Portugal está dando un paso importante para transformar su industria textil mediante el desarrollo de nuevas fibras procedentes de recursos renovables, biomasa forestal, residuos agroindustriales y materiales reciclados. El proceso está siendo impulsado principalmente por el proyecto be@t – Bioeconomia na Indústria Têxtil, coordinado por el Centro Tecnológico das Indústrias Têxtil e do Vestuário de Portugal (CITEVE).

La iniciativa busca que el país no se limite a fabricar prendas a partir de materias primas importadas, sino que pueda desarrollar dentro de su propio territorio buena parte de la cadena necesaria para producir nuevos materiales textiles. El objetivo combina innovación, reducción del uso de materias primas fósiles, aprovechamiento de residuos, circularidad y mayor trazabilidad de los productos.

Sin embargo, hay una precisión importante respecto a la información que suele circular sobre este proyecto: no existe evidencia suficiente para afirmar que una única planta inaugurada en Portugal transforme específicamente residuos de corcho y pulpa de madera en fibras textiles compostables. Lo que sí está documentado es un programa mucho más amplio, compuesto por distintas líneas piloto y proyectos, en el que participan materiales forestales, celulosa, corcho, residuos agroindustriales y fibras naturales, entre otros.

Un proyecto que busca cambiar la cadena de suministro textil

El proyecto be@t comenzó formalmente en julio de 2022 y fue diseñado para acelerar la transición de la industria textil portuguesa hacia un modelo basado en la bioeconomía y la economía circular.

La iniciativa está coordinada por CITEVE y reúne a empresas textiles, compañías de otros sectores, universidades y centros de investigación. El proyecto está estructurado en cuatro grandes áreas: biomateriales, circularidad, sostenibilidad y sociedad.

Una de sus características más relevantes es que no se concentra únicamente en fabricar una nueva fibra. La propuesta pretende intervenir en diferentes etapas de la cadena de valor: desde la obtención de las materias primas hasta su transformación, fabricación de textiles, reciclaje, trazabilidad y comunicación al consumidor.

Según CITEVE, el proyecto contempla decenas de iniciativas de investigación y desarrollo y diferentes infraestructuras piloto destinadas a acercar los resultados científicos a la industria. Entre ellas se encuentran líneas para fibras naturales, fibras celulósicas regeneradas, biocompuestos y valorización de residuos mediante procesos físicos, químicos y biotecnológicos.

De la celulosa a las fibras textiles

Uno de los ejes principales es el aprovechamiento de la celulosa de origen forestal.

La celulosa es un componente estructural de la madera y constituye una de las principales materias primas para fabricar fibras textiles artificiales de origen celulósico. Entre ellas se encuentran materiales como la viscosa y el lyocell.

Portugal cuenta con una importante industria forestal y papelera, por lo que uno de los objetivos estratégicos es aprovechar esa capacidad para avanzar hacia la fabricación nacional de materias primas textiles.

En enero de 2026, Portugal Têxtil informó que el grupo portugués Altri estaba desarrollando una nueva generación de fibras textiles sostenibles con la intención de conectar en Portugal la producción forestal con la transformación textil. La empresa ya produce pastas celulósicas especiales y trabaja desde hace años con CITEVE y CeNTI en el desarrollo de fibras textiles.

La importancia de este proceso radica en que buena parte de las fibras de viscosa y lyocell utilizadas por la industria portuguesa han tenido que ser producidas fuera del país. Crear capacidades nacionales permitiría reducir esa dependencia y acortar determinadas cadenas de suministro.

Una línea piloto para experimentar con fibras celulósicas

El avance no se limita a la producción de pulpa.

CITEVE instaló en Vila Nova de Famalicão una línea piloto de materiales no tejidos destinada a investigar estructuras elaboradas con fibras naturales y fibras celulósicas regeneradas.

La infraestructura permite trabajar directamente con fibras, sin necesidad de convertirlas previamente en hilo. La línea combina diferentes tecnologías para formar y consolidar las estructuras textiles, incluyendo cardado, airlay, punzonado y termoligado.

Esto permite a los investigadores probar diferentes materias primas y combinaciones antes de trasladar los resultados a instalaciones industriales de mayor capacidad. Entre los materiales que se están estudiando figuran el lyocell, el cáñamo y fibras recicladas.

La lógica detrás de estas instalaciones es especialmente importante: una planta piloto funciona como un puente entre el laboratorio y la producción industrial.

En lugar de que una empresa tenga que detener una línea industrial costosa para probar un material experimental, los investigadores pueden realizar ensayos a una escala suficientemente grande como para obtener información industrial, pero todavía controlable para investigación y desarrollo.

¿Y qué papel juega el corcho?

El corcho también forma parte de esta transición, aunque conviene diferenciar los distintos desarrollos para evitar presentar como una única tecnología iniciativas que en realidad son complementarias.

Portugal posee una industria corchera especialmente desarrollada y durante los últimos años empresas portuguesas han investigado cómo incorporar residuos de corcho a materiales textiles.

Uno de los ejemplos más conocidos es CORK-A-TEX, un proyecto desarrollado con la participación de Sedacor, Têxteis Penedo, CITEVE y la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Oporto.

El proyecto busca aprovechar residuos de corcho, incluidos aquellos procedentes de tapones y otros productos, para incorporarlos a estructuras y materiales textiles. El resultado puede combinar las propiedades de una base textil con características propias del corcho, como resistencia a la fricción, resiliencia y determinadas propiedades de confort.

El proyecto no es completamente nuevo: sus primeras etapas se remontan a años anteriores al actual programa be@t. De hecho, CORK-A-TEX ha recibido reconocimientos internacionales y posteriormente se desarrollaron hilos con una elevada incorporación de corcho reciclado.

Dentro de be@t, además, el corcho aparece como uno de los recursos que pueden participar en procesos de valorización y simbiosis industrial.

Es decir, un residuo generado por una industria puede convertirse en materia prima para otra, reduciendo la cantidad de materiales que terminan descartados y creando nuevas cadenas de valor.

Más allá del corcho: aprovechar residuos de diferentes industrias

La apuesta portuguesa no se limita a los residuos forestales.

Uno de los principios de be@t es precisamente la simbiosis industrial: buscar materiales que actualmente son considerados residuos o subproductos y estudiar si pueden utilizarse en la producción textil.

El proyecto contempla residuos de sectores agroindustriales y forestales, además de materiales provenientes de otras actividades productivas.

Entre los ejemplos investigados aparecen fibras obtenidas de hojas de plátano y piña, cáñamo, lino y otros recursos vegetales. También se han estudiado residuos textiles y diferentes subproductos que pueden ser utilizados como fuentes de materiales o compuestos funcionales.

Esta estrategia tiene una ventaja fundamental: no se trata simplemente de sustituir un material por otro, sino de rediseñar el flujo de materias primas.

Un residuo que antes podía terminar incinerado, almacenado o enviado a un sistema de tratamiento puede convertirse en materia prima para otro proceso productivo.

Del residuo a una nueva fibra

La transformación de estos materiales no consiste necesariamente en tomar directamente un residuo y convertirlo mecánicamente en un hilo.

En el caso de las fibras celulósicas regeneradas, por ejemplo, la materia prima debe pasar por diferentes procesos para obtener una forma de celulosa adecuada para producir fibras.

Posteriormente, esa celulosa puede convertirse en filamentos o fibras que tengan las características necesarias para ser procesadas en la industria textil.

El objetivo es conseguir materiales que puedan ofrecer propiedades similares a las fibras convencionales, pero con un origen renovable o reciclado y con mejores posibilidades de integración en sistemas circulares.

CITEVE señala que una de las líneas de trabajo del proyecto ha permitido crear capacidad instalada para producir fibras de cáñamo, lino y lyocell en Portugal, algo que puede reducir la dependencia de materias primas procedentes del exterior.

La compostabilidad no es automática

Uno de los aspectos que requiere mayor precisión cuando se habla de textiles sostenibles es el término «compostable».

Que una fibra tenga origen natural o proceda de biomasa no significa automáticamente que el producto textil completo sea compostable.

Para que una prenda pueda considerarse compostable deben tenerse en cuenta todos sus componentes: fibra, tintes, acabados, recubrimientos, costuras, etiquetas, mezclas con otros materiales y demás elementos.

Por esta razón, el proyecto be@t también trabaja en métodos destinados a medir objetivamente propiedades como la biodegradabilidad y la liberación de microplásticos.

La propia coordinadora del proyecto, Carla Silva, ha señalado que uno de los objetivos es desarrollar herramientas capaces de determinar de manera objetiva las credenciales ambientales de los textiles y evitar afirmaciones de sostenibilidad que no puedan ser demostradas.

Esto resulta especialmente relevante porque un material puede ser renovable y, al mismo tiempo, presentar dificultades para su reciclaje o degradación dependiendo de cómo haya sido procesado.

El desafío: conseguir materiales sostenibles que también funcionen

La sustitución de fibras sintéticas presenta un problema técnico considerable.

El poliéster, por ejemplo, domina numerosas aplicaciones textiles debido a su bajo coste, resistencia, estabilidad y facilidad de procesamiento.

Por ello, desarrollar una fibra de origen biológico no es suficiente. Debe alcanzar propiedades técnicas que permitan utilizarla en productos reales y, además, hacerlo a un precio que el mercado pueda asumir.

La línea piloto de CITEVE para no tejidos muestra precisamente esta dificultad. Los investigadores señalan que uno de los principales retos consiste en encontrar un equilibrio entre durabilidad y biodegradabilidad.

Un material destinado a degradarse rápidamente puede ser adecuado para determinadas aplicaciones, pero no necesariamente para productos que necesitan durar años.

Por eso, la sostenibilidad no puede medirse únicamente preguntando cuánto tarda una fibra en degradarse. También es necesario analizar cuánto dura durante su uso, qué recursos requiere para fabricarse, qué ocurre cuando termina su vida útil y si puede reciclarse.

Una nueva infraestructura para la industria portuguesa

El proyecto be@t también tiene un componente industrial estratégico.

Según CITEVE, el programa contempla la instalación de diez líneas piloto industriales, entre ellas una unidad de clasificación de textiles posconsumo, líneas de biocompuestos, fibras naturales, fibras celulósicas regeneradas y sistemas de valorización de residuos.

Una de las instalaciones ya inauguradas es la unidad piloto de clasificación textil de LIPOR, diseñada para procesar alrededor de 50 toneladas de textiles al año. Allí los residuos se separan mediante una combinación de trabajo manual y sistemas ópticos capaces de identificar composición y color.

Estas instalaciones forman parte de una misma visión: conseguir que Portugal pueda investigar, clasificar, transformar y reutilizar materiales textiles dentro de una cadena de valor más integrada.

El proyecto llega a una nueva etapa

El proyecto be@t concluyó oficialmente su recorrido de cuatro años en 2026 con un evento celebrado en el Terminal de Cruceros del Puerto de Leixões, en Matosinhos, que reunió a más de 400 participantes.

El cierre sirvió para presentar resultados y analizar los siguientes pasos de la bioeconomía aplicada al sector textil portugués.

Pero el final administrativo del proyecto no significa el final de las tecnologías desarrolladas.

CITEVE ha explicado que varias líneas de investigación continuarán después de be@t. En el caso de los materiales no tejidos, por ejemplo, ya existen proyectos posteriores destinados a seguir desarrollando aplicaciones para sectores como el embalaje, el automóvil y la construcción.

De la investigación a la producción industrial

Uno de los mayores retos será precisamente pasar de las pruebas piloto a una producción comercial competitiva.

El caso de Altri ilustra esta transición. La compañía trabaja en una línea piloto para producir fibras textiles mediante una tecnología basada en líquidos iónicos, con una capacidad prevista de aproximadamente 40 toneladas anuales en esta etapa experimental.

Si las pruebas tienen éxito, la empresa contempla posteriormente una instalación industrial de mayor capacidad.

Este proceso demuestra que la innovación textil requiere varias etapas: primero hay que demostrar que una materia prima funciona; después comprobar que puede transformarse en fibra; posteriormente fabricar hilo o tejido; evaluar sus propiedades; comprobar su comportamiento durante el uso y el lavado; estudiar su reciclabilidad o biodegradabilidad y, finalmente, determinar si puede producirse a un precio competitivo.

Una apuesta también económica

La sostenibilidad no es el único motivo detrás de estos proyectos.

Portugal cuenta con una industria textil y de confección históricamente importante, especialmente concentrada en el norte del país. Desarrollar nuevas materias primas dentro del territorio puede ofrecer ventajas económicas y estratégicas.

Una cadena de suministro más localizada puede reducir la dependencia de proveedores extranjeros, mejorar la trazabilidad y facilitar la colaboración entre empresas textiles, productores forestales, centros tecnológicos y universidades.

Al mismo tiempo, puede generar nuevas oportunidades para industrias que anteriormente se dedicaban exclusivamente a producir materias primas para otros sectores.

El caso de la celulosa es especialmente significativo: una empresa que tradicionalmente producía pasta puede avanzar hacia productos de mayor valor añadido destinados directamente al mercado de fibras textiles.

Portugal quiere pasar de consumidor de fibras a desarrollador de materiales

El cambio que está experimentando Portugal puede resumirse en una transformación de su papel dentro de la cadena textil.

Tradicionalmente, el país ha contado con una fuerte capacidad para fabricar tejidos y prendas, pero muchas de las fibras utilizadas en esos procesos proceden del exterior.

El desarrollo de tecnologías para producir fibras celulósicas, naturales y recicladas localmente busca cubrir precisamente ese vacío.

La estrategia pretende conectar recursos disponibles en Portugal —como biomasa forestal, residuos agroindustriales, lino, cáñamo y corcho— con empresas capaces de convertirlos en productos textiles de mayor valor.

En ese sentido, la iniciativa no busca solamente crear una «fibra ecológica», sino construir un ecosistema industrial alrededor de los materiales sostenibles.

El verdadero desafío será demostrar que el modelo funciona

Los avances portugueses muestran que existe capacidad científica y tecnológica para experimentar con nuevas fibras y residuos. Sin embargo, todavía queda una distancia considerable entre una solución técnicamente viable y una alternativa capaz de competir masivamente con el poliéster, el algodón u otras fibras consolidadas.

Los propios responsables del sector reconocen obstáculos relacionados con los costes, la disponibilidad de tecnología, la falta de profesionales especializados, los procesos administrativos y la financiación necesaria para escalar las innovaciones.

Por eso, el éxito de estas iniciativas dependerá no solo de la investigación, sino también de que las marcas incorporen los nuevos materiales, de que los consumidores estén dispuestos a pagar por productos con mejores credenciales ambientales y de que las empresas puedan producirlos a una escala suficiente.

Una transición que apunta hacia una industria más circular

El caso portugués refleja una tendencia que está ganando fuerza en la industria textil europea: utilizar la bioeconomía para reducir la dependencia de materias primas fósiles y aprovechar recursos que anteriormente se consideraban residuos.

El corcho, la madera, la celulosa, el lino, el cáñamo, los residuos agrícolas y los textiles usados pueden desempeñar diferentes papeles dentro de este modelo. No todos se convierten en la misma fibra ni todos tienen necesariamente las mismas propiedades ambientales, pero forman parte de una estrategia común basada en reducir desperdicios, aprovechar recursos renovables y mantener los materiales en circulación durante el mayor tiempo posible.

Portugal ha construido alrededor de esta idea una red que conecta centros tecnológicos, universidades, empresas forestales, fabricantes textiles y gestores de residuos.

El siguiente paso será demostrar que esas soluciones pueden abandonar definitivamente el laboratorio y las plantas piloto para convertirse en productos comerciales fabricados a gran escala.

Si esa transición se consolida, el país no solo podría reducir parte de su dependencia de fibras importadas, sino también posicionarse como uno de los laboratorios europeos para el desarrollo de una industria textil basada en la bioeconomía, la circularidad y la innovación material.

Una precisión clave sobre la noticia

La información disponible permite sostener que Portugal ha desarrollado e instalado distintas líneas piloto para investigar fibras naturales, celulósicas regeneradas y la valorización de residuos, dentro de un programa nacional de bioeconomía textil. También está documentado el uso y desarrollo de materiales con corcho y el trabajo con celulosa forestal.

Lo que no está suficientemente respaldado por las fuentes consultadas es que exista una sola planta inaugurada en Portugal cuya función específica sea transformar conjuntamente residuos de corcho y pulpa de madera en fibras textiles compostables. Presentarlo de esa manera mezclaría varios proyectos y tecnologías diferentes.

Por eso, para una publicación periodística que priorice la información verificable, el titular utilizado arriba resulta más preciso y evita atribuir a una única planta un proceso que las fuentes describen como parte de un ecosistema de líneas piloto y proyectos complementarios.