El macizo del Mont Blanc, uno de los territorios de alta montaña más emblemáticos de Europa y uno de los principales destinos del alpinismo mundial, atraviesa un episodio excepcional de inestabilidad durante el verano de 2026. Las temperaturas extremas y el rápido deterioro del hielo que permanece en el interior de las montañas han favorecido un aumento sin precedentes de los desprendimientos de roca.
De acuerdo con datos recogidos por Euronews y la agencia AFP, el macizo del Mont Blanc ha contabilizado alrededor de 450 desprendimientos rocosos desde el comienzo de 2026, una cifra que supera ampliamente el anterior récord registrado en 2022, cuando se contabilizaron unos 300 episodios.
El fenómeno no representa únicamente un problema para los escaladores. También constituye una señal de los cambios que están experimentando los ecosistemas de alta montaña debido al calentamiento global, especialmente por el deterioro del permafrost, la capa de suelo y roca que permanece congelada durante largos periodos y que contribuye a mantener cohesionadas las paredes montañosas.
Un récord que supera ampliamente los registros anteriores
El dato de 450 desprendimientos convierte a 2026 en un año particularmente preocupante para el Mont Blanc. El registro supera en aproximadamente un 50 % el récord anterior de 300 desprendimientos, establecido en 2022, otro año caracterizado por temperaturas excepcionalmente elevadas en Europa.
El geomorfólogo Ludovic Ravanel, director de investigación del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y especialista en la evolución de las montañas alpinas, calificó la situación de excepcional.
Según sus observaciones, durante este verano las temperaturas en la región han superado con facilidad los 30 y 35 grados Celsius en determinadas zonas, valores extraordinariamente elevados para un entorno de alta montaña. Ese calor tiene efectos directos sobre los glaciares, el suelo congelado y las paredes rocosas.
Lo más preocupante, sin embargo, no es solamente la cantidad de desprendimientos, sino la tendencia que existe detrás de ellos. Los investigadores han observado que las paredes rocosas de los Alpes están mostrando cada vez más señales de fracturación y pérdida de estabilidad.
Ravanel ha utilizado fotografías históricas que abarcan aproximadamente dos siglos para comparar el estado de las paredes montañosas a lo largo del tiempo. A partir de estas imágenes es posible identificar las llamadas «cicatrices» de las paredes rocosas, es decir, las zonas donde se han producido desprendimientos o donde la estructura de la montaña ha comenzado a deteriorarse.
Según el investigador, entre el 80 % y el 85 % de esas cicatrices se han formado durante las últimas dos o tres décadas, lo que muestra una relación clara entre el calentamiento del clima y la creciente inestabilidad de las paredes de roca.
¿Por qué el deshielo puede provocar desprendimientos?
Para comprender lo que está ocurriendo en el Mont Blanc es necesario mirar más allá de la superficie de la montaña.
En las zonas de gran altitud existe permafrost, un estado térmico del suelo o de la roca en el que el material permanece a temperaturas inferiores a 0 °C durante al menos dos años y, en determinados lugares, durante miles de años.
El hielo presente dentro de las fracturas de la roca funciona, en cierta medida, como un elemento que ayuda a mantener unidas diferentes partes de la estructura. Cuando las temperaturas aumentan de manera prolongada, ese hielo puede comenzar a derretirse.
El resultado es una pérdida de cohesión.
Las grietas pueden ampliarse, el agua puede penetrar más profundamente en la montaña y determinados bloques pueden quedar progresivamente aislados hasta que finalmente se desprenden por efecto de la gravedad.
Por eso, el problema no consiste simplemente en que «se derrita la nieve». El proceso que preocupa a los especialistas ocurre también dentro de la propia montaña, donde el calentamiento puede alterar las condiciones físicas que durante siglos ayudaron a estabilizar las paredes rocosas.
Ravanel explicó que los desprendimientos actuales están relacionados principalmente con la degradación del permafrost, pero también con el retroceso de los glaciares.
El retroceso de los glaciares también modifica la estabilidad
Los glaciares no son elementos pasivos dentro del paisaje alpino. Su masa ejerce presión sobre las laderas y puede contribuir a estabilizar determinados sectores de las montañas.
Cuando los glaciares pierden espesor debido al calentamiento, esa presión disminuye.
De esta manera, las paredes rocosas pueden quedar expuestas a nuevas condiciones mecánicas. La combinación entre el retroceso glaciar, la pérdida del hielo existente dentro de las fracturas y las temperaturas elevadas genera un escenario particularmente delicado.
En otras palabras, el cambio climático está modificando simultáneamente el hielo exterior y el hielo que permanece dentro de la estructura de la montaña.
Este proceso ayuda a explicar por qué los desprendimientos pueden producirse incluso en zonas que durante décadas fueron consideradas relativamente estables.
Un verano especialmente peligroso para los alpinistas
El aumento de los desprendimientos ya ha tenido consecuencias humanas.
Según el balance divulgado por Euronews, dos turistas de nacionalidad checa murieron en julio como consecuencia de un desprendimiento en el Mont Blanc. En agosto también se registró la muerte de otro hombre en circunstancias similares.
La situación ha obligado además a modificar las actividades habituales de los guías y alpinistas.
En el lado italiano, las guías de Courmayeur comenzaron a suspender ascensos por la ruta normal a mediados de julio, después de que las condiciones del glaciar se deterioraran rápidamente. Posteriormente, guías de Chamonix y otras localidades francesas adoptaron medidas similares.
Uno de los puntos más problemáticos ha sido el corredor del Goûter, una zona utilizada tradicionalmente para ascender al Mont Blanc desde el lado francés.
Las condiciones llegaron a tal punto que el alcalde de Saint-Gervais-les-Bains ordenó el cierre de los refugios de Tête-Rousse y Goûter el 11 de agosto, una medida destinada a evitar que los alpinistas continuaran utilizando una ruta considerada demasiado peligrosa.
Grandes bloques de roca y desprendimientos diarios
La magnitud de algunos de los episodios registrados permite dimensionar el problema.
Según información publicada por Le Monde, el alcalde de Chamonix señaló que se estaban registrando al menos diez desprendimientos de más de 100 metros cúbicos de roca cada día durante el periodo más crítico.
Uno de los acontecimientos más llamativos ocurrió el 12 de agosto, cuando aproximadamente 15.000 metros cúbicos de roca se desprendieron de la cara norte de la Aiguille du Midi, una de las formaciones más conocidas del macizo del Mont Blanc.
La Aiguille du Midi alcanza los 3.842 metros de altitud y es uno de los principales puntos de acceso al entorno de alta montaña de Chamonix.
El desprendimiento demuestra que el fenómeno no se limita a pequeñas piedras o fragmentos aislados. En determinadas circunstancias, grandes sectores de una pared pueden perder estabilidad y liberar cantidades enormes de material.
Una transformación visible del paisaje
El cambio también se puede observar a simple vista.
El intenso deshielo ha modificado el aspecto de las cumbres y ha dejado al descubierto superficies rocosas que anteriormente permanecían cubiertas por nieve o hielo.
El geomorfólogo Ludovic Ravanel señaló que el Mont Blanc se ve actualmente más gris y menos parecido a la imagen tradicional de una montaña permanentemente cubierta de blanco.
Durante este verano, además, algunas de las rutas habituales hacia la cumbre han quedado inutilizadas.
El problema no se limita a los desprendimientos: también existen grandes grietas glaciares, algunas de dimensiones considerables, que dificultan o directamente impiden el paso.
Según Le Monde, por primera vez las tres rutas más utilizadas para llegar al Mont Blanc llegaron a estar simultáneamente fuera de condiciones para los ascensos habituales.
El peligro podría continuar después de las olas de calor
Uno de los aspectos más preocupantes para los especialistas es que el riesgo no desaparece necesariamente cuando disminuyen las temperaturas.
La roca puede conservar durante cierto tiempo el calor acumulado durante las olas de calor. Por ello, el deshielo del permafrost puede continuar incluso después de que las temperaturas ambientales hayan comenzado a descender.
El guía de montaña Frédéric Bréhé explicó a Le Monde que el calor almacenado en las rocas puede continuar favoreciendo el derretimiento del permafrost e impedir una recuperación rápida de las condiciones de estabilidad.
Esto significa que los próximos meses podrían seguir siendo complicados para determinadas actividades de montaña.
Los expertos consultados por Euronews consideran que los desprendimientos pueden continuar siendo numerosos, incluso si las condiciones meteorológicas comienzan a cambiar.
Un problema que va más allá del Mont Blanc
Aunque el Mont Blanc concentra gran parte de la atención debido a su importancia turística y alpinística, el fenómeno no es exclusivo de esta montaña.
El arco alpino completo está experimentando cambios relacionados con el calentamiento climático.
La combinación de temperaturas más elevadas, pérdida de masa glaciar y degradación del permafrost está alterando la estabilidad de numerosos sectores de alta montaña.
El trabajo científico desarrollado por Ravanel resulta especialmente relevante en este contexto. Entre 2007 y 2024, el investigador analizó aproximadamente 2.500 desprendimientos de más de 100 metros cúbicos y encontró que estos fenómenos no solamente se están volviendo más frecuentes, sino que también están aumentando en volumen.
El investigador advierte que en el futuro podrían producirse desprendimientos que involucren varios millones de metros cúbicos de roca, lo que supondría un escenario de riesgo considerablemente mayor.
El alpinismo también está cambiando
El deterioro de las condiciones obliga a reconsiderar algunas de las prácticas tradicionales del alpinismo europeo.
Durante décadas, el verano fue considerado una de las mejores épocas para intentar ascensos de alta montaña. Sin embargo, las temperaturas cada vez más elevadas están haciendo que determinados periodos estivales sean precisamente los más peligrosos.
Los guías están teniendo que modificar itinerarios, horarios y objetivos de las expediciones. Algunas rutas que históricamente fueron consideradas clásicas han dejado de ser accesibles o requieren condiciones mucho más específicas.
Le Monde recoge el testimonio del guía Frédéric Bréhé, quien señaló que la degradación de las paredes ha reducido considerablemente el número de rutas tradicionales disponibles en el macizo.
La consecuencia es un cambio en la forma de entender la temporada de montaña: en lugar de asumir que el verano garantiza mejores condiciones, los profesionales deben analizar constantemente la estabilidad de la roca, el estado de los glaciares, las temperaturas y la evolución del permafrost.
¿Qué significa esto para quienes visitan el Mont Blanc?
El escenario actual no significa que todo el macizo sea inaccesible ni que cada zona represente un peligro inmediato. El riesgo varía considerablemente dependiendo de la altitud, la orientación de las paredes, las condiciones meteorológicas y el estado específico de cada ruta.
Sin embargo, los especialistas recomiendan extremar las precauciones y consultar las condiciones actualizadas antes de realizar actividades de alta montaña.
La situación también evidencia la importancia de los sistemas de vigilancia. En distintos puntos del macizo se utilizan sensores y otros mecanismos de monitoreo para observar la evolución de las paredes rocosas y detectar cambios que puedan indicar una mayor inestabilidad.
Por ahora, las autoridades y los expertos no han establecido un cierre general de las zonas de alta montaña, aunque sí han aumentado las advertencias dirigidas a los alpinistas.
El Mont Blanc como advertencia del cambio climático
El episodio de 2026 convierte al Mont Blanc en un ejemplo especialmente visible de cómo el calentamiento global está transformando los ambientes de alta montaña.
El récord de desprendimientos no puede atribuirse únicamente a un día de calor o a una ola de altas temperaturas aislada. Los especialistas señalan una combinación de procesos que se han desarrollado durante décadas: aumento de las temperaturas, pérdida de glaciares, degradación del permafrost y modificación de la estructura de las paredes rocosas.
Lo ocurrido este verano muestra además que las consecuencias del cambio climático no se limitan al aumento de la temperatura o al retroceso visible de los glaciares. También pueden alterar directamente la estabilidad geológica de las montañas.
Con aproximadamente 450 desprendimientos registrados en lo que va de 2026, el Mont Blanc ha superado ampliamente el récord anterior y se enfrenta a una temporada que los especialistas consideran excepcional.
Más allá del impacto sobre el turismo y el alpinismo, el fenómeno plantea una cuestión de mayor alcance: cómo adaptar la seguridad, la investigación y la gestión de los territorios alpinos a unas condiciones climáticas que están cambiando más rápido de lo previsto.