A poco más de cinco meses de la realización del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto, una nueva polémica sacude a la capital nariñense. Un colectivo ciudadano presentó un derecho de petición al alcalde Nicolás Toro Muñoz, en el que solicita la prohibición, eliminación o al menos la restricción del uso del talco durante las festividades del 6 de enero, argumentando razones de salud pública, impacto ambiental, conflictos en la convivencia ciudadana y un uso excesivo de agua en las labores de limpieza.

Pero más allá de la tradición, el debate toma fuerza por los presuntos hallazgos que este grupo ha hecho públicos. En un comunicado emitido recientemente, el colectivo afirma que existe suficiente respaldo científico para advertir que lo que actualmente se utiliza en el juego del “Día de Blancos” no es talco, sino óxido de silicio —conocido también como piedra de cuarzo pulverizada— un mineral que puede resultar abrasivo para las vías respiratorias.

“Los resultados obtenidos en el análisis de las muestras recolectadas en sectores como el mercado El Potrerillo y la carrera 27, el pasado 6 de enero de 2025, nos indican que en ninguna de las muestras se encontró talco. El Día de Blancos se juega con óxido de silicio o piedra de cuarzo pulverizada”, advierte el documento, que cita un estudio presuntamente realizado con el apoyo de la Universidad Industrial de Santander.

Además del óxido de silicio, el informe menciona la presencia de otros minerales como calcita (o cal agrícola), caolinita y moscovita, todos con posibles efectos nocivos para la salud y sin autorización sanitaria para su uso masivo sobre la piel o en el ambiente.

El tema ha generado una profunda división entre quienes defienden la tradición como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad y aquellos que consideran urgente replantear prácticas que, según ellos, podrían estar poniendo en riesgo la salud de la ciudadanía y el medioambiente.

Mientras tanto, el alcalde Nicolás Toro deberá pronunciarse en los próximos días sobre esta solicitud que pone en la balanza la cultura, la ciencia, el derecho ciudadano y la responsabilidad institucional frente a una de las fiestas más emblemáticas del sur del país.