La promesa de un cuerpo «perfecto» a bajo costo y en tiempo récord se ha convertido en la peor pesadilla para miles de personas. Las llamadas «cirugías de garaje» —procedimientos estéticos realizados en apartamentos, peluquerías o locales comerciales sin ninguna licencia médica— siguen cobrando vidas y dejando secuelas irreparables en la salud de quienes caen en estas redes de falsos profesionales.

Detrás de las atractivas ofertas que inundan las redes sociales se esconde un negocio clandestino que evade todos los controles sanitarios, utilizando insumos de dudosa procedencia y operando en condiciones higiénicas deplorables.

Los tres enemigos invisibles de las salas clandestinas

Los expertos de la salud y las autoridades sanitarias insisten en que someterse a estos procedimientos clandestinos es jugar a la ruleta rusa con la vida. Los mayores riesgos se concentran en tres factores críticos:

  • Sustancias letales (Biopolímeros): En lugar de ácido hialurónico o implantes certificados, en estos lugares se suelen inyectar sustancias nocivas como silicona industrial, aceite de cocina, vaselina o parafina. Estos productos migran por el cuerpo, destruyen los tejidos y pueden causar la muerte por embolia o infecciones severas, incluso años después de la aplicación.
  • Falta absoluta de asepsia: Al no contar con un quirófano esterilizado, el riesgo de contraer bacterias multirresistentes es altísimo. Una simple inyección puede derivar en una sepsis (infección generalizada) que comprometa órganos vitales en cuestión de horas.
  • Personal no calificado: Quienes realizan estas intervenciones suelen ser esteticistas sin formación médica, odontólogos empíricos o personas totalmente ajenas al sector salud que aprendieron las técnicas viendo videos en internet. Ante una complicación o un paro cardiorrespiratorio durante el procedimiento, carecen de los equipos de reanimación y del conocimiento para reaccionar.