¿Qué armas fueron utilizadas?
El ejercicio resulta especialmente relevante por la combinación de diferentes sistemas de ataque.
El Varyag, crucero lanzamisiles de la Flota del Pacífico rusa, pertenece a la clase Slava y funciona como uno de los principales buques de superficie de la flota rusa en la región.
El submarino nuclear Omsk también participó en las maniobras, mientras que los sistemas terrestres Bastion aportaron capacidad de ataque desde las propias islas.
El sistema Bastion emplea misiles antibuque Oniks y ya había sido desplegado por Rusia en las Kuriles, lo que forma parte de una estrategia de Moscú para fortalecer sus posiciones militares en este territorio.
Las maniobras forman parte de ejercicios militares de mayor escala
Los lanzamientos no constituyeron un episodio completamente aislado. Forman parte de unas maniobras de mayor dimensión de la Flota del Pacífico rusa que comenzaron el 4 de agosto y abarcaron sectores del mar de Japón, el mar de Ojotsk y el noroeste del océano Pacífico.
En estos ejercicios participan alrededor de 13.000 militares, 60 buques y submarinos y aproximadamente 30 aeronaves y sistemas no tripulados, según información difundida por la propia Armada rusa y recogida por fuentes especializadas.
Durante las maniobras se han realizado diferentes ejercicios destinados a practicar la defensa de las aguas rusas, la detección de objetivos y la respuesta frente a fuerzas navales consideradas enemigas.
La magnitud de las operaciones es uno de los elementos que preocupa a Japón, especialmente porque una parte de las actividades se desarrolla en las proximidades de un territorio que Tokio continúa reclamando.
¿Por qué las islas Kuriles son un territorio tan polémico?
Para comprender la reacción japonesa es necesario remontarse a la Segunda Guerra Mundial.
Las islas Kuriles forman una cadena volcánica que se extiende entre la península rusa de Kamchatka y la isla japonesa de Hokkaido. Su ubicación tiene una enorme importancia estratégica porque conecta el océano Pacífico con el mar de Ojotsk.
La disputa actual se concentra principalmente en cuatro territorios situados en el extremo sur de la cadena: Iturup, Kunashir, Shikotan y los islotes de Habomai.
Rusia los denomina parte de las Kuriles Meridionales, mientras que Japón los conoce como los Territorios del Norte.
La Unión Soviética ocupó estas islas en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, cuando las fuerzas soviéticas avanzaron sobre territorios controlados por Japón.
Desde entonces, Moscú ha mantenido el control efectivo de las islas, mientras que Tokio ha continuado reclamando su soberanía. Esta disputa es una de las razones por las que Rusia y Japón nunca han conseguido cerrar definitivamente un tratado de paz que ponga fin formalmente a las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial.
Putin visitó una de las islas disputadas días antes
El contexto inmediato de los ejercicios militares es todavía más significativo.
El 13 de agosto de 2026, el presidente ruso Vladímir Putin visitó Iturup, una de las cuatro islas que Japón reclama y que Rusia administra.
La visita fue particularmente simbólica porque se trató de la primera vez que Putin acudió personalmente a este territorio disputado durante su prolongado periodo en el poder.
Tokio reaccionó con contundencia y calificó el viaje como incompatible con la posición japonesa respecto de los Territorios del Norte.
El Gobierno japonés considera que las actividades de Putin en la isla representan una reafirmación de la soberanía rusa sobre un territorio cuya titularidad Japón sigue cuestionando.
Pocos días después, Moscú convocó al embajador japonés para protestar por las declaraciones realizadas por funcionarios de Tokio. El Ministerio de Exteriores ruso defendió que su soberanía sobre las islas no está en discusión y rechazó los cuestionamientos japoneses.
Japón califica de inaceptable el fortalecimiento militar ruso
La respuesta japonesa a los ejercicios militares tampoco tardó en producirse.
El ministro japonés de Exteriores, Toshimitsu Motegi, criticó el fortalecimiento militar ruso en las cuatro islas que Japón reclama y señaló que esta actividad contradice la posición de Tokio.
Japón ha expresado reiteradamente su rechazo a la ampliación de la infraestructura militar rusa en las Kuriles Meridionales.
Para Tokio, la cuestión no es únicamente histórica. La presencia de sistemas de misiles y fuerzas militares rusas en las islas tiene implicaciones directas para la seguridad de Hokkaido y para el equilibrio estratégico del extremo norte del Pacífico.
Las Kuriles tienen un enorme valor estratégico para Rusia
Más allá de la disputa histórica, las islas poseen una importancia militar considerable.
Su ubicación permite a Rusia controlar y proteger los accesos entre el Pacífico y el mar de Ojotsk. También proporcionan posiciones desde las que Moscú puede vigilar movimientos navales en una zona que conecta directamente con el Extremo Oriente ruso.
La militarización de las islas no es nueva.
Rusia ha desplegado en diferentes momentos sistemas de defensa costera y otras capacidades militares en el archipiélago. En particular, los sistemas Bastion han adquirido importancia dentro de la estrategia rusa de defensa de sus posiciones en la región.
La ubicación de estos sistemas permite crear una zona de amenaza para buques que se aproximen a determinadas áreas marítimas, convirtiendo las islas en piezas importantes dentro de la arquitectura defensiva rusa en el Pacífico.
La disputa también tiene una dimensión económica
Las Kuriles no solamente tienen importancia militar.
Las aguas que rodean las islas son ricas en recursos pesqueros y la zona posee potencial en materia de recursos naturales. Además, su posición geográfica tiene importancia para las rutas marítimas y para el control de los accesos al Pacífico.
Por esa razón, la disputa ha tenido históricamente componentes territoriales, económicos, estratégicos y políticos.
Moscú ha intentado impulsar el desarrollo económico de las islas mediante incentivos para atraer inversiones, mientras que Tokio continúa considerando que su soberanía sobre los Territorios del Norte no ha sido resuelta.
La guerra en Ucrania complicó todavía más la relación entre Moscú y Tokio
Aunque la disputa territorial comenzó mucho antes de la guerra de Ucrania, el conflicto iniciado en 2022 modificó profundamente la relación entre Rusia y Japón.
Japón se sumó a las sanciones internacionales contra Moscú y respaldó a Ucrania, alineándose con Estados Unidos y otros países del Grupo de los Siete.
Desde la perspectiva rusa, Tokio pasó a formar parte del bloque de países que ejercen presión política y económica sobre Moscú.
La relación bilateral, que ya era complicada por las Kuriles, se deterioró todavía más.
En ese contexto, las actividades militares rusas en el extremo oriental del país pueden interpretarse como una demostración de capacidad frente a Japón, pero también como parte de una estrategia más amplia para reforzar la presencia rusa en el Pacífico.
¿Es una amenaza directa contra Japón?
Aunque los ejercicios aumentan la tensión, no existe evidencia de que Rusia haya anunciado una operación militar contra Japón.
Los lanzamientos fueron descritos por Moscú como ejercicios de entrenamiento contra objetivos simulados.
Por ello, es importante diferenciar entre una demostración militar y una preparación confirmada para un ataque.
La preocupación japonesa se relaciona principalmente con la combinación de varios factores: el incremento de la actividad militar rusa, la presencia de misiles en las islas disputadas, la reciente visita de Putin y el deterioro general de las relaciones entre ambos gobiernos.
Algunos análisis también consideran que las maniobras tienen una dimensión más amplia y están dirigidas a demostrar la capacidad rusa frente a posibles fuerzas navales estadounidenses y de otros países aliados de Washington en el Pacífico, no exclusivamente contra Japón.
Una nueva pieza en el complejo tablero de seguridad del Pacífico
La situación alrededor de las Kuriles ocurre además en una región donde las tensiones militares han aumentado en los últimos años.
Japón ha reforzado progresivamente su política de defensa ante las amenazas que percibe procedentes de China, Corea del Norte y Rusia.
Al mismo tiempo, Tokio ha estrechado sus vínculos militares con Estados Unidos y otros socios del Indo-Pacífico.
Rusia, por su parte, mantiene una cooperación militar cada vez más estrecha con China y continúa fortaleciendo sus capacidades en el Extremo Oriente.
Esto convierte a las Kuriles en algo más que una disputa bilateral. Las islas forman parte de un tablero estratégico mucho mayor que involucra las relaciones entre Rusia, Japón, Estados Unidos y China.
¿Qué puede ocurrir ahora?
El escenario más probable a corto plazo es que continúen los cruces diplomáticos y las demostraciones militares, más que una confrontación armada directa entre Rusia y Japón.
Tokio puede responder con nuevas protestas diplomáticas, mayor vigilancia de las actividades rusas y eventualmente nuevas medidas económicas.
Moscú, en cambio, parece decidido a reforzar la idea de que considera las Kuriles Meridionales territorio ruso y que no acepta que Japón cuestione su soberanía.
La posibilidad de retomar negociaciones sobre el conflicto territorial también se vuelve más complicada en este contexto.
La visita de Putin y los ejercicios con misiles constituyen, por tanto, dos movimientos con un fuerte componente político: Moscú busca mostrar que controla efectivamente las islas y que tiene capacidad para defenderlas, mientras Tokio intenta mantener viva su reivindicación territorial.
Un conflicto histórico que vuelve a ganar protagonismo
Las maniobras militares rusas cerca de las Kuriles no representan por sí solas el comienzo de una guerra entre Rusia y Japón. Sin embargo, sí constituyen una señal relevante dentro de una relación bilateral que atraviesa uno de sus momentos más difíciles en décadas.
El lanzamiento de misiles desde un crucero, un submarino nuclear y sistemas costeros ocurre apenas días después de la visita de Putin a una de las islas disputadas y después de una nueva ronda de protestas diplomáticas.
La combinación de disputa territorial, militarización, sanciones por la guerra de Ucrania y rivalidades estratégicas en el Indo-Pacífico hace que las Kuriles vuelvan a convertirse en uno de los puntos de atención de la seguridad regional.
Mientras Rusia insiste en que su soberanía sobre las islas está consolidada, Japón mantiene su reclamación histórica. Y, por ahora, las nuevas maniobras militares dejan claro que el conflicto territorial que comenzó a finales de la Segunda Guerra Mundial continúa teniendo consecuencias geopolíticas más de ocho décadas después.