Ahora o nunca». Pocas expresiones resumen mejor una experiencia humana universal: la sensación de que existe un instante preciso para actuar y que, si lo dejamos escapar, quizás no vuelva.
A menudo solo entendemos la importancia de esos momentos cuando ya han pasado.
Y entonces llegan los lamentos: «¡Si hubiera dicho algo en ese momento!». O los reproches: «¿Cuándo voy a aprender a no abrir la boca?». Pero también las celebraciones: «Menos mal que me atreví». O la satisfacción de descubrir, a posteriori, que una decisión tomada en el último minuto fue exactamente la correcta.