La química de los océanos está cambiando y uno de los procesos que más preocupa a los científicos es la acidificación oceánica, un fenómeno relacionado directamente con el aumento de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera. Aunque el término puede llevar a pensar que los mares se están convirtiendo literalmente en ambientes ácidos, lo que ocurre en realidad es una disminución progresiva de su pH: el agua marina continúa siendo alcalina, pero cada vez lo es menos.
Este proceso resulta especialmente relevante para los organismos que construyen estructuras de carbonato de calcio, entre ellos numerosos moluscos. Sus conchas dependen de una química marina adecuada para crecer y mantenerse, por lo que cualquier alteración prolongada en la disponibilidad de carbonatos puede representar un desafío fisiológico.
En este contexto, un equipo de investigadores de instituciones de Estados Unidos y Reino Unido estudió cómo diferentes especies de bivalvos del Atlántico noroccidental, particularmente de la región del golfo de Maine, responden a distintas condiciones de pH y temperatura. Los resultados, publicados en noviembre de 2024 en la revista científica PLOS Climate, muestran que la respuesta no es igual para todas las especies y que el efecto de la acidificación debe analizarse junto con otros factores ambientales.
Un océano que absorbe cada vez más CO₂
La acidificación oceánica tiene su origen principalmente en la absorción de dióxido de carbono atmosférico por parte del océano. Una parte importante del CO₂ adicional producido por las actividades humanas termina entrando en las aguas marinas. Al reaccionar con el agua, el dióxido de carbono modifica el equilibrio químico del océano y aumenta la concentración de iones de hidrógeno, provocando una reducción del pH.
De acuerdo con el estudio publicado en PLOS Climate, aproximadamente un tercio del exceso de CO₂ liberado a la atmósfera desde el comienzo de la era industrial ha sido absorbido por los océanos. Como consecuencia, el pH medio global del océano ha disminuido aproximadamente 0,1 unidades desde alrededor de 1800. Aunque pueda parecer una variación pequeña, la escala de pH es logarítmica, por lo que los cambios relativamente reducidos pueden representar modificaciones importantes en la química marina.
Además, la acidificación no solo implica una reducción del pH. También disminuye la disponibilidad de iones carbonato y reduce el estado de saturación de minerales como la calcita y la aragonita, formas de carbonato de calcio utilizadas por numerosos organismos marinos para construir sus estructuras duras.
Cuando estas condiciones se vuelven suficientemente desfavorables, la formación y mantenimiento de conchas puede resultar más difícil.
¿Por qué las conchas son tan importantes?
Los bivalvos, como almejas, mejillones y vieiras, construyen sus conchas principalmente a partir de carbonato de calcio. Esta estructura cumple funciones esenciales: protege los tejidos blandos del animal, proporciona soporte físico y actúa como una barrera frente a determinadas condiciones ambientales.
El problema aparece cuando cambia la química del agua que rodea al organismo.
La formación de carbonato de calcio depende, entre otras variables, de la disponibilidad de carbonato en el agua. Con una mayor concentración de CO₂ disuelto, el equilibrio químico favorece una mayor cantidad de bicarbonato y una menor disponibilidad relativa de carbonato. Esto puede dificultar la biomineralización en determinados organismos.
Sin embargo, no todos los moluscos responden de la misma manera. La fisiología, la edad, la especie, la alimentación, la temperatura y las características locales del agua pueden modificar considerablemente la respuesta.
Precisamente esa diversidad de respuestas fue uno de los aspectos centrales del estudio realizado en el Atlántico noroccidental.
Cuatro especies sometidas a diferentes condiciones
Los investigadores analizaron cuatro especies de bivalvos de importancia ecológica y comercial:
- Mercenaria mercenaria, conocida como almeja dura o hard-shell clam.
- Mya arenaria, conocida como almeja de caparazón blando.
- Arctica islandica, conocida como ocean quahog o almeja oceánica.
- Placopecten magellanicus, la vieira marina del Atlántico.
El experimento incluyó individuos juveniles y, en el caso de Arctica islandica, también ejemplares adultos.
Los animales fueron mantenidos durante 20,5 semanas bajo diferentes combinaciones de temperatura y pH. Los investigadores utilizaron cuatro condiciones de pH: 7,4, 7,6, 7,8 y aproximadamente 8,0, además de tres temperaturas: 6, 9 y 12 °C.
El diseño permitió comparar simultáneamente los efectos de la acidificación y del calentamiento sobre especies pertenecientes al mismo grupo biológico y procedentes de una misma región. Según los autores, se trató de la primera comparación directa de estas cuatro especies bajo condiciones combinadas de acidificación oceánica y temperatura dentro de un mismo experimento.
El resultado más importante: la respuesta no fue uniforme
Uno de los hallazgos más interesantes es que el descenso del pH no provocó una reducción estadísticamente significativa del crecimiento de las conchas en las cuatro especies estudiadas.
El crecimiento, medido mediante el cambio en la altura máxima de la concha, estuvo más relacionado con la temperatura: los ejemplares mantenidos en condiciones más cálidas mostraron mayores tasas de crecimiento.
Esto es importante porque demuestra que no sería correcto afirmar simplemente que «un océano más ácido hace que todas las conchas se vuelvan más pequeñas». La realidad es más compleja.
Los investigadores encontraron diferencias importantes entre las especies, lo que apunta a que algunos moluscos podrían presentar una mayor capacidad de tolerancia frente a determinadas condiciones de acidificación que otros.
Cambios visibles en las conchas
Aunque el crecimiento no mostró una relación estadísticamente significativa con el pH, sí apareció otro efecto llamativo.
Los ejemplares juveniles de Mya arenaria y Mercenaria mercenaria presentaron un aclaramiento del color de sus conchas cuando fueron expuestos a niveles de pH más bajos.
Los investigadores relacionaron este fenómeno con la pérdida del periostraco, una capa orgánica que recubre externamente la concha y que puede contribuir a su protección y apariencia.
Por tanto, el impacto de las condiciones de acidificación no necesariamente tiene que manifestarse inmediatamente como una reducción del tamaño de la concha. Puede aparecer mediante modificaciones en su superficie, estructura, composición o características físicas.
El calentamiento también importa
La investigación resulta especialmente relevante porque no estudió la acidificación de forma aislada.
El océano está experimentando simultáneamente múltiples cambios: aumento de las temperaturas, modificaciones en la química del agua, pérdida de oxígeno en algunas zonas y otros impactos derivados de las actividades humanas.
El golfo de Maine, donde se concentra buena parte del contexto ecológico del estudio, es considerado una región especialmente vulnerable. Los autores señalan que las temperaturas superficiales del mar en esta zona están aumentando más rápidamente que en más del 99 % del océano mundial. Además, el registro de temperatura de Boothbay Harbor muestra un incremento de más de 2,1 °C desde el inicio de las mediciones en 1905.
Esta situación es importante porque un organismo marino no experimenta necesariamente «acidificación» por un lado y «calentamiento» por otro. En la naturaleza, ambos factores pueden ocurrir simultáneamente y combinarse con cambios en salinidad, disponibilidad de alimento, oxígeno y circulación oceánica.
El Atlántico Norte es especialmente relevante
El Atlántico noroccidental posee una enorme importancia ecológica y económica. El golfo de Maine, por ejemplo, alberga una elevada productividad marina y sostiene poblaciones de peces y organismos de importancia comercial.
Las características de la región también hacen que la química del agua pueda ser particularmente variable.
El pH puede cambiar debido a factores como la circulación oceánica, la entrada de agua dulce, la actividad biológica y la productividad de los ecosistemas costeros. Por esa razón, una medición puntual del pH no necesariamente representa las condiciones que experimenta un organismo durante todo su ciclo de vida.
La influencia combinada de las corrientes cálidas provenientes del sur y las aguas frías asociadas con el sistema de la corriente de Labrador también contribuye a la complejidad oceanográfica de la zona.
¿Significa esto que la acidificación oceánica no representa una amenaza?
No.
Ese sería uno de los principales errores de interpretación de los resultados.
El estudio no demuestra que la acidificación oceánica sea inofensiva para los moluscos. Lo que demuestra es que sus efectos pueden variar considerablemente entre especies y dependiendo de las condiciones ambientales.
Investigaciones anteriores ya habían encontrado efectos negativos de la acidificación sobre diferentes organismos calcificadores. Por ejemplo, experimentos con poblaciones del Atlántico Norte de almejas, ostras, vieiras y mejillones han mostrado que concentraciones elevadas de CO₂ pueden reducir el crecimiento de la concha y/o del tejido en determinadas condiciones.
Además, una evaluación publicada por el programa de acidificación oceánica de NOAA en 2025 concluyó que la acidificación ya ha comprometido una parte importante de las condiciones de saturación de aragonita en el océano mundial, afectando potencialmente los hábitats adecuados para organismos calcificadores como ostras, mejillones, cangrejos, corales y pterópodos.
Por ello, el mensaje científico no es que el problema haya desaparecido, sino que es necesario entender qué especies son más vulnerables, cuáles tienen mayor capacidad de adaptación y cómo interactúan la acidificación con el calentamiento y otros factores ambientales.
El pH no cuenta toda la historia
Otro aspecto fundamental es que utilizar únicamente el pH para describir la acidificación puede resultar insuficiente.
Los científicos también analizan variables como la concentración de carbono inorgánico disuelto, la alcalinidad y el estado de saturación de minerales como la calcita y la aragonita.
Esto es importante porque la capacidad de un organismo para formar una concha depende de todo el sistema de carbonatos del agua y no exclusivamente de un número de pH.
En este sentido, los investigadores depositaron los datos experimentales en PANGAEA, incluyendo mediciones de pH, carbono inorgánico disuelto, alcalinidad y estados de saturación de aragonita y calcita.
Nuevas investigaciones continúan examinando las conchas
La investigación sobre este tema no terminó con el estudio de 2024.
En 2026 se publicó otro trabajo experimental centrado en las mismas cuatro especies de bivalvos del Atlántico noroccidental. En esta ocasión, los investigadores analizaron los isótopos de boro presentes en las conchas para estudiar la relación entre el pH del agua, la temperatura y los procesos de formación de la concha.
El experimento volvió a utilizar condiciones de pH entre 7,4 y 8,0 y temperaturas entre 6 y 12 °C, y analizó muestras de 99 individuos. Este tipo de investigación busca comprender mejor cómo las conchas registran las condiciones químicas experimentadas durante su formación y hasta qué punto pueden utilizarse como archivos naturales de cambios ambientales.
Esto demuestra que el estudio de las conchas va mucho más allá de observar si crecen más o menos. Su composición química puede contener información sobre las condiciones ambientales en las que vivieron los animales.
Una advertencia para las pesquerías y la alimentación
La importancia de estas investigaciones no se limita al ámbito académico.
Numerosas especies de bivalvos tienen un valor comercial considerable y forman parte de las cadenas alimentarias marinas. Si determinadas especies experimentan dificultades para crecer, reproducirse o mantener sus estructuras calcáreas bajo condiciones ambientales futuras, las consecuencias podrían extenderse desde los ecosistemas hasta las actividades pesqueras y acuícolas.
Sin embargo, todavía sería prematuro utilizar este estudio concreto para predecir una disminución determinada de la producción de mariscos. El experimento se realizó bajo condiciones controladas y durante un período específico, mientras que los ecosistemas naturales presentan fluctuaciones mucho más complejas.
Los propios autores destacan la necesidad de continuar investigando las respuestas individuales de las especies y sus implicaciones para la salud y el manejo de las poblaciones de bivalvos.
Un océano cambiante exige respuestas más específicas
La principal conclusión que deja esta investigación es que no existe una única respuesta de los moluscos ante la acidificación oceánica.
Algunas especies pueden mostrar cambios en sus conchas, mientras que otras pueden mantener su crecimiento bajo determinadas condiciones. La temperatura puede ejercer una influencia incluso mayor sobre algunos parámetros de crecimiento, y factores como la edad del animal pueden modificar su vulnerabilidad.
Esta diversidad hace necesario abandonar las explicaciones demasiado simples y estudiar los ecosistemas marinos como sistemas en los que múltiples variables interactúan al mismo tiempo.
La acidificación oceánica continúa siendo una consecuencia importante del aumento del CO₂ atmosférico. Desde el comienzo de la era industrial, el pH promedio del océano ha disminuido alrededor de 0,1 unidades y los modelos científicos prevén una mayor disminución durante este siglo dependiendo de la trayectoria futura de las emisiones.
Para los científicos, comprender qué especies pueden resistir mejor estos cambios y cuáles son más vulnerables será fundamental para anticipar las transformaciones que podrían experimentar los ecosistemas del Atlántico Norte durante las próximas décadas.
En otras palabras, las conchas de los moluscos están ofreciendo una ventana para observar un cambio mucho mayor: la transformación progresiva de la química del océano y sus posibles consecuencias para la vida marina.
Una precisión importante sobre la noticia
La investigación que sustenta esta nota no fue presentada originalmente como un «informe» sobre la desaparición o destrucción de las conchas, sino como un artículo científico revisado por pares, publicado el 4 de noviembre de 2024 en PLOS Climate, bajo el título Contrasting responses of commercially important Northwest Atlantic bivalve species to ocean acidification and temperature conditions. El equipo incluyó investigadores vinculados a instituciones de Estados Unidos y Reino Unido.
Esta precisión es importante para mantener la noticia fiel a la evidencia: el estudio sí investigó el efecto de diferentes niveles de pH sobre moluscos del Atlántico Norte, pero sus resultados no permiten afirmar que la acidificación haya provocado una reducción generalizada del tamaño de sus conchas. De hecho, el crecimiento no estuvo significativamente asociado al pH en las cuatro especies estudiadas, aunque sí se observaron cambios de coloración en las conchas de dos grupos juveniles.