La ciudad que estuvo cerca del “Día Cero” redefine su relación con el agua
Ciudad del Cabo, una de las principales áreas urbanas de Sudáfrica, continúa transformando su sistema de abastecimiento de agua después de la crisis que llevó a la ciudad a acercarse al llamado “Día Cero”, el escenario en el que las reservas disponibles podían alcanzar niveles críticos y obligar a aplicar restricciones extraordinarias al consumo.
La experiencia dejó una conclusión clara para las autoridades: depender principalmente de las lluvias y de un sistema de embalses representa un riesgo cada vez mayor en un contexto de cambio climático, crecimiento urbano y variaciones cada vez más difíciles de predecir en los patrones de precipitación.
Por esta razón, el Plan de Resiliencia Hídrica en Sudáfrica, desarrollado a través de las estrategias de la Ciudad del Cabo y de la provincia del Cabo Occidental, está apostando por una combinación de fuentes y tecnologías. El objetivo es construir un sistema menos dependiente de una sola fuente de agua y capaz de responder mejor a periodos prolongados de sequía.
Entre las principales medidas se encuentran el aprovechamiento de aguas subterráneas, la reutilización de aguas residuales tratadas, la recarga gestionada de acuíferos, la reducción de pérdidas, la restauración de cuencas hidrográficas y el estudio de nuevos proyectos de desalación.
La reutilización del agua pasa a ocupar un papel estratégico
Uno de los cambios más importantes dentro de la estrategia consiste en dejar de considerar las aguas residuales únicamente como un desecho que debe ser eliminado.
Después de pasar por procesos de tratamiento, una parte de esa agua puede reutilizarse para diferentes actividades, reduciendo la presión sobre las reservas de agua potable. En Ciudad del Cabo, el efluente tratado ya se utiliza para fines no potables, como riego e industrias.
En abril de 2026, la ciudad informó que el uso de efluente tratado estaba permitiendo ahorrar más de ocho mil millones de litros de agua potable al año. La red de reutilización cuenta con cientos de usuarios y se alimenta desde varias plantas de tratamiento de aguas residuales.
Esta estrategia es importante porque no toda actividad requiere agua con calidad potable. El riego de determinadas zonas verdes, algunas instalaciones deportivas y diversos procesos industriales pueden funcionar con agua tratada específicamente para esos usos.
De esta manera, el agua potable puede reservarse para las actividades donde resulta realmente indispensable.
Aguas residuales tratadas y acuíferos: cómo funciona la recarga gestionada
Una de las herramientas más relevantes dentro de la estrategia es la denominada recarga gestionada de acuíferos, conocida internacionalmente como MAR, por sus siglas en inglés, Managed Aquifer Recharge.
El principio consiste en devolver agua al subsuelo de manera controlada para recuperar o aumentar las reservas subterráneas. Dependiendo del proyecto, el agua utilizada puede proceder de lluvia, escorrentía urbana o aguas residuales que han recibido el tratamiento necesario.
La Ciudad del Cabo explica que, en este proceso, el agua altamente tratada puede ser introducida nuevamente en los acuíferos. A medida que circula a través de materiales naturales como arena, roca y suelo, continúa atravesando procesos de filtración. Posteriormente, el agua puede extraerse aguas abajo y recibir tratamientos adicionales antes de ser incorporada al sistema de suministro correspondiente.
La recarga gestionada no significa simplemente “verter agua bajo tierra”. Requiere estudios hidrogeológicos, sistemas de monitoreo, control de calidad y una evaluación constante del comportamiento del acuífero.
También puede ayudar a evitar uno de los principales riesgos de las zonas costeras: la entrada de agua salada en las reservas subterráneas de agua dulce. Cuando un acuífero se explota excesivamente, la presión del agua dulce puede disminuir y facilitar la intrusión salina, comprometiendo la calidad del recurso.
El acuífero de Cape Flats gana protagonismo
Uno de los proyectos más importantes dentro de la estrategia hídrica de Ciudad del Cabo es el desarrollo del Cape Flats Aquifer Management Scheme, un sistema destinado a aprovechar de manera sostenible una de las grandes reservas subterráneas de la región.
La recarga gestionada forma parte de la visión a largo plazo para evitar que la extracción de agua subterránea reduzca progresivamente las reservas disponibles.
El informe integrado de la Ciudad del Cabo para 2024/25 señala que el programa de resiliencia hídrica contempla una planta de reclamación de agua en Cape Flats con una capacidad prevista de 54 millones de litros diarios, vinculada al sistema de recarga gestionada de acuíferos. El mismo informe señala que se encuentran operativos sitios piloto de recarga gestionada en Cape Flats.
Además, información publicada recientemente por la ciudad indica que el desarrollo del sistema de aguas subterráneas continúa avanzando y que ya se han completado decenas de perforaciones de producción dentro del esquema del acuífero de Cape Flats.
La importancia de este proyecto va más allá de obtener una nueva fuente de agua. La idea es crear una especie de reserva estratégica subterránea que pueda complementar otras fuentes durante periodos de menor disponibilidad.
Atlantis: décadas de experiencia en recarga de acuíferos
Aunque los nuevos proyectos de Ciudad del Cabo están recibiendo mayor atención, la ciudad ya cuenta con una experiencia considerable en el uso de acuíferos y recarga artificial.
El sistema de gestión del agua de Atlantis, en la costa oeste de la región metropolitana, ha utilizado durante décadas una combinación de aguas subterráneas, agua de lluvia y agua residual tratada.
La propia Ciudad del Cabo ha señalado que este esquema lleva décadas en funcionamiento y utiliza estanques y cuencas de recarga para permitir que determinadas fuentes de agua se infiltren en el acuífero arenoso. Posteriormente, el agua subterránea puede ser extraída mediante campos de pozos y tratada para su uso.
El sistema se ha convertido en una referencia importante para la planificación de nuevas iniciativas, porque demuestra que la recarga artificial de acuíferos puede funcionar como parte de una estrategia urbana de abastecimiento cuando existe una gestión adecuada de la calidad y de los volúmenes de agua.
Zandvliet y Faure: piezas clave para la futura reutilización avanzada
Otro de los proyectos estratégicos se encuentra relacionado con las instalaciones de tratamiento de aguas residuales de Zandvliet y el futuro esquema de reutilización de agua de Faure.
La estrategia hídrica de Ciudad del Cabo contempla un sistema en el que el agua residual tratada en Zandvliet reciba procesos adicionales de purificación antes de ser transportada hacia el esquema de Faure, donde podría recibir un tratamiento aún más avanzado.
El objetivo previsto es integrar esta fuente dentro del sistema general de abastecimiento y reducir la dependencia exclusiva de las presas y otras fuentes superficiales.
La infraestructura de Zandvliet ya ha sido objeto de una importante expansión. En información divulgada por la Ciudad del Cabo en 2026, las autoridades señalaron que la ampliación de aproximadamente 2.000 millones de rands, completada en 2024, aumentó la capacidad de tratamiento y mejoró la calidad del efluente, preparando la instalación para apoyar el futuro esquema de reutilización avanzada de Faure.
Esto es importante para diferenciar los proyectos actuales de algunos titulares simplificados: la ciudad está ampliando su infraestructura de reutilización y avanzando hacia nuevos sistemas de tratamiento y recarga, pero no todos los componentes de la estrategia están ya completamente terminados o en funcionamiento.
Una respuesta a la amenaza de nuevas sequías
El cambio de estrategia tiene una explicación directa: Ciudad del Cabo ya experimentó las consecuencias de una sequía extrema.
La crisis hídrica de la segunda mitad de la década de 2010 llevó a la ciudad a imponer fuertes restricciones al consumo y a preparar medidas extraordinarias ante la posibilidad de que las reservas alcanzaran niveles críticos.
Desde entonces, la estrategia municipal ha evolucionado hacia lo que se conoce como un enfoque de diversificación de fuentes.
En lugar de depender principalmente de las grandes presas, la ciudad busca combinar diferentes recursos:
- Agua superficial procedente de embalses.
- Agua subterránea extraída de acuíferos.
- Reutilización de aguas residuales tratadas.
- Recarga gestionada de acuíferos.
- Aprovechamiento y posible almacenamiento de aguas pluviales.
- Restauración de cuencas hidrográficas.
- Proyectos de desalación evaluados para el futuro.
La lógica es sencilla: si una fuente disminuye debido a una sequía, otras pueden contribuir a mantener el suministro.
El informe anual de la ciudad para 2024/25 señala que el programa busca reducir la dependencia de las presas y fortalecer la adaptación climática mediante aguas subterráneas, reutilización, desalación y gestión de las cuencas de captación.
La restauración ambiental también se convierte en infraestructura hídrica
El Plan de Resiliencia Hídrica en Sudáfrica no se limita a construir plantas, tuberías y pozos.
Otra parte fundamental consiste en restaurar los ecosistemas que permiten que el agua llegue a los ríos, embalses y reservas subterráneas.
Uno de los principales problemas de la región es la presencia de especies vegetales invasoras. Estas plantas pueden consumir grandes cantidades de agua y alterar el funcionamiento natural de las cuencas hidrográficas.
En marzo de 2026, la Ciudad del Cabo informó que la eliminación de vegetación invasora en zonas prioritarias había permitido recuperar aproximadamente 18.770 millones de litros de agua al año, equivalentes a unos 51 millones de litros diarios.
La estrategia demuestra que la seguridad hídrica no depende exclusivamente de grandes obras de ingeniería. La protección de los ecosistemas también puede convertirse en una herramienta para aumentar la disponibilidad de agua.
Inversión para construir un sistema más resistente
La transformación del sistema hídrico requiere inversiones significativas.
La Ciudad del Cabo ha destinado miles de millones de rands a su programa de resiliencia, incluyendo el desarrollo de nuevas fuentes, infraestructuras para aguas subterráneas, proyectos de reutilización y mejoras en la red.
El informe integrado 2024/25 de la ciudad indica una asignación de 4.930 millones de rands para 2025/26, con un aumento proyectado hasta 5.840 millones de rands para 2026/27 dentro del programa de inversiones relacionado con la resiliencia y la infraestructura hídrica.
A esto se suman las inversiones en instalaciones específicas. Por ejemplo, la expansión de Zandvliet y el desarrollo de nuevas conexiones para el uso de efluente tratado forman parte de una estrategia que busca aumentar progresivamente la capacidad de reutilización.
La ciudad también continúa desarrollando sistemas para aprovechar sus acuíferos. Entre los proyectos en marcha se encuentran nuevas plantas y campos de pozos asociados al suministro de agua subterránea.
Un modelo basado en no depender de una sola fuente
La principal enseñanza del caso de Ciudad del Cabo es que la seguridad hídrica del futuro probablemente dependerá menos de encontrar una única solución y más de combinar diferentes alternativas.
La reutilización del agua permite reducir el consumo de las fuentes convencionales. Los acuíferos pueden funcionar como reservas estratégicas. La recarga gestionada ayuda a recuperar parte de las reservas subterráneas. La restauración de cuencas permite que una mayor cantidad de agua llegue a los sistemas naturales. Y la desalación puede convertirse en una fuente adicional cuando las condiciones lo requieran.
El desafío consiste en coordinar todas estas alternativas de manera eficiente y garantizar que la calidad del agua y la sostenibilidad ambiental se mantengan bajo controles rigurosos.
La propia estrategia de resiliencia de Ciudad del Cabo ha identificado la recarga gestionada de acuíferos como una herramienta para proteger las reservas subterráneas y complementar la extracción de agua, especialmente frente a amenazas como las sequías y el cambio climático.
El desafío de convertir la resiliencia en una política permanente
La construcción de nuevas infraestructuras no elimina automáticamente el riesgo de escasez.
Ciudad del Cabo sigue dependiendo de las condiciones climáticas, del crecimiento de la demanda y del funcionamiento de una infraestructura compleja. Además, el desarrollo de nuevos sistemas requiere controles ambientales, mantenimiento, energía, financiamiento y una gestión continua de la calidad del agua.
La ciudad ha advertido recientemente que, aunque el suministro se mantiene estable, continúa preparándose para un futuro marcado por una mayor incertidumbre climática. Los proyectos de aguas subterráneas, reutilización y nuevas fuentes forman parte precisamente de esa preparación.
En paralelo, la provincia del Cabo Occidental lanzó en 2025 una estrategia de resiliencia hídrica a diez años, con el objetivo de fortalecer la seguridad del agua mediante gestión sostenible, innovación y cooperación entre instituciones.
Una nueva etapa para la seguridad del agua en Sudáfrica
El Plan de Resiliencia Hídrica en Sudáfrica representa, en el caso de Ciudad del Cabo, un cambio profundo en la manera de gestionar un recurso cada vez más vulnerable.
La ciudad está avanzando desde un modelo centrado principalmente en las presas hacia un sistema más diversificado, donde las aguas residuales tratadas, los acuíferos, la recarga gestionada, la restauración de ecosistemas y otras fuentes complementarias desempeñan un papel cada vez más importante.
No se trata de una solución inmediata ni de un único proyecto capaz de resolver todos los problemas de abastecimiento. Es una transformación progresiva de la infraestructura y de la planificación urbana, impulsada por la experiencia de una crisis que mostró hasta qué punto una gran ciudad puede quedar expuesta a la escasez.
La apuesta de Ciudad del Cabo es clara: prepararse antes de la próxima gran sequía.
Y para hacerlo, la ciudad está convirtiendo recursos que antes eran considerados secundarios —como el agua residual tratada y las reservas subterráneas— en componentes centrales de su estrategia de seguridad hídrica y adaptación al cambio climático.