Hace tres décadas, cubrir un terreno con miles de toneladas de residuos de naranja parecía la receta perfecta para provocar un desastre ambiental. Lo sorprendente de esta historia real es que, cuando los científicos regresaron años después al lugar, el mayor problema no fue evaluar el experimento: fue encontrarlo. El paisaje había cambiado tanto que el cartel que marcaba la parcela había desaparecido bajo un bosque exuberante.