Los países del Cono Sur están profundizando la coordinación de sus sistemas sanitarios y fitosanitarios con el objetivo de proteger la producción agrícola, reducir riesgos asociados a plagas y enfermedades y facilitar el comercio de productos agroalimentarios entre fronteras.
El proceso involucra principalmente a Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, además de Bolivia dentro del ámbito del Consejo Agropecuario del Sur (CAS), y se articula a través de organismos como el Comité de Sanidad Vegetal del Cono Sur (COSAVE), el CAS y el Mercado Común del Sur (Mercosur).
Los avances registrados durante 2026 incluyen nuevos trabajos de coordinación frente a la mosca de la fruta, la actualización de requisitos fitosanitarios para distintos productos vegetales y la discusión sobre la armonización de protocolos sanitarios.
Es importante precisar que no existe un único acuerdo nuevo firmado por todos los países del Cono Sur que elimine de manera general los controles para los alimentos frescos. Lo que se ha producido es un conjunto de avances regulatorios y de cooperación que buscan hacer compatibles los procedimientos nacionales y reducir obstáculos innecesarios al comercio, manteniendo las exigencias de protección sanitaria.
Coordinación regional frente a la mosca de la fruta
Uno de los principales asuntos de la agenda regional durante 2026 es la prevención y control de la mosca de la fruta, una plaga que puede afectar gravemente a cultivos y convertirse en una barrera para la comercialización internacional de frutas.
Durante la LII Reunión Ordinaria del Consejo Agropecuario del Sur, celebrada en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en julio de 2026, COSAVE presentó los avances de un proyecto regional destinado a fortalecer la vigilancia y la coordinación entre los organismos fitosanitarios.
La iniciativa busca mejorar la detección temprana, compartir información técnica, fortalecer las capacidades de los servicios nacionales y avanzar hacia procedimientos compatibles entre los países.
COSAVE reúne a los organismos nacionales de protección vegetal de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay. Su trabajo resulta especialmente relevante para las frutas frescas porque una plaga detectada en un territorio puede afectar las condiciones de exportación de un país y generar controles adicionales en los mercados de destino.
El propio plan regional de COSAVE para 2026 establece como objetivo fortalecer la capacidad de los países para la prevención, supresión y contención de las moscas de la fruta, mediante capacitación, modernización tecnológica, fortalecimiento institucional y acciones coordinadas.
Plan Regional de COSAVE e IICA sobre mosca de la fruta
¿Por qué la sanidad es fundamental para transportar frutas y vegetales?
El comercio de alimentos frescos tiene una particularidad: no basta con comprobar el origen o pagar los aranceles correspondientes. Los productos vegetales pueden transportar plagas, enfermedades u otros riesgos que amenacen los cultivos del país importador.
Por esa razón existen las llamadas medidas sanitarias y fitosanitarias.
Estas medidas buscan proteger la salud humana y la sanidad animal y vegetal, pero al mismo tiempo deben evitar convertirse en restricciones comerciales injustificadas. El propio Mercosur define las medidas sanitarias y fitosanitarias como instrumentos destinados a enfrentar riesgos como la introducción o propagación de plagas y enfermedades, así como contaminantes o agentes que puedan afectar a alimentos y animales.
En el caso de las frutas y hortalizas, esto puede traducirse en requisitos sobre:
- Certificados fitosanitarios.
- Inspecciones en origen y destino.
- Tratamientos contra determinadas plagas.
- Condiciones de transporte.
- Trazabilidad de los productos.
- Requisitos específicos según el país de origen y destino.
- Documentación sanitaria.
- Medidas de cuarentena cuando existe un riesgo particular.
El objetivo de la cooperación regional es que estos controles puedan realizarse con criterios técnicos compatibles, evitando que un productor tenga que enfrentarse a procedimientos completamente diferentes para cada mercado.
Mercosur actualiza requisitos para productos vegetales
Los avances no se limitan a reuniones ministeriales. Durante 2026, Mercosur aprobó nuevas disposiciones relacionadas con requisitos fitosanitarios para determinados productos vegetales.
Entre las normas registradas durante el año aparecen requisitos para cebolla, damasco, mango, ciruelo, duraznero y nectarina, entre otros productos vegetales.
Por ejemplo, la Resolución GMC Nº 15/2026 establece un nuevo subestándar con los requisitos fitosanitarios para el ciruelo (Prunus domestica) según el país de origen y destino dentro de los Estados Parte del Mercosur. La norma fue aprobada el 20 de mayo de 2026.
Sin embargo, estos cambios deben interpretarse con precisión: algunas de estas disposiciones requieren todavía su incorporación por parte de los Estados miembros antes de que puedan producir todos sus efectos jurídicos nacionales.
Esto demuestra que la integración sanitaria es un proceso técnico y progresivo, no simplemente la eliminación de controles fronterizos.
Base normativa oficial del Mercosur
La armonización busca facilitar el comercio sin eliminar los controles
Uno de los principales objetivos de los acuerdos y mecanismos sanitarios regionales es encontrar un equilibrio entre dos necesidades.
Por un lado, los países necesitan mantener controles para evitar que una plaga o enfermedad llegue a sus territorios.
Por otro, los procedimientos excesivamente diferentes pueden aumentar los tiempos y costos de exportación, especialmente para productos perecederos.
En este contexto, la cooperación busca que los organismos sanitarios puedan compartir información, reconocer procedimientos compatibles y establecer requisitos técnicos comunes.
El marco sanitario del Mercosur ya contempla desde hace años la necesidad de armonizar medidas sanitarias y fitosanitarias y reducir sus efectos negativos sobre el comercio. El acuerdo sanitario y fitosanitario del bloque señala que las medidas deben proteger la salud pública, animal y vegetal, pero también procurar que no se conviertan en restricciones injustificadas al intercambio comercial.
Por ello, hablar de facilitación del comercio no significa que las frutas puedan cruzar las fronteras sin inspecciones. Significa que los países buscan que las exigencias sean previsibles, transparentes y técnicamente coordinadas.
El papel del Consejo Agropecuario del Sur
La coordinación también pasa por el Consejo Agropecuario del Sur (CAS), un foro que reúne a los ministros de Agricultura de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
En marzo de 2026, durante su 51.ª Reunión Ordinaria en Brasilia, los ministros abordaron diferentes desafíos sanitarios y comerciales y acordaron nuevas iniciativas de cooperación. Entre las prioridades estuvieron la seguridad alimentaria, la resiliencia climática, la competitividad agropecuaria y la armonización de protocolos sanitarios frente a amenazas como la influenza aviar y la mosca de la fruta.
Consejo Agropecuario del Sur (CAS)
La importancia de este mecanismo radica en que permite discutir problemas que afectan simultáneamente a varios países productores y exportadores.
Una plaga, por ejemplo, no necesariamente respeta las fronteras políticas. De la misma manera, una modificación en los requisitos de importación de un país puede afectar a productores de varios territorios vecinos.
Los límites máximos de residuos también forman parte de la discusión
Otro asunto relevante para el comercio de alimentos frescos son los límites máximos de residuos (LMR) de productos fitosanitarios.
Estos límites establecen las cantidades máximas de determinados residuos de plaguicidas que pueden permanecer en un alimento cuando se comercializa.
En julio de 2026, los ministros del CAS abordaron precisamente esta cuestión en relación con regulaciones que se estaban discutiendo en la Unión Europea. Según el IICA, los ministros sostuvieron que las decisiones sobre límites de residuos y tolerancias de importación deben estar respaldadas por evaluaciones científicas de riesgo.
La discusión resulta relevante para las exportaciones sudamericanas porque un cambio en los requisitos de un mercado internacional puede obligar a productores y exportadores a modificar tratamientos, procesos de producción y sistemas de control.
IICA: información sobre límites máximos de residuos y comercio agroalimentario
¿Qué productos pueden beneficiarse?
La coordinación sanitaria tiene especial importancia para las frutas y hortalizas frescas, debido a que se trata de productos perecederos y sensibles a los tiempos de transporte.
Entre los productos sometidos a requisitos fitosanitarios específicos dentro del comercio regional se encuentran frutas como:
- Ciruelas.
- Duraznos.
- Nectarinas.
- Damascos.
- Mangos.
- Papayas.
- Cerezas.
- Peras.
- Manzanas.
- Cítricos.
La propia normativa del Mercosur contiene estándares específicos para diferentes especies y establece requisitos según el origen y destino de la mercancía.
Para los productores, contar con reglas claras puede facilitar la planificación de las cosechas y de las operaciones de exportación. Para los importadores, disponer de procedimientos previsibles permite conocer con anticipación qué certificados, tratamientos y controles serán necesarios.
La cadena de frío y la documentación siguen siendo fundamentales
Aunque exista una mayor armonización sanitaria, el traslado de alimentos frescos continúa dependiendo de una infraestructura logística adecuada.
Una fruta puede cumplir los requisitos fitosanitarios y, aun así, perder calidad si permanece demasiado tiempo detenida en una frontera o si no se mantienen las condiciones apropiadas de transporte.
Por ello, la facilitación del comercio debe complementarse con carreteras, pasos fronterizos, centros de inspección, sistemas de trazabilidad, almacenamiento refrigerado y mecanismos de intercambio electrónico de documentación.
En el ámbito del Mercosur ya existen normas destinadas a establecer procedimientos de control sanitario para la preparación, acondicionamiento, almacenamiento y distribución de alimentos en puertos, aeropuertos, terminales internacionales y pasos fronterizos terrestres.
Esto permite entender que la política sanitaria y la logística están estrechamente relacionadas.
Un proceso que todavía requiere implementación
Aunque durante 2026 se han registrado avances, la construcción de un sistema sanitario regional completamente integrado todavía requiere trabajo.
Las autoridades deben actualizar normas, incorporar disposiciones a las legislaciones nacionales cuando corresponda, capacitar a los funcionarios, mejorar los sistemas de información y mantener una vigilancia constante sobre las plagas y enfermedades.
Un ejemplo es la normativa de Mercosur aprobada en mayo de 2026 para el ciruelo, que aparece en el sistema oficial con la indicación de que requiere incorporación por parte de los Estados Parte y que todavía no registra entrada en vigencia.
Esto significa que la aprobación de una norma regional no necesariamente equivale a su aplicación inmediata en todos los países.
El desafío: facilitar el comercio sin reducir la protección sanitaria
El reto para el Cono Sur consiste en avanzar hacia reglas más compatibles sin debilitar los controles que protegen a productores, consumidores y ecosistemas.
La cooperación frente a la mosca de la fruta muestra precisamente esa lógica: mientras más coordinados estén los sistemas de vigilancia, mayor capacidad existe para detectar una amenaza rápidamente y evitar que se extienda a otros territorios.
Al mismo tiempo, la existencia de requisitos sanitarios previsibles puede facilitar que las empresas conozcan las condiciones de acceso a los mercados regionales y reduzcan demoras derivadas de procedimientos diferentes.
El Mercosur sostiene que las medidas sanitarias y fitosanitarias deben estar orientadas a proteger la salud humana, animal y vegetal y, al mismo tiempo, evitar restricciones injustificadas al comercio.
Un mercado regional con mayor coordinación
Los avances de 2026 muestran que la integración agroalimentaria del Cono Sur no depende únicamente de acuerdos comerciales o de la reducción de aranceles. También requiere que los organismos sanitarios puedan trabajar con criterios compatibles.
En ese camino, los trabajos de COSAVE frente a la mosca de la fruta, las discusiones del CAS y la actualización de estándares fitosanitarios del Mercosur forman parte de un mismo desafío: hacer más previsible el intercambio regional de productos agroalimentarios sin poner en riesgo la sanidad vegetal, animal ni la seguridad de los alimentos.
Por ahora, el proceso continúa mediante nuevas normas, proyectos técnicos y mecanismos de cooperación. La meta es que las diferencias regulatorias entre países no se conviertan en obstáculos innecesarios para el comercio, mientras se mantienen los controles necesarios para impedir la propagación de plagas y enfermedades.
En otras palabras, los llamados acuerdos sanitarios no significan fronteras sin controles, sino una búsqueda de mayor coordinación entre las autoridades que deben garantizar que los alimentos frescos puedan circular de forma segura y bajo reglas conocidas por productores, exportadores e importadores.