Irán y Omán avanzan en las conversaciones para establecer un nuevo esquema de navegación y supervisión del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes del mundo y un punto clave para el transporte internacional de petróleo y gas.
El posible acuerdo ha cobrado especial relevancia porque contempla una redistribución del control sobre los buques que atraviesan el estrecho y abre una de las discusiones más delicadas de las negociaciones: si los barcos deberán pagar tasas por los servicios de seguridad, navegación o tránsito.
De acuerdo con información publicada por Reuters, una propuesta actualmente sobre la mesa permitiría a Irán intervenir en la supervisión del tráfico de los barcos que ingresan al golfo Pérsico, mientras que las embarcaciones que salgan utilizarían una ruta situada entre aguas iraníes y omaníes y tendrían que obtener autorización de salida a través de Omán después de notificar a Irán.
La iniciativa todavía no constituye un acuerdo definitivo para reabrir completamente el estrecho. Además, enfrenta obstáculos legales, económicos y de seguridad, especialmente por las sanciones estadounidenses contra organismos iraníes y por las condiciones impuestas por el mercado internacional de seguros marítimos.
Un nuevo capítulo en la disputa por el estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz se encuentra entre Irán y Omán y conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y, posteriormente, con el océano Índico.
Su importancia económica es enorme. Antes de la actual crisis, por esta vía circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, además de grandes volúmenes de gas natural licuado y otros productos esenciales para el comercio internacional.
Durante décadas, el tráfico marítimo se desarrolló mediante un sistema internacional de separación de rutas que divide los flujos de entrada y salida. El esquema fue adoptado por la Organización Marítima Internacional (OMI) en 1968 y constituye la base de la navegación comercial por el estrecho.
Sin embargo, la guerra entre Estados Unidos e Irán alteró radicalmente esa situación.
Desde el inicio del conflicto, el tráfico comercial por Ormuz se ha reducido de manera drástica y las autoridades iraníes han adquirido un papel mucho más importante en la supervisión de las embarcaciones.
Ahora, las negociaciones con Omán buscan establecer un mecanismo que permita recuperar parte de la navegación comercial, pero bajo condiciones diferentes a las que existían antes de la guerra.
¿Qué propone Irán?
La posición iraní ha evolucionado durante las últimas semanas.
A finales de julio, el viceministro de Exteriores iraní Kazem Gharibabadi confirmó que Omán había presentado una propuesta para administrar conjuntamente el estrecho. El planteamiento omaní contemplaba una especie de reparto de responsabilidades: Irán supervisaría las rutas ubicadas en sus aguas y Omán haría lo mismo en las rutas cercanas a su territorio.
Teherán rechazó esa fórmula porque consideraba que no garantizaba suficientes condiciones de seguridad para Irán.
En respuesta, Irán presentó su propia propuesta, mucho más favorable a sus intereses.
Según Gharibabadi, el planteamiento iraní contempla una ruta completamente ubicada en aguas territoriales iraníes y otra que también atravesaría parcialmente esas aguas, permitiendo a Teherán supervisar tanto el tráfico de entrada como parte del tráfico de salida.
La propuesta es especialmente significativa porque supondría un cambio respecto al funcionamiento del estrecho antes de la guerra.
El objetivo de Irán no sería simplemente recuperar el tránsito comercial, sino mantener un papel directo en la administración y supervisión de las embarcaciones.
Irán y Omán ya avanzaron sobre las rutas de navegación
El 5 de agosto se produjo uno de los principales avances de las conversaciones.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, informó que Irán y Omán habían alcanzado un entendimiento sobre las coordenadas geográficas de una ruta de navegación que podría utilizarse para el tránsito marítimo.
El funcionario señaló que ambos países estaban preparando un anuncio conjunto, aunque advirtió que la concreción del acuerdo dependía de que terceros países no interfirieran en el proceso. También aclaró que un entendimiento bilateral entre Irán y Omán no garantiza por sí mismo la seguridad del estrecho.
El avance es importante, pero no equivale a decir que Ormuz ya está abierto con normalidad.
De hecho, el tráfico continúa muy por debajo de los niveles registrados antes de la guerra.
Reuters informó el 7 de agosto que solo 33 embarcaciones atravesaron el estrecho entre el lunes y el jueves de esta semana, frente a 50 durante el mismo periodo de la semana anterior. Antes del conflicto, el tránsito semanal rondaba entre 130 y 140 buques.
La polémica por las tasas de seguridad
Uno de los elementos más controvertidos de las negociaciones es el posible cobro de tasas a los buques.
Según una fuente iraní citada por Reuters, Teherán estaría buscando cobrar entre el 5 % y el 7 % del valor de la carga transportada por las embarcaciones que utilicen el estrecho.
Omán, por su parte, estaría considerando una tasa inferior, cercana al 3 %, mientras que Estados Unidos sostiene que no debería cobrarse ninguna tarifa por atravesar el estrecho.
La idea iraní se vincula con el establecimiento de servicios relacionados con seguridad, navegación y protección marítima.
Sin embargo, para las compañías navieras existe una diferencia fundamental entre pagar por un servicio portuario específico y tener que pagar para poder atravesar una ruta marítima internacional.
Las asociaciones internacionales del sector han advertido que una tarifa obligatoria equivaldría, en la práctica, a establecer un peaje.
Reuters informó que representantes de la industria naviera consideran que este tipo de cobros podría establecer un precedente que afectaría el marco jurídico internacional aplicable a los estrechos utilizados para la navegación internacional.
¿Por qué el cobro de tasas genera tanta preocupación?
El problema no es solamente económico.
El estrecho de Ormuz no funciona como un canal artificial administrado por un único Estado, como ocurre, por ejemplo, con el Canal de Suez o el Canal de Panamá.
Por eso, cualquier mecanismo que establezca un pago obligatorio por el tránsito puede generar una discusión internacional sobre los derechos de navegación.
La Organización Marítima Internacional ya fijó una posición sobre el tema.
En julio, su Consejo reafirmó que el derecho de paso en estrechos utilizados para la navegación internacional no debe ser obstaculizado y sostuvo específicamente que el tránsito por Ormuz debería mantenerse libre de peajes y cargos. También pidió que cualquier regulación adoptada por los Estados ribereños respete las normas internacionales de seguridad marítima.
Esto coloca las propuestas de Irán y Omán en una situación particularmente delicada.
Un eventual acuerdo regional tendría que convivir con las normas internacionales y con los intereses de los países que dependen del estrecho para exportar o importar energía.
Las sanciones de Estados Unidos complican todavía más el plan
Incluso si Irán y Omán llegaran a un acuerdo político, existe otro problema: cómo podrían las compañías navieras realizar los pagos sin exponerse a sanciones.
Estados Unidos impuso sanciones contra la denominada Persian Gulf Strait Authority, organismo creado por Irán en mayo para operar aspectos relacionados con el estrecho.
Reuters señaló que las empresas que realicen determinados pagos a entidades iraníes podrían enfrentarse a problemas de cumplimiento de las sanciones estadounidenses.
Esto supone un riesgo considerable para las grandes empresas internacionales.
Una naviera podría encontrarse ante una situación complicada: pagar una tasa para obtener autorización de tránsito podría permitirle navegar, pero al mismo tiempo exponerla a consecuencias legales o financieras en Estados Unidos.
El seguro marítimo es otro obstáculo
A las sanciones se suma la cuestión de los seguros.
El mercado internacional de seguros marítimos ha reaccionado ante la posibilidad de que se establezcan cobros obligatorios.
Reuters informó que la Lloyd’s Market Association introdujo a finales de julio una cláusula para las pólizas de riesgo de guerra que puede poner fin a la cobertura de un barco si este paga una tarifa, peaje u otro cargo por atravesar el estrecho de Ormuz.
La consecuencia potencial es importante.
Las compañías navieras necesitan seguros para operar grandes buques petroleros, gaseros y cargueros. Si una embarcación pierde su cobertura por realizar un determinado pago, el tránsito puede resultar económicamente inviable incluso aunque las autoridades iraníes y omaníes lo autoricen.
Por eso, la industria naviera considera que el modelo planteado actualmente presenta problemas prácticos difíciles de solucionar.
¿Qué papel tiene Omán?
Omán ocupa una posición particular en esta crisis.
El país comparte con Irán la soberanía sobre las aguas territoriales por las que discurren las rutas del estrecho y, a diferencia de otros actores regionales, ha mantenido históricamente una política de diálogo con Teherán.
Muscat también ha desempeñado un papel diplomático importante en las conversaciones relacionadas con Estados Unidos e Irán.
En junio, ambos países acordaron continuar las conversaciones sobre la futura administración de la navegación en Ormuz y crear un grupo de trabajo conjunto entre sus ministerios de Exteriores. En aquella ocasión también acordaron consultar a otros Estados ribereños y actores relevantes.
Ese antecedente ayuda a explicar por qué Omán aparece ahora como uno de los principales interlocutores de Irán para intentar resolver la crisis marítima.
¿Qué está en juego para Estados Unidos?
Washington observa las negociaciones con especial atención.
El control del tráfico en Ormuz tiene una dimensión económica, pero también militar y geopolítica.
Un acuerdo que otorgue a Irán una capacidad permanente para supervisar los barcos que ingresan al golfo Pérsico representaría un cambio considerable respecto a la situación previa al conflicto.
Reuters informó que Estados Unidos se opone al establecimiento de tasas por el tránsito y ha mostrado preocupación por cualquier mecanismo que otorgue a Irán un control excesivo sobre el corredor.
La disputa también está vinculada a las negociaciones más amplias entre Washington y Teherán para poner fin al conflicto.
Por ello, la cuestión de Ormuz no puede analizarse de manera aislada. La apertura del estrecho está conectada con temas como las sanciones contra Irán, la seguridad regional y el futuro de las relaciones entre ambos países.
El impacto sobre el petróleo y la economía mundial
La importancia del estrecho explica por qué cualquier noticia relacionada con su reapertura tiene efectos inmediatos sobre los mercados energéticos.
Antes de la crisis, alrededor de una quinta parte del petróleo mundial transitaba por esta vía. También era fundamental para el transporte de gas natural licuado producido en los países del golfo Pérsico.
Una reducción prolongada del tráfico puede afectar:
- Los precios internacionales del petróleo.
- El suministro de combustibles en Asia.
- Las exportaciones de países como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos.
- Los costos de transporte marítimo.
- Las primas de seguros para petroleros y cargueros.
- El precio de productos derivados del petróleo.
- Las cadenas internacionales de suministro.
La situación ya está afectando el comportamiento de los barcos.
Reuters informó que durante esta semana apenas seis petroleros de crudo salieron del estrecho, mientras que 21 embarcaciones ingresaron, muchas de ellas utilizando las aguas iraníes. Además, compradores asiáticos han mostrado interés por cargamentos de crudo iraquí con importantes descuentos, pero los propietarios de los buques continúan evitando comprometerse debido a los riesgos de seguridad.
Un acuerdo todavía lejos de estar cerrado
Aunque Irán y Omán han logrado avances, todavía existen importantes puntos de desacuerdo.
Entre ellos están:
1. El nivel de control iraní.
Teherán busca tener capacidad de supervisión sobre una parte considerable del tráfico, mientras que otros países temen que eso se convierta en un control permanente del estrecho.
2. El cobro de tasas.
Irán plantea tasas de entre 5 % y 7 % del valor de la carga; Omán estudia una cifra cercana al 3 %, mientras Estados Unidos quiere que el tránsito permanezca sin cobros.
3. Las sanciones estadounidenses.
Las empresas tendrían que evaluar si pagar a organismos iraníes puede generar consecuencias bajo las sanciones de Washington.
4. Los seguros marítimos.
Las nuevas condiciones del mercado de seguros pueden hacer inviable que las compañías paguen determinadas tasas.
5. La seguridad.
El propio Gobierno iraní ha advertido que un acuerdo con Omán no garantiza automáticamente la seguridad del estrecho.
6. La participación de otros países.
Aunque las conversaciones principales se desarrollan entre Irán y Omán, el estrecho afecta directamente a numerosos países productores y consumidores de energía.
El tráfico marítimo sigue lejos de la normalidad
Los datos actuales muestran que todavía no puede hablarse de una reapertura completa.
Reuters señaló que antes de la guerra atravesaban Ormuz entre 130 y 140 embarcaciones por semana, mientras que esta semana el número registrado hasta el jueves fue de apenas 33.
La diferencia demuestra que la incertidumbre continúa siendo uno de los principales problemas para las empresas.
Incluso si los gobiernos anuncian un acuerdo político, los propietarios de los barcos deben considerar otros factores antes de reanudar operaciones normales: riesgo de ataques, seguros, sanciones, autorizaciones, rutas y posibles pagos.
En otras palabras, un acuerdo diplomático no significa necesariamente que el tráfico marítimo vuelva inmediatamente a los niveles anteriores a la guerra.
¿Qué puede pasar ahora?
El escenario más favorable para el comercio internacional sería que Irán y Omán alcancen un acuerdo que permita recuperar la navegación comercial sin restricciones discriminatorias y con garantías de seguridad aceptables para las compañías navieras.
Pero el principal interrogante continúa siendo el modelo de administración del estrecho.
Si Teherán obtiene un papel permanente en la supervisión del tráfico y consigue establecer algún tipo de tasa, el acuerdo podría representar un cambio histórico en la forma en que funciona Ormuz.
Por el contrario, si las negociaciones terminan descartando los cobros y mantienen el esquema internacional de libre tránsito, el resultado sería más cercano a una restauración del sistema que existía antes de la guerra.
Por ahora, Irán y Omán han avanzado en la definición de rutas, pero todavía no existe una solución definitiva para todos los problemas de seguridad, control, tarifas y sanciones.
El estrecho continúa siendo, por tanto, uno de los principales puntos de tensión de la crisis entre Irán y Estados Unidos y uno de los lugares cuya evolución puede determinar el comportamiento de los mercados energéticos mundiales durante las próximas semanas.