En Pasto parece que algunos conductores, especialmente los de motos, creen que las señales de tránsito son simples sugerencias decorativas. El semáforo en rojo se ha convertido, para más de uno, en una invitación a acelerar en lugar de detenerse. Esta conducta, además de imprudente, resulta profundamente irresponsable, pues pone en riesgo no solo la vida del conductor, sino también la de peatones y otros actores viales. No es raro ver cómo esquivan vehículos, invaden carriles y cruzan intersecciones sin el más mínimo respeto por las normas. Luego, cuando ocurre un accidente, aparecen las lamentaciones. La cultura vial no puede seguir siendo un chiste mal contado. Respetar las señales no es opcional, es una obligación. Antes de que ocurra una tragedia, sería bueno que más de uno entienda que la calle no es pista de carreras.

INSEGURIDAD EN EL MERCADO

El mercado del Potrerillo en Pasto, que debería ser un lugar de encuentro y abastecimiento, se ha ido transformando poco a poco en escenario de situaciones preocupantes. Los robos y atracos parecen estar a la orden del día, afectando especialmente a las amas de casa que acuden con esfuerzo a hacer sus compras. Entre el bullicio y el movimiento, los delincuentes encuentran el ambiente perfecto para actuar con rapidez y desaparecer sin dejar rastro. Lo más irónico es que mientras unos buscan el sustento diario, otros aprovechan para arrebatárselo. La sensación de inseguridad crece, y con ella el temor de quienes solo quieren comprar tranquilos. Urge mayor presencia de autoridades y control en la zona. De lo contrario, este tradicional espacio seguirá perdiendo su esencia, convirtiéndose en un lugar donde la desconfianza pesa más que las bolsas del mercado.

LIMOSNEROS AL POR MAYOR

El centro de Pasto, especialmente en los alrededores de la Plaza de Nariño, se ha convertido en un verdadero desfile de hombres y mujeres que, desde que sale el sol, se dedican a pedir dinero sin descanso. Tomarse un café tranquilo se ha vuelto casi una misión imposible, pues siempre aparece alguien extendiendo la mano. Ya no basta con la buena voluntad: ahora toca salir con los bolsillos llenos de monedas para poder “sobrevivir” al recorrido. Lo más preocupante es que algunos no aceptan un “no” como respuesta y reaccionan con actitudes agresivas o insistentes. La situación, más que generar solidaridad, empieza a causar incomodidad y tensión. Si bien es claro que hay necesidades reales, también es evidente que el desorden ha tomado ventaja, afectando la tranquilidad de propios y visitantes en pleno corazón de la ciudad.

EL LLAMADO DE LA COMUNIDAD

Habitantes del barrio Santiago en Pasto, especialmente en el entorno del parque, vienen expresando su creciente preocupación por lo que ocurre en horas de la noche. Lo que antes era un espacio familiar y tranquilo, ahora parece estar siendo ocupado por personas que consumen licor y sustancias alucinógenas sin ningún tipo de control. Entre risas escandalosas, música a alto volumen y comportamientos sospechosos, la sensación de inseguridad aumenta. Los vecinos, con razón, sienten que su calidad de vida se está deteriorando. Salir en la noche ya no es lo mismo, y el temor empieza a reemplazar la tranquilidad que caracterizaba al sector. Este llamado no es una exageración de PEDRO BOMBO, es una advertencia. Si no se toman medidas oportunas, este tradicional rincón de la ciudad podría seguir perdiendo su esencia, dejando a la comunidad atrapada entre el abandono y la inseguridad.