Carlos Santa María
Las coyunturas históricas son las que demuestran la altivez de los pueblos. Así, esta jornada electoral presidencial dejó como resultado diversas experiencias y confirmó también la magnitud de la fortaleza nariñense como población pacífica, multicultural, rebelde, que sopesa lo que se propone para su presente y futuro acompañando mayoritariamente el proyecto del cambio.
Desde el conocimiento el pensamiento crítico refrendado por décadas marca un primer punto que no ha sido olvidado: las corrientes progresistas han estado vigentes, aceptando sobresaltos, desde la década del setenta donde hubo un despertar de las clases trabajadoras y cuyos movimientos fueron martirizados por golpes de estado incruentos, plagados de traiciones e interferencia extranjera desde el Norte, que bien lo describió Simón Bolívar como nuestra mayor amenaza confirmada.
Cabe destacar además de la capacidad analítica, un factor fundamental es el auto respeto o Dignidad que merecen los habitantes de una región. Nadie que no la posea, que acepte ser denigrado y se alíe con su victimizador ha tenido un destino propositivo. La dignificación del ser es mantener incólume los principios pese a golpes desenfrenados de grupos que basados en su poder financiero, mediático, armado, muchas veces sicarial, atemorizan al contrario.
La soberanía es la defensa de la integridad patriótica donde ningún extranjero puede intervenir para realizar “convenios” que permitan el saqueo de la riqueza nacional o que la traición de la corrupción, enquistada por años, enlute a su pueblo.
Nariño puede económicamente desarrollar el café especial, el cacao, el trigo, la cebada, las bebidas ancestrales, cuero, artesanías, turismo zonal, como una herramienta de ascenso productivo.
Los nariñenses afortunadamente no hacen parte de los rebaños mediáticos manteniendo su visión autónoma sin creer a los dueños de los Medios Masivos de Desinformación que conculcan el derecho a una información verdadera al tener prácticamente todo el campo de la comunicación secuestrado.
Cabe a su dirigencia, especialmente a gobernadores, alcaldes, parlamentarios progresistas, escuchando y obedeciendo a sus bases populares, hacer de Nariño nuestro sueño por cumplir. ¡Nariño responde a vencer!