Así como miles de colombianos sienten simpatía por Gustavo Petro e Iván Cepeda,  yo tengo mis razones de peso para no tener devoción alguna por ellos.  

Y es que mientras Petro y Cepeda en sus discursos aún siguen hablando de paz, respeto por quienes hemos sido víctimas del conflicto armado y supuesto apoyo a los periodistas que hemos sido amenazados por los grupos armados ilegales, ninguno de esos preceptos se me hicieron realidad, sobre todo en el último; de los 4 años que trabajé como periodista-contratista en las emisoras de Paz de Rtvc en Puerto Leguízamo (Putumayo) y posteriormente en Tumaco (Nariño).

Cuando llegué a Puerto Leguízamo, jamás imaginé que los momentos más tormentosos de mi vida los iba a padecer 3 meses después de radicado en dicha población de la Amazonía colombiana.

La felicidad que me embargó aquella oportunidad laboral que en el segundo semestre del año 2021 me la gané en franca lead a través de una convocatoria nacional estando como Presidente de la República de Colombia Iván Duque, se empezó a deteriorar por acción de los autodenominados ‘Comandos de Frontera’, uno de los grupos armados ilegales que delinque en el bajo Putumayo.

Y fue en enero del 2022; cuando los panfletos que encontraba bajo la puerta del sitio donde residía y las llamadas telefónicas extorsivas no se hicieron esperar. Desde aquel momento, empecé a vivir en la sombra del silencio los episodios más duros de mi profesión como periodista puesto que estaba en juego mi vida, mi familia y mi trabajo.   

Luego de padecer en el miedo absoluto esos terribles momentos, a esas espantosas exigencias provenientes de esa temible organización disidente que impone ‘el orden’ en el bajo Putumayo, se sumó a mi martirio la ‘ley del silencio’, es decir; callar todo lo que me atormentaba para vivir. Entre los aspectos que hicieron parte de esos tormentos, estuvieron los pagos de las extorsiones que venían de la referida organización delictiva y por las cuales, cada mes entregaba de mi salario $500.000.

Recuerdo tanto, que la entrega del referido dinero se hacía bajo presiones y estrictas condiciones impartidas por dichos personajes.  Un año y medio después de tanta angustia, seguí trabando en la misma entidad, pero en el municipio de Tumaco.

Durante ese tiempo todo me parecía ‘normal’ hasta que se empezó a notar la influencia política de Gustavo Petro y de Iván Cepeda. Eso fue tan evidente, que así lo confirmó un ‘amigo cercano a ellos’ cuando llegó a la ‘Perla del Pacífico’ nariñense para verificar quienes sí y quienes no, eran seguidores de sus ideales.

Y efectivamente se confirmó todo lo dicho, quienes por méritos en el gobierno de Iván Duque entramos a trabajar al sistema de medios públicos quedamos por fuera, sin importar la experiencia laboral, el esfuerzo de haber cursado una carrera profesional y sobre todo, padecer los atroces hechos como los que yo viví en Putumayo.

Entonces, ante esa serie de hechos, ¿ustedes creen que yo sienta simpatía por los referidos personajes que menciono al inicio de mi nota y que ahora son fervientes defensores de los grupos alzados en armas?.