La posibilidad de que el fenómeno de El Niño alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026 aumentó considerablemente. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima ahora en 95 % la probabilidad de que el evento alcance esa categoría entre octubre y diciembre de 2026, mientras que existe además un 69 % de probabilidad de que se convierta en uno de los episodios más intensos registrados desde 1950.

El calentamiento del Pacífico ecuatorial es uno de los principales factores detrás de esta evolución. En la región Niño 3.4 se han registrado temperaturas oceánicas muy superiores al promedio, acercándose al umbral utilizado para clasificar un episodio como muy fuerte.

Para Colombia, la evolución del fenómeno genera especial preocupación por sus posibles efectos sobre la disponibilidad de agua, la generación hidroeléctrica, la agricultura y los ecosistemas. Un Niño intenso puede modificar los patrones habituales de precipitación y temperatura, aunque sus efectos no son iguales en todas las regiones del país.

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ya había advertido durante este año que las condiciones asociadas con El Niño estaban presentes y que existía una elevada probabilidad de fortalecimiento durante el segundo semestre, con posibilidad de persistencia hasta comienzos de 2027.

Uno de los escenarios que más preocupa a los especialistas es el impacto sobre los embalses y, por extensión, sobre la generación de electricidad. Una disminución prolongada de las lluvias podría reducir los aportes hídricos y aumentar la presión sobre el sistema energético.

El sector agropecuario también podría enfrentar dificultades por cambios en las lluvias, temperaturas más elevadas y mayor riesgo de incendios forestales. En otras partes de Sudamérica, las proyecciones apuntan a patrones diferentes, con algunas regiones expuestas a sequías y otras a precipitaciones intensas e inundaciones.

Aunque la cifra del 95 % representa una señal de alerta importante, no significa que todos los efectos asociados tradicionalmente con El Niño ocurrirán de manera automática ni con la misma intensidad en todas las zonas. La evolución dependerá de la interacción entre el océano y la atmósfera y de las condiciones climáticas regionales.

Las previsiones actuales sitúan el posible pico de intensidad entre octubre y diciembre de 2026, con la posibilidad de que las condiciones cálidas continúen durante los primeros meses de 2027. Por ello, autoridades y sectores vulnerables mantienen el monitoreo para anticipar posibles impactos sobre el agua, la energía, los alimentos y la gestión del riesgo.