Una experiencia desarrollada por Montechiari Agroindustria, en Córdoba, muestra cómo los residuos generados por la producción lechera pueden dejar de ser un problema ambiental para convertirse en un recurso agrícola. El sistema separa los efluentes del tambo y reutiliza sus componentes como fertilizante orgánico para los campos de la propia empresa. La iniciativa forma parte de un modelo de economía circular que busca reducir desperdicios, recuperar nutrientes y disminuir la dependencia de insumos externos.
De residuo a recurso: el nuevo valor de los efluentes ganaderos
La producción lechera genera mucho más que leche. En los tambos se producen diariamente grandes cantidades de estiércol, orina, agua de lavado y otros materiales orgánicos que, si no reciben un manejo adecuado, pueden convertirse en una fuente de contaminación para el suelo, el agua y el aire.
En Argentina, esta situación ha impulsado durante años investigaciones y proyectos destinados a encontrar alternativas para recuperar los nutrientes presentes en esos residuos. Una de las experiencias más concretas se encuentra en Montechiari Agroindustria, una empresa familiar ubicada en Monte Maíz, en el sudeste de la provincia de Córdoba.
La compañía combina producción agrícola, ganadería, tambos y procesamiento industrial de leche. Dentro de ese esquema, los efluentes generados por los animales son sometidos a procesos de separación y reutilización. El objetivo es recuperar la materia orgánica y los nutrientes que pueden regresar al suelo en forma de fertilizante.
La propia empresa explica que su modelo funciona bajo un esquema circular: la agricultura produce parte del alimento utilizado por las vacas, el tambo genera leche y purines, la leche llega a la industria para elaborar productos lácteos y los residuos orgánicos regresan a los campos.
Montechiari Agroindustria: un modelo integrado en Córdoba
Montechiari Agroindustria comenzó su actividad tambera en 1989 y con el paso de las décadas amplió sus operaciones hacia la agricultura, la ganadería y la producción industrial de alimentos. Actualmente cuenta con una estructura que integra diferentes etapas de la cadena productiva.
Uno de sus establecimientos más destacados es el Tambo La Margarita, ubicado en las cercanías de Monte Maíz. Allí se incorporaron tecnologías de automatización, sistemas de monitoreo individual de los animales y diferentes mecanismos destinados a mejorar el manejo de los residuos.
Según información publicada por la empresa y por entidades vinculadas al sector lechero, el establecimiento cuenta con un sistema que separa la fracción sólida y líquida de los efluentes. Los subproductos obtenidos son aprovechados posteriormente como fertilizantes en los campos utilizados para producir alimentos destinados al ganado.
La experiencia también fue destacada por CREA, organización que señaló que Montechiari dispone de dispositivos de separación y reutilización de efluentes a partir de los cuales elabora biofertilizantes. La empresa produce además sus propios alimentos para el ganado a partir de cultivos como maíz, alfalfa, moha, raigrás, vicia y sorgo.
¿Qué contienen los efluentes de un tambo?
Los efluentes pecuarios no son simplemente agua residual. Su composición puede incluir materia orgánica y nutrientes que originalmente estaban presentes en los alimentos consumidos por los animales.
Entre los elementos de mayor interés agronómico se encuentran:
- Nitrógeno, fundamental para el crecimiento vegetal.
- Fósforo, relacionado con el desarrollo radicular y diferentes procesos metabólicos.
- Potasio, importante para la regulación hídrica y el funcionamiento fisiológico de las plantas.
- Materia orgánica, que puede contribuir a mejorar determinadas propiedades del suelo.
- Otros nutrientes y micronutrientes presentes en concentraciones variables.
Sin embargo, esto no significa que cualquier efluente pueda aplicarse directamente sobre un cultivo. La composición cambia de acuerdo con la alimentación de los animales, el sistema de producción, la cantidad de agua utilizada durante la limpieza, el tiempo de almacenamiento y otros factores.
Por esa razón, organismos científicos argentinos han insistido en la necesidad de realizar una caracterización química previa antes de determinar su uso agrícola.
El INTA señala que los residuos pecuarios deben analizarse antes de ser utilizados como fertilizantes, ya que es necesario conocer su composición y ajustar las dosis de aplicación según las necesidades del suelo y del cultivo.
El proceso comienza con la separación de los residuos
Uno de los pasos importantes del modelo aplicado en los tambos modernos es la separación de las diferentes fracciones del efluente.
En términos generales, el material generado en las instalaciones ganaderas puede pasar por sistemas que permiten separar componentes sólidos y líquidos. Esto facilita su almacenamiento, manejo y posterior aprovechamiento.
En el caso de Montechiari, la empresa explica que su sistema de efluentes divide el sólido y el líquido de la materia fecal y utiliza los subproductos obtenidos como fertilizante. De esta manera, materiales que anteriormente podían ser considerados residuos pasan a formar parte nuevamente del sistema productivo.
El proceso también permite disminuir la cantidad de material que debe gestionarse como residuo y facilita una aplicación más controlada sobre los terrenos agrícolas.
La importancia de recuperar los nutrientes
El concepto central detrás de este modelo es sencillo: los nutrientes que salen del campo en forma de alimento para los animales pueden regresar posteriormente al suelo mediante los residuos ganaderos.
Esto es especialmente importante en sistemas agrícolas y ganaderos integrados.
Una parte de los cultivos producidos por Montechiari se destina a alimentar a los animales. Las vacas consumen esos nutrientes y una parte termina incorporándose a la leche y otra parte es eliminada mediante las excretas.
En lugar de considerar todo ese material como un residuo sin valor, el sistema busca recuperar sus componentes útiles y devolverlos a las tierras agrícolas.
La propia empresa define esta dinámica como una economía circular en la que la agricultura, la ganadería, la producción lechera y la industria se encuentran conectadas.
¿Por qué los biofertilizantes pueden ser importantes para Argentina?
El aprovechamiento de residuos ganaderos adquiere una importancia particular en un país con una enorme actividad agrícola y ganadera como Argentina.
La producción agropecuaria necesita grandes cantidades de nutrientes para mantener los rendimientos de los cultivos. Una parte importante de esos nutrientes llega mediante fertilizantes comerciales, cuya producción y adquisición tienen costos económicos y ambientales.
En este contexto, recuperar nutrientes de los propios sistemas productivos puede reducir la necesidad de importar o adquirir determinados insumos, siempre que el material obtenido tenga una composición adecuada y sea utilizado correctamente.
Un artículo técnico publicado por Producir XXI sobre valorización de residuos del tambo señala que Argentina importó más de tres millones de toneladas de fertilizantes en 2020, con una erogación cercana a los 1.100 millones de dólares. El mismo trabajo destaca el potencial de tecnologías destinadas a recuperar nitrógeno, fósforo y potasio a partir de residuos ganaderos.
Esto convierte al manejo de efluentes en un asunto que va mucho más allá de la protección ambiental: también puede tener implicaciones económicas y productivas.
La investigación argentina ya estudia cómo concentrar los nutrientes
El desarrollo de fertilizantes obtenidos de residuos ganaderos no es una idea nueva en Argentina.
El INTA y diferentes universidades vienen trabajando desde hace años en tecnologías para recuperar nutrientes de estiércoles y efluentes. Uno de los enfoques estudiados consiste en utilizar procesos de tratamiento que permitan obtener productos con mayor concentración de nutrientes y más fáciles de transportar y aplicar.
Investigaciones vinculadas al proyecto europeo FERTIMANURE, por ejemplo, analizaron tecnologías para transformar residuos ganaderos en productos fertilizantes. Entre las alternativas estudiadas se encuentran soluciones concentradas de nitrógeno y fertilizantes líquidos ricos en potasio. Estos procesos buscan superar uno de los principales problemas del uso directo de los efluentes: su elevada cantidad de agua y la dificultad de transportar grandes volúmenes.
Este punto es importante porque no todos los proyectos de valorización de residuos producen el mismo tipo de fertilizante. En algunos casos se utiliza directamente el efluente tratado en el campo; en otros se producen materiales sólidos, líquidos o productos más concentrados.
El caso de Montechiari no es exactamente una planta de fertilizantes convencional
Aunque la transformación de efluentes en fertilizantes puede describirse como producción de biofertilizantes, existe una diferencia importante respecto de una fábrica tradicional de fertilizantes.
En Montechiari, el objetivo principal es cerrar el ciclo productivo dentro de la propia explotación. Los residuos son recuperados y utilizados principalmente en los campos vinculados a la producción.
La empresa cuenta, además, con una planta industrial para procesar leche ubicada en Laborde, Córdoba, pero las fuentes disponibles describen el sistema de aprovechamiento de efluentes como parte de la operación de los tambos y de la agricultura, no como una fábrica independiente dedicada exclusivamente a producir fertilizantes orgánicos concentrados para su venta masiva.
Por eso, para mantener precisión periodística, es más correcto hablar de un sistema agroindustrial de valorización de efluentes y producción de fertilizantes orgánicos, en lugar de presentar a Montechiari como una planta convencional de fertilizantes concentrados.
Un modelo que también puede generar energía
La valorización de los residuos ganaderos puede ir incluso más allá de los fertilizantes.
Una de las tecnologías más utilizadas es la digestión anaeróbica, proceso biológico en el que microorganismos descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno.
Como resultado pueden obtenerse dos productos principales: biogás y digestato.
El biogás contiene principalmente metano y dióxido de carbono y puede utilizarse para producir energía. El digestato, por su parte, conserva nutrientes y materia orgánica que pueden tener utilidad agrícola después del tratamiento y de los controles correspondientes.
La Universidad Nacional del Litoral ha estudiado específicamente la instalación de biodigestores para procesar efluentes de tambos y obtener simultáneamente biogás y biofertilizantes. La propuesta busca aprovechar el gas para producir electricidad y utilizar el material restante como fertilizante.
También existen antecedentes concretos en grandes empresas agropecuarias argentinas.
Adecoagro ya utiliza los residuos de sus tambos como biofertilizantes
Otro ejemplo relevante es Adecoagro, que ha incorporado el tratamiento de residuos ganaderos dentro de sus operaciones lecheras.
En su reporte integrado correspondiente a 2023, la compañía informó que procesó 71.814 toneladas de estiércol en sus tambos, generó biogás y produjo 8.670 MWh de electricidad renovable.
La empresa también señaló que utiliza biodigestores y lagunas para gestionar los efluentes y recuperar nutrientes, que posteriormente regresan al suelo como biofertilizantes sólidos y líquidos.
Durante ese año, Adecoagro informó que aplicó este biofertilizante en más de 1.500 hectáreas, sustituyendo parte del uso de fertilizantes químicos.
Este caso demuestra que el aprovechamiento de residuos ganaderos puede funcionar a escala empresarial y combinar dos objetivos: generación de energía y recuperación de nutrientes.
¿Qué beneficios ambientales puede generar?
El correcto tratamiento de los efluentes puede reducir diferentes impactos asociados a la producción ganadera.
Menor riesgo de contaminación del agua
Cuando los efluentes se acumulan sin control, algunos nutrientes y contaminantes pueden alcanzar aguas superficiales o infiltrarse hacia las napas.
La Universidad Nacional del Litoral advierte que los efluentes de los tambos pueden contener nitratos, fósforo, patógenos y residuos veterinarios, por lo que su manejo inadecuado constituye un problema ambiental.
Recuperación de nutrientes
El reciclaje de nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica permite devolver al suelo parte de los elementos que fueron extraídos para producir alimentos.
Menor dependencia de fertilizantes externos
Cuando el material recuperado reemplaza parte de la fertilización convencional, el establecimiento puede disminuir la cantidad de fertilizante comercial que necesita comprar.
Mejor aprovechamiento de la materia orgánica
La incorporación controlada de materia orgánica puede contribuir a mejorar determinadas propiedades físicas y biológicas del suelo.
Experiencias realizadas por investigadores de la Universidad Nacional del Litoral encontraron mejoras en el rendimiento de cultivos y en la infiltración del agua después de aplicar efluentes de tambo bajo condiciones controladas. En uno de esos trabajos se registraron rendimientos hasta un 30 % superiores en determinadas condiciones experimentales.
No se trata simplemente de aplicar residuos sobre el suelo
Uno de los principales riesgos de estas tecnologías es pensar que cualquier residuo animal puede utilizarse sin controles.
La realidad es mucho más compleja.
La composición de los efluentes puede variar considerablemente y una aplicación excesiva puede provocar acumulación de nutrientes, problemas de salinidad, pérdidas de nitrógeno, contaminación del agua o emisiones atmosféricas.
Investigaciones sobre efluentes de tambos han demostrado que la composición puede presentar una variabilidad importante y que es necesario realizar análisis antes de definir su utilización como fertilizante. También influyen las condiciones del suelo, el clima, el método de aplicación y la dosis utilizada.
Por ello, la economía circular no significa eliminar los controles ambientales, sino precisamente hacer que el aprovechamiento de los residuos sea técnicamente seguro.
La regulación también es fundamental
Argentina cuenta con normas específicas para los productos biológicos y fertilizantes derivados de materiales orgánicos.
El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), mediante la Resolución 1004/2023, establece criterios para el registro de fertilizantes biológicos y otros productos destinados a la nutrición vegetal.
En el caso de los fertilizantes biológicos no microbianos, la normativa contempla requisitos relacionados con el origen de los nutrientes, la seguridad ambiental y sanitaria y, cuando corresponde, controles sobre contaminantes como cadmio, plomo, mercurio y níquel. También establece exigencias relacionadas con procesos de higienización para determinados productos orgánicos.
Esto es especialmente relevante cuando un producto deja de utilizarse exclusivamente dentro del establecimiento y pretende comercializarse como insumo agrícola.
Una oportunidad para la economía circular argentina
La experiencia de Montechiari forma parte de una transformación más amplia que está ocurriendo en diferentes sectores del agro argentino.
En lugar de considerar el estiércol y los efluentes como un pasivo que debe eliminarse, productores y empresas están empezando a tratarlos como materias primas.
El concepto de economía circular busca precisamente eso: reducir la cantidad de residuos y mantener los materiales y nutrientes dentro del sistema productivo durante el mayor tiempo posible.
En una explotación integrada, por ejemplo, los cultivos alimentan al ganado; el ganado produce leche y residuos; los residuos pueden convertirse en fertilizantes; los fertilizantes vuelven a los campos y los cultivos vuelven a alimentar al ganado.
De esta forma se crea un circuito que reduce la salida de nutrientes del sistema y disminuye la necesidad de introducir recursos externos.
El desafío de escalar estas tecnologías
A pesar de sus ventajas, convertir residuos ganaderos en productos agrícolas aprovechables todavía enfrenta varios desafíos.
El primero es económico. Los sistemas de separación, almacenamiento, tratamiento, transporte y aplicación requieren infraestructura y mantenimiento.
El segundo es técnico. La calidad del producto final depende de la materia prima y del proceso utilizado.
El tercero es logístico. Un efluente con gran cantidad de agua puede ser costoso de transportar a largas distancias, razón por la cual las tecnologías de concentración y recuperación de nutrientes adquieren especial importancia.
Y el cuarto es regulatorio: cuando el producto pretende comercializarse fuera del establecimiento donde fue generado, debe cumplir con los requisitos correspondientes.
Por ello, la posibilidad de desarrollar fertilizantes orgánicos concentrados a partir de residuos ganaderos representa uno de los campos con mayor potencial dentro de la bioeconomía.
Argentina tiene una materia prima abundante
El país cuenta con una importante producción de leche y una concentración considerable de tambos en la región pampeana.
Un trabajo técnico citado por Producir XXI, basado en datos del Censo Nacional Agropecuario de 2019, señala que Argentina tenía más de un millón de vacas en ordeñe y que aproximadamente el 70 % se encontraba en la región pampeana.
Esto significa que existe una cantidad significativa de materia orgánica disponible para sistemas de valorización.
El desafío consiste en transformar esa disponibilidad en soluciones económicamente viables, ambientalmente seguras y técnicamente consistentes.
Una nueva mirada sobre los residuos del sector lechero
La principal innovación de estos modelos no necesariamente está en el residuo mismo, sino en la manera de entenderlo.
Durante mucho tiempo, los efluentes de los tambos fueron considerados principalmente un problema de disposición. Hoy, las tecnologías de separación, digestión anaeróbica, recuperación de nutrientes y producción de biofertilizantes permiten plantear otra posibilidad: convertirlos en insumos.
El caso de Montechiari muestra que esa idea puede integrarse a una explotación agroindustrial completa. La empresa combina agricultura, producción de leche, ganadería, industria láctea y reutilización de efluentes dentro de un mismo esquema productivo.
A una escala mayor, empresas como Adecoagro también han demostrado que el tratamiento de residuos de los tambos puede generar simultáneamente energía renovable y fertilizantes para los campos.
El resultado es un modelo en el que lo que anteriormente era considerado un desecho puede convertirse en una fuente de nutrientes, energía y ahorro.
El futuro: fertilizantes producidos a partir de residuos
El desarrollo de biofertilizantes y fertilizantes derivados de residuos no significa que los productos convencionales vayan a desaparecer de manera inmediata.
Su importancia está en complementar las estrategias de fertilización y aprovechar recursos que actualmente pueden desperdiciarse.
Para Argentina, el potencial es especialmente interesante porque conecta tres sectores estratégicos: producción agropecuaria, generación de energía renovable y bioeconomía.
Si las tecnologías de recuperación y concentración de nutrientes continúan avanzando, los residuos de los tambos podrían convertirse en una fuente cada vez más importante de fertilizantes orgánicos y bioinsumos.
La experiencia de Montechiari demuestra que el concepto ya puede aplicarse dentro de una explotación productiva real. Y los proyectos de investigación desarrollados por universidades e instituciones como el INTA muestran que existe un camino tecnológico para llevar esa valorización todavía más lejos.
En definitiva, el desafío ya no consiste únicamente en producir más leche o más alimentos. También consiste en aprovechar mejor cada recurso utilizado durante el proceso.
Y en ese escenario, los efluentes de los tambos dejan de ser solamente un residuo: pueden convertirse en una pieza fundamental de una agricultura más circular, eficiente y sostenible.