Un libro reciente elaborado por investigadores de la Universidad ICESI advierte que algunas de las plantas medicinales y “aromáticas” más usadas tradicionalmente para tratar enfermedades —como diabetes, hipertensión u obesidad— pueden tener interacciones con medicamentos.

Origen del estudio

La idea surgió durante los años de formación de la doctora Alejandra Jerez, cuando descubrió que el conocimiento tradicional de comunidades indígenas sobre plantas medicinales —difundido por “taitas” y sabedores— podía tener implicaciones médicas reales. Junto a su equipo en la Universidad ICESI, revisaron las plantas más utilizadas en mercados de la ciudad de Cali, consultando a vendedores de hierbas medicinales para recopilar su uso tradicional.

Con esa información, identificaron qué plantas se usan habitualmente para combatir el llamado “síndrome metabólico” y estudiaron sus principios activos —muchos con suficiente evidencia farmacológica— para analizar cómo podrían interactuar con fármacos prescritos.

Hallazgos: no todas son seguras

El resultado del análisis es claro: aunque muchas hierbas tienen efectos potencialmente beneficiosos, su uso indiscriminado —especialmente en combinación con medicinas convencionales— requiere precaución. Algunas pueden:

  • Mejorar tratamientos y ayudar en adherencia — pero otras pueden interferir con medicamentos.
  • Generar efectos adversos cuando se combinan con fármacos.

El objetivo del libro no es desalentar el uso de plantas medicinales, sino ofrecer evidencia que permita a médicos y pacientes orientar su consumo de forma segura.

Integrar dos saberes: tradición y medicina científica

Para los investigadores, el gran reto —y oportunidad— es cerrar la brecha entre la medicina tradicional y la ciencia moderna. Muchas medicinas actuales provienen de plantas, y la biodiversidad de Colombia podría esconder compuestos valiosos aún por estudiar.

Este tipo de investigaciones permiten reconocer el valor de la tradición —pero con rigor científico—, especialmente en regiones donde el acceso a la medicina convencional es limitado.

 

“El té de la abuela” —o la aromática casera— puede seguir siendo una opción válida para el bienestar, siempre que se use con conciencia. No se puede asumir que lo “natural” sea automáticamente inocuo, sobre todo si la persona está bajo tratamiento médico. Lo ideal: consultar con un profesional de salud, especialmente si se consume regularmente o hay enfermedades crónicas.