Mientras el país avanza en la expansión de las energías renovables y acelera su apuesta por la transición energética, un desafío menos visible comienza a ganar relevancia dentro del sector: la calidad de los materiales que harán posible la electrificación del futuro.
Aunque el debate suele concentrarse en la incorporación de nuevas fuentes de generación, expertos advierten que la sostenibilidad y confiabilidad del sistema dependerán también de la calidad de la infraestructura y de los materiales que hacen posible el uso seguro de la energía en hogares, comercios e industrias. En este contexto, la falsificación de productos eléctricos continúa siendo una preocupación para el sector, especialmente en las etapas finales de la electrificación donde estos materiales son utilizados directamente por usuarios e instaladores.
De acuerdo con especialistas del sector, la comercialización de cables y materiales eléctricos que incumplen los estándares técnicos no solo representa una afectación económica para el mercado. También puede generar fallas prematuras, riesgos de seguridad, interrupciones en el servicio y afectaciones en instalaciones residenciales, comerciales e industriales, comprometiendo la confiabilidad de la infraestructura que soporta el consumo energético diario.
«Cuando hablamos de transición energética solemos pensar en energía solar, eólica o nuevas tecnologías de generación. Sin embargo, pocas veces hablamos de la infraestructura que permite que esa energía llegue de manera segura y eficiente a hogares, industrias y territorios. La calidad de los materiales es un factor crítico para garantizar la confiabilidad del sistema y proteger las inversiones que Colombia está realizando para modernizar su matriz energética», afirma Nathalia Rojas, Gerente de Marketing para Suramérica de Centelsa by Nexans.
La alerta cobra especial importancia en un momento en el que Colombia enfrenta el reto de ampliar su capacidad energética, fortalecer sus redes eléctricas y responder a una demanda que continuará creciendo en los próximos años. Si bien la falsificación no afecta directamente las redes de transmisión y distribución de energía, sí representa un desafío para la etapa final de la electrificación, donde la calidad de los materiales resulta determinante para garantizar instalaciones seguras, eficientes y alineadas con los objetivos de la transición energética.
Frente a este panorama, compañías del sector han fortalecido mecanismos de trazabilidad, autenticación y control que permiten verificar el origen de los productos y ofrecer mayores garantías a distribuidores, instaladores y usuarios finales. Estos esfuerzos se complementan con iniciativas de sensibilización y trabajo conjunto con autoridades y organismos técnicos para promover una cultura de compra responsable y combatir la comercialización de productos irregulares.
La transición energética requiere infraestructura confiable. Cada componente que hace parte de una instalación eléctrica tiene un impacto directo sobre la seguridad de las personas, el desempeño de los proyectos y la estabilidad del sistema. Por eso, avanzar en electrificación también implica fortalecer la confianza en los materiales que la hacen posible, es por esto que combatir la falsificación se convierte en una condición necesaria para construir un sistema energético más seguro, sostenible y preparado para el futuro.
En un contexto donde Colombia busca consolidar una matriz energética más limpia, resiliente y competitiva, la conversación sobre calidad, seguridad y trazabilidad adquiere una nueva dimensión. Porque si la transición energética será uno de los grandes motores del desarrollo del país, garantizar que la energía llegue a hogares, comercios e industrias a través de instalaciones seguras y materiales confiables será tan importante como aumentar la capacidad de generación o expandir las redes eléctricas.
