Los arrecifes de coral de Hawái se encuentran en una carrera contra el aumento de la temperatura del océano. Mientras las olas de calor marinas se vuelven más frecuentes e intensas, científicos del Hawaiʻi Institute of Marine Biology y de la Universidad de Hawái trabajan en una estrategia que busca aprovechar una capacidad que ya existe en la naturaleza: algunos corales soportan mejor el calor que otros.
La investigación no consiste simplemente en crear corales artificiales o modificarlos para convertirlos en organismos completamente nuevos. El objetivo es identificar colonias que, de forma natural, muestran una mayor tolerancia al estrés térmico, estudiar las razones de esa resistencia y utilizar la reproducción selectiva y otras técnicas de conservación para producir descendencia y poblaciones con mejores posibilidades de sobrevivir a un océano cada vez más cálido.
El trabajo forma parte de una línea de investigación conocida como evolución asistida, aunque el equipo del Coral Resilience Lab se centra especialmente en la reproducción selectiva de corales con tolerancia térmica conocida. La idea es acelerar, con intervención científica controlada, procesos de selección y adaptación que ocurren naturalmente, pero que podrían no avanzar con la suficiente rapidez frente al actual ritmo del cambio climático.
El problema: un océano cada vez más caliente
Los corales viven en una relación estrecha con microorganismos fotosintéticos que habitan en sus tejidos y les proporcionan una parte fundamental de la energía necesaria para sobrevivir y crecer. Cuando la temperatura del agua aumenta demasiado durante un periodo prolongado, esta relación puede alterarse.
Como consecuencia, el coral puede expulsar o perder una gran parte de esos organismos simbióticos. Es entonces cuando se produce el fenómeno conocido como blanqueamiento coralino, durante el cual el organismo pierde buena parte de su color.
Un coral blanqueado no está necesariamente muerto. Sin embargo, queda debilitado y, si las condiciones de estrés continúan o se repiten con demasiada frecuencia, puede terminar muriendo antes de recuperarse. El aumento de la temperatura del mar está haciendo que estos episodios sean cada vez más graves y frecuentes.
Hawái ya ha experimentado importantes episodios de estrés térmico y blanqueamiento. Investigaciones desarrolladas en la región han demostrado que incluso corales que viven en áreas cercanas pueden responder de manera muy diferente ante la misma ola de calor: mientras algunas colonias sufren un blanqueamiento intenso, otras mantienen una mayor estabilidad.
Precisamente esa diferencia es una de las claves de la investigación actual. Los científicos intentan descubrir qué factores permiten que determinados individuos resistan mejor las temperaturas elevadas y si esa capacidad puede heredarse o aprovecharse en programas de restauración.
Del arrecife al laboratorio: identificar a los corales más resistentes
El proceso comienza en el propio océano. Los investigadores observan y evalúan colonias de coral que han estado expuestas a eventos de calor y comparan su comportamiento.
Algunas de las preguntas centrales son: ¿qué corales se blanquean menos?, ¿cuáles se recuperan con mayor rapidez?, ¿cuáles sobreviven y continúan creciendo después de varios episodios de estrés?
El Coral Resilience Lab, ubicado en el Hawaiʻi Institute of Marine Biology, estudia precisamente estos mecanismos. Su trabajo incluye análisis de los factores moleculares y biológicos relacionados con la tolerancia térmica, así como la comparación entre corales naturalmente resistentes y otros más sensibles que pueden encontrarse incluso en el mismo entorno.
Una vez identificadas colonias prometedoras, los científicos pueden utilizarlas como progenitores en experimentos de reproducción selectiva. Durante los eventos naturales de reproducción, se recolectan gametos —óvulos y espermatozoides— y se realizan cruces controlados.
Posteriormente, las larvas y los juveniles pueden criarse bajo condiciones cuidadosamente supervisadas y someterse a pruebas que permitan estudiar su respuesta frente al calor. El objetivo es determinar si la descendencia de corales tolerantes presenta también una mayor capacidad para afrontar el estrés térmico.
La reproducción selectiva como herramienta de conservación
El concepto central detrás de esta estrategia es relativamente sencillo: si dentro de una población existen individuos con características que les permiten sobrevivir mejor a determinadas condiciones, esos individuos pueden ser especialmente importantes para la conservación futura de la especie.
En el caso de los corales, la reproducción selectiva busca utilizar progenitores con una tolerancia térmica conocida para estudiar si determinados rasgos pueden transmitirse a su descendencia.
Los investigadores también están desarrollando métodos para aumentar la escala de este proceso. Entre ellos se encuentran pruebas de estrés térmico y estrategias de selección que permiten identificar o filtrar poblaciones con características de interés, especialmente una mayor tolerancia al calor.
Esta aproximación representa un cambio respecto a algunas estrategias tradicionales de restauración basadas principalmente en la fragmentación de corales. Criar corales mediante reproducción sexual puede aportar una mayor diversidad genética, algo considerado importante para la capacidad de adaptación de las poblaciones.
Sin embargo, los propios estudios realizados en Hawái muestran que no existe una solución automática. Una investigación de la Universidad de Hawái encontró, por ejemplo, que exponer larvas de coral a temperaturas más elevadas no produjo por sí solo una mejora posterior en la supervivencia de los juveniles frente al estrés térmico. El resultado es importante porque demuestra que la resistencia al calor es un fenómeno complejo y que no basta con “acostumbrar” a los corales a temperaturas altas durante una etapa temprana de su desarrollo.
¿Por qué algunos corales resisten mejor el calor?
La respuesta no depende de un único factor.
La tolerancia térmica puede estar relacionada con la genética del coral, sus microorganismos simbióticos, su fisiología, el ambiente local y su historia previa de exposición al estrés. Por eso, los científicos no se limitan a observar si un coral sobrevive o no.
También estudian sus características moleculares y su relación con los organismos que viven asociados a él. El conjunto formado por el coral y sus microorganismos recibe el nombre de holobionte, y comprender cómo funciona es una de las áreas de investigación consideradas fundamentales para desarrollar mejores estrategias de conservación.
Además, las investigaciones realizadas en Hawái han documentado señales de aclimatación y selección después de episodios repetidos de estrés térmico. Un estudio que siguió 1.832 corales en Maui durante varios años encontró evidencias de reducción del blanqueamiento en determinados individuos, especialmente dentro de algunos taxones más tolerantes.
No obstante, los investigadores también advirtieron que la historia de blanqueamiento por sí sola no es necesariamente el mejor indicador para decidir qué corales utilizar en restauración. En ese trabajo, la supervivencia y el crecimiento sostenido aparecieron como criterios especialmente importantes para identificar colonias con mejores perspectivas a largo plazo.
Del laboratorio de vuelta al océano
El objetivo final de cultivar y estudiar corales más resistentes no es mantenerlos indefinidamente en instalaciones científicas.
Los programas de restauración buscan que los organismos que demuestran un buen desempeño puedan ser trasladados nuevamente a los arrecifes, donde su supervivencia debe ser monitoreada bajo condiciones reales.
Este paso es fundamental porque un coral que parece resistente en un experimento controlado todavía debe enfrentarse a un entorno mucho más complejo: cambios de temperatura, enfermedades, contaminación, tormentas, competencia con otros organismos y alteraciones en la calidad del agua.
Por ello, los proyectos desarrollados en Hawái combinan la investigación de laboratorio con el seguimiento en campo. La reproducción selectiva pretende producir información que pueda servir para decidir qué individuos tienen mayor potencial para contribuir a la restauración de los arrecifes y cómo deben gestionarse esas poblaciones sin perder la diversidad genética local.
Una estrategia prometedora, pero no una solución al cambio climático
Los científicos insisten en que cultivar corales más resistentes no elimina la causa principal del problema.
La restauración puede ayudar a proteger poblaciones concretas, recuperar áreas degradadas y conservar una mayor diversidad de organismos mientras se desarrollan nuevas estrategias. Sin embargo, si las temperaturas del océano continúan aumentando de forma acelerada, incluso los corales más resistentes tendrán límites biológicos.
Esta preocupación también aparece en investigaciones anteriores realizadas en Hawái. En 2019, científicos de la Universidad de Hawái encontraron que algunas poblaciones mostraban una mayor tolerancia al calor en comparación con mediciones históricas, pero advirtieron que la velocidad de adaptación podría no ser suficiente para seguir el ritmo del calentamiento del océano.
La investigación más reciente ofrece, sin embargo, un escenario con algunos elementos de esperanza. Un estudio publicado en 2026 por investigadores de la Universidad de Hawái en Mānoa utilizó modelos de alta resolución para analizar el estrés térmico que podrían experimentar los arrecifes hawaianos durante el siglo XXI.
Al comparar esas proyecciones con estimaciones sobre la velocidad a la que los corales pueden adaptarse, los investigadores concluyeron que existe la posibilidad de que los corales hawaianos tengan margen para adaptarse a futuros niveles de estrés térmico, incluso bajo un escenario de altas emisiones. Los autores subrayan, no obstante, que los arrecifes estarán expuestos a niveles de estrés sin precedentes en las próximas décadas.
El futuro de los arrecifes dependerá de una combinación de estrategias
La conservación de corales en Hawái se está convirtiendo en un laboratorio de ideas para la protección de arrecifes en otras partes del mundo.
La identificación de individuos resistentes, la reproducción selectiva, el estudio de la genética y de los microorganismos asociados, la cría de larvas, el trasplante de corales y la protección de las condiciones locales son herramientas que pueden complementarse.
Pero la ciencia también está mostrando que no existe una fórmula única. Un coral resistente en un laboratorio no necesariamente tendrá el mismo desempeño en todos los arrecifes, y una población que sobrevive a una ola de calor puede seguir siendo vulnerable a enfermedades, contaminación u otros eventos extremos.
Por eso, el trabajo de los investigadores hawaianos combina innovación con cautela. La meta no es reemplazar la evolución natural ni crear una solución tecnológica que permita ignorar el calentamiento global, sino utilizar el conocimiento científico para dar a los arrecifes una mayor oportunidad de resistir mientras se enfrentan las causas que están transformando los océanos.
En ese contexto, el cultivo y la reproducción selectiva de corales con mayor tolerancia al estrés térmico representan una de las líneas más prometedoras de la conservación marina. Hawái se encuentra así en la primera línea de una investigación que busca responder a una pregunta decisiva para el futuro de muchos ecosistemas: ¿puede la ciencia ayudar a los corales a ganar tiempo frente a un océano que se calienta más rápido de lo que la naturaleza puede adaptarse?
Los avances logrados hasta ahora sugieren que sí es posible aumentar las probabilidades de supervivencia de determinadas poblaciones. Pero también dejan claro que el futuro de los arrecifes no dependerá únicamente de lo que ocurra en los laboratorios, sino de la capacidad global para reducir el calentamiento de los océanos y proteger los ecosistemas marinos de las múltiples presiones que ya enfrentan.