generales, los elementos presentes en el suelo deben encontrarse en una forma que pueda ser absorbida por las raíces. Posteriormente, la planta utiliza sus propios mecanismos fisiológicos para incorporar esos elementos y, dependiendo de la especie, almacenarlos en sus raíces o transportarlos hacia otros tejidos.
En determinadas especies, los metales pueden llegar a concentrarse principalmente en las hojas y los tallos.
Si el objetivo es la fitoextracción, la biomasa debe cosecharse periódicamente. Esa materia vegetal contiene entonces una concentración mayor del elemento que la que existía inicialmente en los tejidos de una planta convencional.
La Universidad Nacional ha señalado precisamente esta posibilidad: algunas plantas pueden incorporar metales en sus raíces, mientras que otras pueden trasladarlos hacia las partes aéreas.
Sin embargo, existe un punto crítico: una planta contaminada no puede tratarse como residuo vegetal convencional. Su manejo, transporte y disposición deben realizarse de manera controlada para evitar que los contaminantes vuelvan al ambiente.
No todas las plantas hiperacumuladoras funcionan igual
Uno de los errores más comunes al hablar de esta tecnología es asumir que cualquier planta puede utilizarse para limpiar cualquier suelo.
La selección de especies depende del contaminante, de su concentración, del tipo de suelo, del clima, del pH, de la disponibilidad del elemento para las raíces y de la capacidad de crecimiento de la planta.
Una especie puede ser excelente acumulando níquel, pero no necesariamente funcionar de la misma manera frente al mercurio, el plomo, el cadmio o el arsénico.
También es necesario determinar qué ocurre con el contaminante después de ser absorbido.
En algunos casos puede ser deseable que el elemento permanezca principalmente en las raíces, especialmente cuando el objetivo es estabilizar el suelo. En otros, resulta más conveniente que se concentre en las partes aéreas para facilitar la cosecha de la biomasa y la posterior extracción del elemento.
Por esta razón, la investigación científica es indispensable antes de implementar la técnica a gran escala.
El potencial de las especies nativas
Otro aspecto importante es el uso de plantas adaptadas a las condiciones ambientales de cada región.
Una especie nativa puede presentar ventajas frente a una planta introducida porque ya está adaptada al clima, al régimen de lluvias, a los suelos y a las condiciones ecológicas locales.
Además, la recuperación de un terreno minero no debería limitarse a reducir la concentración de un contaminante. También debe contemplar la recuperación progresiva de las funciones ecológicas del suelo.
El Ministerio de Ambiente define la restauración ecológica como un proceso destinado a recuperar la estructura y las funciones de un ecosistema degradado. Cuando un ecosistema ha perdido su capacidad natural de recuperación, pueden ser necesarias acciones de restauración activa o asistida.
Esto significa que una estrategia de recuperación puede combinar fitorremediación con otras acciones: control de la erosión, recuperación de la cobertura vegetal, incorporación de materia orgánica, manejo de aguas, establecimiento de especies nativas y monitoreo permanente.
Colombia ya tiene antecedentes de investigación
La idea de utilizar plantas para enfrentar la contaminación minera no es completamente nueva en el país.
La investigación de la Universidad Nacional de Colombia publicada en 2021 mostró que existe un amplio campo de estudio alrededor de las especies hiperacumuladoras presentes en Colombia. El trabajo identificó posibilidades relacionadas con la recuperación de suelos y con la fitominería.
También existen investigaciones colombianas sobre especies específicas. Por ejemplo, estudios realizados en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano analizaron la capacidad de Acacia melanoxylon para retener cromo y determinaron un comportamiento compatible con la fitoestabilización bajo determinadas condiciones experimentales.
De manera similar, investigaciones publicadas en Acta Agronómica de la Universidad Nacional han estudiado la fitoextracción de cadmio mediante Solanum nigrum, conocida como hierba mora, encontrando características de interés para procesos de recuperación de suelos contaminados con este elemento.
Estos trabajos muestran que el desarrollo de la tecnología depende de evaluar científicamente cada combinación de planta + contaminante + suelo + condiciones ambientales.
¿Y qué papel tiene el Gobierno colombiano?
Aquí es importante hacer una precisión.
No existe evidencia suficiente para afirmar que Colombia haya puesto en marcha un programa nacional oficialmente denominado “programa de fitoestructuración” para descontaminar suelos mineros. Lo que sí está documentado es que el país cuenta con políticas de restauración ambiental, estrategias contra la contaminación por mercurio y acciones de investigación y desarrollo de alternativas para recuperar ecosistemas afectados.
El Ministerio de Ambiente mantiene una línea de trabajo relacionada con la recuperación y restauración de ecosistemas degradados, mientras que el Ministerio de Minas y Energía desarrolla el Plan de Acción Nacional sobre Mercurio para la minería artesanal y de pequeña escala. Este último contempla acciones para reducir los impactos ambientales y avanzar hacia una minería sin mercurio.
Además, documentos de la Policía Nacional de Colombia han presentado la fitorremediación como una alternativa potencial para acelerar la recuperación de suelos y aguas contaminados con mercurio e hidrocarburos asociados principalmente a actividades de minería ilegal. El documento explica el papel de plantas fitorremediadoras e hiperacumuladoras en la absorción, acumulación, estabilización o transformación de contaminantes.
Por tanto, la situación puede describirse mejor como un campo de investigación y una alternativa tecnológica que Colombia viene estudiando y promoviendo dentro de sus esfuerzos más amplios de recuperación ambiental, en lugar de afirmar que existe un único programa nacional de “fitoestructuración”.
Una solución verde, pero no una solución mágica
La fitorremediación tiene varias ventajas.
Puede ser menos invasiva que retirar grandes cantidades de suelo contaminado, puede integrarse con procesos de recuperación ecológica y, en determinadas circunstancias, puede tener costos inferiores a algunas tecnologías convencionales.
Además, permite trabajar directamente en el lugar afectado y puede contribuir simultáneamente a recuperar la cobertura vegetal.
Pero también tiene limitaciones.
Es una tecnología que puede ser lenta. Las plantas necesitan tiempo para crecer y acumular los contaminantes. En terrenos con concentraciones extremadamente altas, las plantas pueden no sobrevivir o no ser capaces de extraer una cantidad suficiente del elemento.
También existe el riesgo de que los contaminantes pasen a organismos que consuman las plantas, razón por la cual la selección de especies y el control del sitio son fundamentales.
Por eso, la fitorremediación no necesariamente reemplazará todas las técnicas convencionales. En muchos casos podría funcionar mejor como parte de una estrategia combinada de recuperación.
El reto de convertir la investigación en proyectos a gran escala
El gran desafío para Colombia será pasar de los estudios experimentales a soluciones que puedan aplicarse en terrenos reales y durante largos periodos.
Para lograrlo se necesitarán estudios de campo, caracterización detallada de los suelos, identificación de especies nativas, seguimiento de los contaminantes y evaluación de los costos.
También será necesario establecer qué hacer con la biomasa contaminada después de cada ciclo de cosecha y cómo garantizar que el proceso no genere un nuevo problema ambiental.
La experiencia internacional demuestra que la eficiencia de la fitorremediación depende de múltiples factores relacionados con las propiedades físicas y químicas del suelo y con la forma en que se encuentran los metales.
En Colombia, además, estos proyectos tendrán que adaptarse a ecosistemas muy diferentes: desde regiones tropicales húmedas hasta zonas andinas y áreas donde la minería ha alterado profundamente la cobertura vegetal.
Una oportunidad para recuperar y, en algunos casos, aprovechar los metales
La idea detrás de las plantas hiperacumuladoras resulta particularmente atractiva porque plantea una posibilidad poco convencional: el contaminante puede convertirse también en un recurso que se recupera.
En lugar de limitarse a retirar un residuo, determinadas plantas podrían concentrar metales presentes en antiguos residuos mineros y facilitar su posterior recuperación.
Esta posibilidad es conocida como fitominería y ha sido planteada para Colombia como una línea de investigación con potencial. La Universidad Nacional ha señalado, por ejemplo, que existen especies capaces de acumular níquel, cobre, manganeso, cadmio, oro, plomo y zinc, aunque todavía se necesita mucho más conocimiento para determinar cuáles pueden ser aprovechadas de manera efectiva y segura en el país.
Esto podría resultar especialmente relevante en un escenario en el que Colombia busca avanzar hacia una actividad minera con menores impactos ambientales y mejores procesos de recuperación de áreas degradadas.
Una apuesta basada en la naturaleza
La fitorremediación no elimina por sí sola todos los impactos históricos de la minería. Tampoco significa que cualquier planta sembrada sobre un terreno contaminado vaya a limpiarlo automáticamente.
Su verdadero potencial está en combinar el conocimiento de la biología vegetal con la ingeniería ambiental, la química del suelo y el monitoreo científico.
Colombia cuenta con una enorme diversidad vegetal y con investigadores que ya han identificado especies con características prometedoras. También tiene una necesidad evidente de recuperar territorios afectados por actividades extractivas y de reducir los impactos asociados a contaminantes como el mercurio.
El camino, por tanto, no consiste simplemente en “sembrar plantas para limpiar la minería”, sino en seleccionar científicamente las especies adecuadas, determinar qué contaminantes pueden tratar, controlar su crecimiento, retirar correctamente la biomasa contaminada cuando sea necesario y medir durante años la evolución del suelo y del ecosistema.
En ese contexto, la fitorremediación en Colombia representa una alternativa de creciente interés: una tecnología que utiliza procesos naturales de las plantas para enfrentar uno de los problemas ambientales más complejos del país y que, con investigación, financiación y seguimiento adecuados, podría convertirse en una herramienta complementaria para la recuperación de territorios afectados por la minería.