En vísperas de la celebración del Día de la Madre, millones de flores cultivadas en Colombia emprenden un viaje que atraviesa fronteras para llegar a manos de madres en distintos rincones del mundo, consolidando al país como uno de los principales exportadores florales a nivel global.
Desde las sabanas de la Sabana de Bogotá y los fértiles campos de Antioquia, se cultivan especies como rosas, claveles y crisantemos que son altamente demandadas en mercados internacionales, especialmente en Estados Unidos y Europa. Estas flores son cosechadas cuidadosamente y sometidas a estrictos controles de calidad antes de iniciar su recorrido.
El proceso logístico es una carrera contra el tiempo. Una vez cortadas, las flores son refrigeradas y transportadas en camiones especializados hacia aeropuertos como el Aeropuerto Internacional El Dorado, desde donde parten en vuelos de carga hacia destinos internacionales. En menos de 48 horas, pueden pasar del cultivo al florero de una familia.
La industria floricultora colombiana, que genera miles de empleos directos e indirectos, intensifica su producción en esta temporada para responder a la alta demanda. Según cifras del sector, el volumen de exportaciones puede aumentar significativamente en las semanas previas a esta celebración, convirtiéndose en uno de los picos más importantes del año.
Expertos destacan que el éxito de este negocio radica en la combinación de condiciones climáticas favorables, experiencia en el cultivo y una infraestructura logística eficiente. Además, el sector ha avanzado en prácticas sostenibles para reducir su impacto ambiental y mejorar las condiciones laborales.
Así, cada ramo que llega a una madre en el exterior lleva consigo no solo belleza y color, sino también el esfuerzo de miles de trabajadores colombianos que hacen posible que estas flores crucen el mundo en tiempo récord.