La conversación sobre transformación digital suele girar en torno a inteligencia artificial, automatización y ciberseguridad. Pero hay un frente igual de crítico y, en muchos casos, desatendido: la ciberreputación, es decir, la gestión de lo que internet dice —y muestra— sobre una persona. En ese terreno, un colombiano ha venido construyendo autoridad en silencio: Mirsha Márquez, consultor en reputación digital con más de 15 años de experiencia acompañando a figuras públicas de alto nivel en Colombia y América Latina.

Márquez ha desarrollado un modelo que mezcla tecnología, lectura algorítmica y comunicación estratégica para proteger, limpiar y posicionar la huella digital de artistas, empresarios, médicos reconocidos y actores políticos, especialmente aquellos expuestos a campañas de desinformación o a noticias antiguas que siguen apareciendo en los primeros lugares de búsqueda.

“Hoy la primera entrevista no la da el periodista, la da Google. Si tu primer resultado es negativo, ya iniciaste perdiendo”, explica.

A diferencia de las agencias que centran su trabajo en publicar más contenido, el enfoque de Márquez parte de una premisa tecnológica: los buscadores y las redes sociales funcionan bajo reglas claras, y comprenderlas permite reposicionar información útil y restar impacto a contenidos dañinos o descontextualizados. Para ello emplea herramientas de SEO semántico, monitoreo reputacional, análisis de tendencias y acciones de desindexación cuando es posible.

Ese enfoque lo ha convertido en un aliado de equipos de comunicaciones, consultores políticos y áreas jurídicas que necesitan una capa adicional de protección en el ecosistema digital, sobre todo en coyunturas electorales o mediáticas.

Su trabajo no ha pasado desapercibido. Márquez ha recibido el Máximo Galardón Colombia, el Galardón América y condecoraciones del Congreso de la República, que han destacado su aporte a la protección del buen nombre en entornos digitales, un tema que cada vez más se cruza con la protección de datos personales y el derecho a la información.

Estos reconocimientos, más que una vitrina, funcionan como validación de que la reputación online dejó de ser un asunto cosmético para convertirse en un mecanismo de gobernanza digital: cómo se te ve, cómo se te busca y qué tan creíble eres en línea.

Uno de los puntos que más señala Márquez es la permanencia de los contenidos en internet. Noticias que ya no reflejan la realidad, notas judiciales superadas o publicaciones malintencionadas pueden seguir apareciendo años después y afectar contratos, alianzas o candidaturas.

Su metodología propone dos caminos simultáneos:

Corrección o supresión cuando hay soporte jurídico o de datos personales.

Construcción de una narrativa digital positiva en medios, plataformas y buscadores que le devuelva al usuario el control sobre su nombre.

Aunque muchas de sus intervenciones son confidenciales, Márquez ha trabajado para clientes en Colombia, México, Chile, Panamá y Estados Unidos, lo que demuestra que el país no solo exporta servicios de software, sino también consultoría especializada en manejo de identidad digital, un sector que crecerá a medida que aumenten los casos de difamación, deepfakes y campañas de desinformación.

Para él, el reto que viene es claro: que empresas, figuras públicas y hasta entidades del Estado incorporen la ciberreputación dentro de sus políticas de transformación digital, del mismo modo que ya lo hicieron con la ciberseguridad.

“Cuidar la infraestructura es importante. Pero cuidar el nombre también lo es. Porque si pierdes la confianza digital, pierdes todo lo demás”, concluye.