El doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela el 24 de junio de 2026 dejó una profunda huella en La Guaira, una de las zonas más afectadas por el desastre. Además de las pérdidas humanas y los daños en viviendas e infraestructura pública, cientos de comercios, restaurantes, mercados y pequeños negocios sufrieron afectaciones que paralizaron buena parte de la actividad económica de la región.
La emergencia se produjo después de dos fuertes terremotos consecutivos, de magnitudes 7,2 y 7,5, registrados el 24 de junio de 2026. La Organización Panamericana de la Salud señaló en su primer informe de situación que millones de personas estuvieron expuestas a sacudidas severas y que La Guaira se encontraba entre las zonas con mayores daños, con edificios colapsados, afectaciones a la infraestructura y operaciones de búsqueda y rescate.
Dos meses después del desastre, la reconstrucción continúa siendo uno de los principales desafíos para una región cuya economía depende en gran medida del comercio, el turismo, la actividad portuaria, la pesca y los pequeños emprendimientos familiares.
Los comercios, entre los sectores más golpeados
El impacto del terremoto en La Guaira fue especialmente visible en las zonas comerciales y turísticas. Locales que durante años habían dependido del flujo constante de visitantes quedaron cerrados debido a daños estructurales, pérdida de mercancía, interrupciones de servicios y la reducción drástica de clientes.
Los primeros balances del sector empresarial mostraron una afectación considerable. La Cámara de Comerciantes, Industriales y Aduaneros del estado estimó que alrededor del 40 % de su sector había resultado afectado, mientras que Consecomercio calculó que más de 250 pequeños y medianos comercios sufrieron pérdidas totales o parciales.
Las cifras posteriores han permitido dimensionar mejor la situación, aunque los gremios advierten que los datos pueden variar debido a que las evaluaciones se realizaron en diferentes momentos y con metodologías distintas. Un balance de Consecomercio identificó cerca de 600 unidades de negocio afectadas directamente, de las cuales aproximadamente el 60 % sufrió algún tipo de daño y al menos 16 registraron destrucción total.
Sin embargo, el impacto económico va más allá de los establecimientos que quedaron destruidos. Muchos negocios que permanecieron en pie tuvieron que cerrar temporalmente por daños internos, falta de electricidad, problemas de acceso o ausencia de clientes.
Una economía que intenta volver a funcionar
La recuperación comercial de La Guaira ha sido lenta. El más reciente balance recogido por El País señala que, de los cerca de 7.000 negocios que existían antes de los terremotos, solo 1.752 habían logrado reabrir para finales de julio, según un primer censo informado por las autoridades regionales.
Esto significa que una gran parte de la actividad comercial todavía se encontraba paralizada o funcionando de manera limitada semanas después del desastre.
Algunos comerciantes han optado por reanudar sus actividades en condiciones improvisadas. En zonas afectadas, negocios que perdieron sus instalaciones han comenzado a operar desde carpas, espacios temporales o estructuras parcialmente recuperadas.
La situación refleja un problema adicional: para muchos pequeños empresarios, cerrar durante varias semanas significa quedarse sin ingresos suficientes para pagar alquileres, salarios, proveedores o reparar los daños ocasionados por el terremoto.
El turismo, una de las actividades más afectadas
La crisis también golpeó duramente al turismo, uno de los motores económicos más importantes de La Guaira. Antes del terremoto, las playas, restaurantes, hoteles y comercios costeros recibían visitantes procedentes principalmente de Caracas y otras zonas del país.
Después del desastre, varias áreas permanecieron restringidas debido a los daños y a las labores de emergencia. Como consecuencia, los negocios que dependían directamente de los turistas vieron caer drásticamente sus ventas.
Más de 15.000 personas estaban vinculadas a actividades relacionadas con el turismo en La Guaira antes de los terremotos, según los reportes recogidos durante la recuperación. La ausencia de visitantes no solo afectó a hoteles y restaurantes, sino también a vendedores informales, pescadores, transportistas y pequeños comercios ubicados cerca de las playas.
La reapertura del turismo se ha convertido, por ello, en uno de los principales temas de debate para la recuperación económica. Mientras las autoridades han priorizado la seguridad y la reconstrucción de las zonas afectadas, los comerciantes reclaman condiciones que permitan recuperar progresivamente la actividad.
Mercados y pequeños negocios también sufrieron pérdidas
Los efectos del terremoto alcanzaron sectores fundamentales para la economía cotidiana de la población. Mercados comunitarios y establecimientos de alimentos sufrieron daños en su infraestructura, mientras que numerosos comerciantes perdieron equipos y mercancía.
En el Mercado Comunitario de La Guaira, por ejemplo, la recuperación ha tenido que desarrollarse en condiciones precarias. Algunos comerciantes han recurrido a espacios temporales mientras buscan recursos para reconstruir sus puestos y reemplazar equipos dañados.
El problema para estos negocios no termina con la reparación de las instalaciones. La disminución del poder adquisitivo y la reducción del número de clientes también dificultan la recuperación. Un comercio puede volver a abrir sus puertas, pero eso no garantiza que vuelva inmediatamente a los niveles de ventas anteriores.
En mercados como El Mosquero, en Maiquetía, algunos comerciantes han retomado sus actividades, aunque con menos trabajadores y una reducción significativa de compradores. La situación demuestra que la recuperación física de un establecimiento no siempre significa una recuperación económica inmediata.
Daños en infraestructura y dificultades para mantener el empleo
La destrucción y el deterioro de edificios comerciales también han puesto en riesgo miles de puestos de trabajo. Las afectaciones se concentraron especialmente en zonas como Caraballeda, Macuto, Catia La Mar y Urimare, donde los daños en establecimientos, vías y servicios básicos complicaron el funcionamiento de la economía local.
El problema es especialmente grave para las pequeñas empresas, que suelen tener menos capacidad financiera para soportar largos períodos sin ingresos.
Algunos negocios perdieron sus instalaciones; otros conservaron la estructura, pero sufrieron daños en equipos, mobiliario y mercancía. También hubo empresarios que, además de enfrentar la pérdida de su negocio, perdieron sus viviendas o a personas cercanas.
En el caso del Café Alejandrina, ubicado en una de las zonas afectadas de Caraballeda, el establecimiento resistió estructuralmente, aunque sufrió daños en su interior y quedó rodeado por edificios colapsados. Su propietario estimó que solo una parte de los trabajadores podría regresar inicialmente, debido a que varios de ellos también resultaron afectados por el desastre.
Una recuperación desigual y llena de incertidumbre
Uno de los principales problemas para medir el impacto económico es que las cifras han cambiado a medida que avanzan las evaluaciones. Las estimaciones iniciales de los gremios empresariales hablaban de cientos de negocios afectados, mientras que los balances posteriores mostraron un panorama mucho más amplio sobre la paralización de la actividad económica.
Esto se debe a que no todos los establecimientos sufrieron el mismo tipo de daño. Algunos quedaron completamente destruidos, otros tuvieron afectaciones parciales y muchos más pudieron conservar sus instalaciones, pero no lograron operar con normalidad debido a la pérdida de clientes o a las dificultades en los servicios y el acceso.
Por esta razón, la recuperación de La Guaira no depende únicamente de reconstruir edificios. También requiere restablecer el flujo de visitantes, recuperar el empleo, garantizar el funcionamiento de los servicios públicos y ofrecer condiciones para que los pequeños negocios puedan volver a operar.
Consecomercio había señalado previamente que poco más del 30 % de la actividad afectada había comenzado a restablecerse, una cifra que refleja tanto el esfuerzo de los comerciantes como las dificultades que todavía enfrentaba la región.
La Guaira intenta reconstruirse entre los escombros
Dos meses después del doble terremoto, La Guaira enfrenta una recuperación que será necesariamente gradual. Los negocios que lograron reabrir representan una primera señal de reactivación, pero la actividad económica todavía se encuentra muy por debajo de sus niveles previos al desastre.
La destrucción de infraestructura comercial, la caída del turismo y la pérdida de clientes han transformado la dinámica de una región que tradicionalmente dependía de la actividad costera y del movimiento de visitantes.
El desafío ahora es reconstruir no solo los edificios y locales afectados, sino también el tejido económico que sostenía a miles de familias. Para muchos comerciantes, volver a levantar una persiana o instalar un pequeño puesto temporal se ha convertido en el primer paso de un proceso mucho más largo.
La experiencia de La Guaira demuestra que las consecuencias de un terremoto continúan mucho después de que terminan las labores de rescate. La emergencia puede pasar de los escombros a la economía: negocios sin ingresos, trabajadores sin empleo y comunidades que deben reconstruir, al mismo tiempo, sus viviendas y sus medios de subsistencia.
Mientras continúan las reparaciones y se evalúan los daños restantes, la reactivación económica de la costa venezolana dependerá de la velocidad de la reconstrucción, del regreso progresivo del turismo y de la capacidad de los pequeños y medianos negocios para sobrevivir a uno de los golpes más duros que ha enfrentado La Guaira en los últimos años.