Los testimonios recopilados por la BBC revelan una ola de atrocidades cometidas contra los habitantes de El Fasher, en Sudán, tras la toma de la ciudad por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Los sobrevivientes narran escenas de asesinatos por motivos étnicos, violaciones, incendios provocados, saqueos y secuestros. La falta de acceso y las interrupciones en las comunicaciones han dificultado el conocimiento completo de la magnitud de los hechos, pero los relatos coinciden en describir una violencia extrema y sistemática contra la población civil.
Entre los testimonios más impactantes se encuentra el de Zainab, una madre de seis hijos que presenció el asesinato de su esposo y tuvo que huir a pie con sus hijos. Contó que, al intentar escapar de los bombardeos, vio cadáveres por las calles y enfrentó un viaje lleno de miedo y desesperación hasta encontrar refugio en la zona de Tawila. Su relato refleja el sufrimiento y el desamparo de miles de familias desplazadas por la ofensiva militar de las FAR, quienes aseguran haber perdido todo en cuestión de días.
Otra historia conmovedora es la de Hussein Adam, un agricultor que fue atacado por las milicias conocidas como Janjaweed mientras trabajaba en su campo. A pesar de recibir varios disparos, sobrevivió y fue forzado a presenciar el asesinato de sus hijos y el secuestro de su esposa. Su testimonio, dado desde un refugio improvisado, evidencia el grado de brutalidad que caracteriza esta ofensiva y la profunda crisis humanitaria que atraviesa la región. Adam aún desconoce el paradero de su esposa y no ha podido enterrar a sus hijos.
Según la Organización Internacional para las Migraciones, más de 25.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, han huido hacia Tawila buscando refugio, sumándose a decenas de miles de desplazados anteriores. La situación humanitaria se ha vuelto insostenible, con escasez de alimentos, refugio y atención médica. Adam Rijal, coordinador regional de ayuda a desplazados, calificó la situación de “catastrófica” y pidió con urgencia la intervención de organismos internacionales para evitar una tragedia aún mayor.
Organizaciones de derechos humanos como Emergency Lawyers y la Red de Médicos Sudaneses denunciaron que las FAR han cometido “masacres horribles” y ejecuciones masivas de civiles y prisioneros. También se reportaron asesinatos dentro del único hospital operativo en El Fasher. El gobierno sudanés, desde su sede provisional en Puerto Sudán, calificó estos actos como un genocidio, señalando que cerca de 2.000 civiles han sido asesinados desde la ocupación de la ciudad y que muchos de los que intentaron huir fueron víctimas de violaciones y secuestros.
Por su parte, el comandante de las FAR, Mohamed Hamdan Dagalo, negó las acusaciones y aseguró haber formado un comité de investigación para esclarecer los hechos, afirmando que cualquier soldado implicado sería castigado. A pesar de esto, insistió en que su objetivo era “liberar” El Fasher y que la fase de guerra había terminado. Sin embargo, sus declaraciones contrastan con los múltiples informes y testimonios que documentan una tragedia humana de gran escala, marcada por el terror, la impunidad y el desplazamiento masivo de la población civil en Darfur del Norte.