Socio Risk Consulting- KPMG - Colombia- negocios- inflación-En Colombia, la disciplina financiera será clave en el segundo semestre

Las decisiones financieras de hogares, empresas e inversionistas estarán marcadas en el segundo semestre por un entorno exigente.

Con la tasa de interés de política monetaria ubicada en el 12 % —tras el incremento de 75 puntos básicos adoptado por el Banco de la República a finales de junio— y las presiones sobre el déficit fiscal, la deuda pública y las necesidades de financiamiento del Gobierno, el costo del dinero, la confianza y la liquidez cobran mayor relevancia.

Aunque la política monetaria y la fiscal responden a lógicas distintas, sus efectos terminan conectándose en la economía real.

Cuando las tasas se mantienen elevadas, el crédito se encarece para consumidores y empresas; cuando las finanzas públicas enfrentan mayores presiones, los mercados exigen más señales de disciplina, sostenibilidad y capacidad de pago.

El resultado es una cadena que puede influir en el consumo, la inversión, los costos financieros y la percepción de riesgo del país.

«Conviene recordar que la inflación anual se ubicó en 5,8 % en mayo (con una inflación básica del 6,0 %), aún por encima de la meta del 3 %, lo que explica el endurecimiento monetario».

Fortalecer la disciplina financiera:

Para KPMG en Colombia, este contexto debe leerse como un llamado a fortalecer la disciplina financiera, no como una señal para frenar todas las decisiones de gasto, crédito o inversión.

«La clave estará en entender cómo se transmite este efecto dominó desde las variables macroeconómicas hacia la vida diaria de los hogares y la operación de las empresas»

Agregó Fabián Echeverría que «se deberá desarrollar resiliencia financiera, entendida como la capacidad de absorber cambios en las condiciones económicas sin comprometer estabilidad operativa o patrimonial»

«Es común pensar que las finanzas del Estado, las decisiones del Banco de la República y los presupuestos de hogares y empresas corren por carriles separados. En la práctica, están conectados por tres variables: confianza, riesgo y costo del dinero»

El experto explicó que «Cuando el crédito es más caro y el entorno fiscal exige mayor disciplina, las decisiones financieras deben tomarse con más información, más planeación y mayor control sobre la liquidez».

Tres frentes de impacto

Según Socio Risk Consulting KPMG en Colombia., «Los tres frentes del impacto económico El primer impacto se siente en el endeudamiento.

«Para los hogares, una tasa alta puede traducirse en mayor costo de créditos de consumo, tarjetas, libre inversión o vivienda»

Esto obliga a revisar con más cuidado la capacidad de pago, evitar obligaciones innecesarias y priorizar deudas que puedan representar una carga creciente sobre el ingreso disponible.

En las empresas, el efecto se refleja en líneas de capital de trabajo, créditos comerciales, obligaciones a tasa variable y refinanciaciones.

«Una mayor porción de los ingresos puede destinarse al pago de intereses, reduciendo el margen para operar, invertir, contratar o expandirse»

Cuando las tasas permanecen elevadas durante períodos prolongados, hogares y empresas pueden enfrentar mayores dificultades para atender sus obligaciones financieras.

Por lo que en sectores con márgenes estrechos, esta presión es especialmente sensible, pues «no siempre es posible trasladar el mayor costo financiero al precio final sin afectar la demanda».

Esto puede traducirse en incrementos de mora, deterioro de indicadores de cartera y criterios más estrictos para acceder a nuevo financiamiento.

El segundo impacto está en el consumo. Cuando los hogares enfrentan crédito más costoso e inflación persistente, tienden a ser más selectivos con sus compras, aplazar decisiones de mayor valor y priorizar gastos esenciales.

Para las empresas, esto implica consumidores más cautelosos, mayor sensibilidad al precio y necesidad de ajustar proyecciones comerciales, inventarios y estrategias de venta.

El tercer impacto aparece en la inversión. Con un costo de capital más alto, los proyectos deben demostrar retornos más sólidos para ser viables.

Esto aplica tanto para compañías que evalúan expansión, tecnología o adquisición de activos, como para personas que consideran comprar vivienda o asumir compromisos de largo plazo.

La pregunta ya no es solo si una inversión es atractiva, sino si sigue siendo sostenible bajo escenarios de tasas altas, menor crecimiento o mayor incertidumbre.

4 pilares para la planeación financiera:

Una recomendación tanto para organizaciones e individuos es adoptar una postura táctica durante el segundo semestre.

  • Revisión exhaustiva del endeudamiento: identificar pasivos a tasa variable, anticipar vencimientos cercanos, explorar alternativas de refinanciación y reestructurar deudas que puedan asfixiar la liquidez a corto plazo.
  • Protección de la caja y el ingreso disponible: para los hogares, presupuestos austeros y realistas; para las empresas, acelerar el recaudo de cartera, operar con inventarios optimizados (Just-in-Time), recortar gastos no críticos y blindar el capital de trabajo.
  • Evaluación estricta de inversiones: no se trata de detener el crecimiento, sino de someter cada iniciativa a pruebas de estrés, evaluando retorno, plazo, riesgo y estructura de financiamiento bajo escenarios conservadores.
  • Monitoreo de señales fiscales y monetarias: la evolución de la inflación, las minutas del Banco de la República, el comportamiento del déficit fiscal —que se proyecta cercano al 6 % del PIB, con una deuda pública por encima del 60 % del PIB y una regla fiscal bajo cláusula de escape— y la confianza de los mercados serán los termómetros que dictarán las variaciones en el dólar, los precios y las condiciones de crédito.
    “Disciplina financiera no significa dejar de consumir, invertir o crecer. Significa hacerlo con mayor criterio. En un entorno de tasas elevadas y presión fiscal, la diferencia estará en la capacidad de anticipar escenarios, proteger liquidez y asignar los recursos de forma másestratégica”, concluye Echeverría.