En medio de una de las jornadas más difíciles que ha vivido Cali tras el terremoto que sacudió al occidente de Colombia, un rescate devolvió por unos minutos la esperanza a una ciudad golpeada por la tragedia. Un niño fue encontrado con vida después de permanecer durante más de 32 horas atrapado bajo los restos de una vivienda en el sector Cuarto de Legua, al sur de la capital del Valle del Cauca.

El menor permaneció entre los escombros sin agua ni alimentos, mientras los equipos de emergencia continuaban rastreando diferentes puntos donde podían existir sobrevivientes. La operación cambió de rumbo cuando los perros especializados de la Cruz Roja detectaron señales que indicaban que podía haber una persona atrapada.

El hallazgo se convirtió en uno de los momentos más alentadores desde el terremoto. Rescatistas y habitantes de la zona trabajaron de manera coordinada para retirar cuidadosamente los restos de la estructura y abrir un espacio que permitiera llegar hasta el niño.

Los perros, claves para encontrar sobrevivientes

La participación de los equipos caninos fue determinante. La brigada de la Cruz Roja del Valle del Cauca, coordinada por Roger Casas, cuenta con cuatro binomios de búsqueda y rescate que han recorrido distintos sectores de Cali desde que ocurrió el terremoto.

Los animales han realizado más de 13 marcaciones, término utilizado para identificar las señales que entregan los perros cuando detectan indicios de una posible persona atrapada. Entre los caninos que participan en estas operaciones están Jill, una pastora holandesa de siete años, además de Isis, Max, Rufo y Apolo.

El procedimiento requiere paciencia y precisión. Una vez que un perro marca un punto, los rescatistas deben verificar la información y comenzar la remoción de los escombros evitando movimientos que puedan provocar nuevos colapsos.

Por esa razón, la Cruz Roja hizo un llamado a la ciudadanía para no ingresar a las zonas de búsqueda ni interrumpir el trabajo de los perros. El exceso de personas alrededor de los equipos puede distraer a los animales y dificultar una tarea en la que cada minuto puede marcar la diferencia.

Una carrera contra el tiempo

El rescate ocurrió durante las primeras horas de una etapa especialmente crítica para las operaciones de búsqueda. Los especialistas consideran que las primeras 48 a 72 horas después de un terremoto constituyen un periodo fundamental para encontrar personas con vida entre estructuras colapsadas.

Por eso, el hallazgo del menor después de más de 32 horas tiene una importancia que va más allá del caso particular. Demuestra que todavía pueden existir personas con vida en lugares donde aparentemente no hay señales y que abandonar prematuramente una búsqueda puede significar perder una oportunidad de rescate.

En Cali, los equipos de emergencia continúan trabajando en distintos puntos afectados por el terremoto. La operación combina perros especializados, rescatistas, herramientas de precisión y, en algunos sectores, tecnología destinada a detectar movimientos o señales de personas atrapadas.

La comunidad también se convirtió en parte del rescate

El operativo que permitió sacar al niño con vida no fue únicamente resultado del trabajo de los organismos de socorro. Habitantes de la zona también colaboraron con los rescatistas para retirar los obstáculos y facilitar el acceso.

Roger Casas destacó precisamente la participación de la comunidad durante la emergencia y calificó el rescate como uno de los momentos más significativos que ha vivido durante sus operaciones.

Sin embargo, la solidaridad debe mantenerse bajo coordinación. En una estructura inestable, retirar escombros sin conocer las condiciones del lugar puede poner en riesgo tanto a las personas atrapadas como a quienes intentan ayudarlas.

Una luz en medio de una tragedia nacional

El terremoto ha dejado un saldo devastador en Colombia, con cientos de víctimas mortales, miles de heridos y personas desaparecidas. En ese contexto, cada sobreviviente encontrado representa una razón para mantener activas las operaciones.

El caso del niño de Cali demuestra que, incluso después de más de un día bajo los escombros, la esperanza no desaparece. Su rescate también pone de relieve la importancia de contar con equipos especializados, perros entrenados y personal capacitado para actuar en escenarios de desastre.

Mientras los rescatistas continúan removiendo toneladas de material y revisando edificaciones afectadas, el mensaje de la Cruz Roja es claro: no se debe interferir con las labores de búsqueda y, mientras existan posibilidades de encontrar sobrevivientes, los equipos deben seguir trabajando de manera organizada y segura.

En una ciudad marcada por el dolor y la incertidumbre, el rescate de este niño se convirtió en una señal de esperanza. Después de 32 horas bajo los escombros, su supervivencia recuerda que, en medio de una tragedia, cada señal, cada ladrido y cada minuto de búsqueda pueden significar una vida recuperada.