La controversia alrededor de la ceremonia de posesión del presidente electo Abelardo de la Espriella dio un giro este martes luego de que el mandatario entrante desistiera de su propuesta inicial de jurar el cargo en una guarnición militar. En su lugar, solicitó al Congreso de la República que la sesión solemne del próximo 7 de agosto se realice en la ciudad de Cali, dejando atrás la insistencia en utilizar una instalación del Ejército o de la Policía como escenario del acto protocolario.
La decisión representa un cambio significativo frente a una de las propuestas más debatidas durante la transición presidencial, ya que la posibilidad de realizar la posesión en un recinto militar había generado fuertes cuestionamientos desde distintos sectores políticos, académicos y jurídicos.
El cambio de postura
A través de un mensaje público, De la Espriella pidió a la Cámara de Representantes convocar la sesión de posesión en Cali, ciudad que reemplazaría la idea inicial de realizar la ceremonia en Popayán y, especialmente, dentro de una guarnición militar.
Aunque mantiene la intención de visitar la Base Aérea Marco Fidel Suárez como parte de una agenda simbólica relacionada con su política de seguridad, el presidente electo dejó de insistir en que el acto oficial de juramento tenga lugar dentro de instalaciones militares.
¿Por qué era polémica la propuesta?
La Constitución colombiana establece que el presidente debe prestar juramento ante el Congreso de la República. Aunque la ley permite que, de manera excepcional, la ceremonia pueda realizarse fuera del Capitolio si ambas cámaras lo aprueban, nunca había existido una propuesta para efectuarla dentro de una instalación militar.
Diversos constitucionalistas señalaron que, aunque el presidente es el comandante supremo de las Fuerzas Militares una vez asume el cargo, el poder presidencial tiene naturaleza civil. En consecuencia, celebrar la posesión en un cuartel podía interpretarse como un mensaje de militarización del poder político.
La negativa del Gobierno saliente
Uno de los principales obstáculos para la propuesta fue la posición del presidente saliente, Gustavo Petro, quien reiteró que mientras permaneciera en el cargo no autorizaría el uso de ninguna instalación militar para una ceremonia de posesión presidencial.
Incluso ordenó que ninguna guarnición iniciara preparativos logísticos relacionados con el evento, argumentando que las Fuerzas Militares continúan bajo su mando hasta el momento exacto en que finalice su mandato constitucional.
El papel del Congreso
Días antes del cambio de postura, el Senado había aprobado trasladar la ceremonia desde Bogotá hacia el departamento del Cauca, aunque la decisión todavía requería el aval de la Cámara de Representantes.
Tras el anuncio de De la Espriella, la discusión cambió de rumbo y ahora la propuesta es que la sesión solemne tenga lugar en Cali, manteniendo el cumplimiento de los requisitos constitucionales para que el Congreso sesione fuera de la capital.
Cali toma protagonismo
La elección de Cali también tiene una carga simbólica.
El presidente electo ha explicado que desea resaltar la lucha contra el narcotráfico y los grupos armados ilegales, por lo que prevé desarrollar actividades relacionadas con la seguridad durante su visita a la capital del Valle del Cauca.
Autoridades regionales, entre ellas el alcalde Alejandro Eder y la gobernadora Dilian Francisca Toro, manifestaron su disposición para recibir la ceremonia en escenarios civiles representativos de la ciudad.
Reacciones políticas divididas
Aunque el cambio fue recibido positivamente por algunos sectores que cuestionaban la utilización de una base militar, la controversia política no terminó.
El Pacto Histórico, partido del presidente saliente Gustavo Petro, anunció que no asistirá a la posesión presidencial. Sus dirigentes sostienen cuestionamientos sobre la legitimidad política del nuevo gobierno y anunciaron movilizaciones pacíficas durante la jornada del 7 de agosto.
Por su parte, partidos cercanos al nuevo mandatario consideran que el traslado a un escenario civil permite superar un debate institucional sin modificar el simbolismo que De la Espriella pretende imprimir al inicio de su administración.
Un gesto para reducir la tensión institucional
Analistas consideran que abandonar la idea de una posesión en una guarnición militar ayuda a disminuir una controversia que había escalado durante las últimas semanas entre el gobierno saliente y el entrante.
El cambio también evita un posible conflicto institucional derivado del control administrativo de las instalaciones militares y facilita que la ceremonia se desarrolle bajo los parámetros constitucionales tradicionales, aunque fuera de Bogotá.
Lo que viene
La Cámara de Representantes deberá definir oficialmente el lugar donde sesionará para la ceremonia del próximo 7 de agosto. Si aprueba la propuesta presentada, Cali será la sede del acto de posesión presidencial.
Mientras tanto, De la Espriella mantiene su intención de desarrollar actividades relacionadas con su estrategia de seguridad durante esa jornada, aunque el juramento oficial se realizaría en un escenario civil y no en una guarnición militar, poniendo fin a uno de los debates políticos más intensos del periodo de transición presidencial.