Suiza ha convertido el seguimiento de sus glaciares en una tarea científica de largo plazo ante la aceleración de la pérdida de hielo. El Gran Glaciar Aletsch, el mayor de los Alpes, ocupa un lugar central en estas investigaciones. Las mediciones actuales combinan observaciones de campo, sistemas de posicionamiento, imágenes aéreas, sensores remotos y datos satelitales para determinar cuánto hielo se pierde y cómo está cambiando el glaciar.
El retroceso de los glaciares suizos dejó de ser un fenómeno observado únicamente a través de fotografías históricas. En la actualidad, científicos utilizan diferentes tecnologías para medir con precisión cambios en la superficie, el espesor, el movimiento del hielo, la cobertura de nieve y las condiciones térmicas que pueden favorecer el derretimiento.
El Aletsch constituye uno de los principales puntos de interés. Situado en los Alpes berneses, forma parte de la región Jungfrau-Aletsch, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, y representa una de las mayores reservas de hielo de los Alpes.
Sin embargo, hay una precisión importante sobre la información que circula alrededor de esta investigación: no se encuentra confirmación pública suficientemente sólida de que durante el verano de 2026 científicos suizos hayan desplegado específicamente drones con cámaras térmicas sobre el Gran Glaciar Aletsch como una nueva campaña anunciada con esas características. Lo que sí está documentado es el uso de drones y sensores térmicos en investigaciones glaciológicas de los Alpes suizos, además de campañas de observación aérea sobre el Aletsch. Por eso, el contexto tecnológico y científico de este tipo de monitoreo es real, aunque no sería correcto presentar como confirmado un despliegue concreto que las fuentes disponibles no documentan.
Un glaciar que funciona como indicador del cambio climático
El Gran Glaciar Aletsch es especialmente importante para la investigación climática debido a sus dimensiones y a la cantidad de información que se ha acumulado sobre él durante décadas.
La red Glacier Monitoring Switzerland (GLAMOS) realiza un seguimiento sistemático de los cambios de los glaciares suizos. El programa es operado conjuntamente por la ETH de Zúrich y las universidades de Friburgo y Zúrich, con apoyo de instituciones federales y científicas. Su objetivo es documentar cambios a largo plazo en superficie, longitud y balance de masa de los glaciares.
El Aletsch también ha sido objeto de diferentes campañas de observación aérea. En 2021, por ejemplo, investigadores del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) realizaron una campaña sobre el glaciar utilizando un sistema de cámaras fotogramétricas instalado en una aeronave. El objetivo era obtener imágenes de alta resolución y estudiar cambios en la nieve y en la masa glaciar mediante la combinación de observaciones aéreas y satelitales.
Esto demuestra que la vigilancia del Aletsch no depende de una sola tecnología. Los investigadores construyen una imagen del glaciar combinando diferentes fuentes de información.
¿Por qué utilizar drones para estudiar un glaciar?
Los drones ofrecen una ventaja fundamental: permiten obtener información extremadamente detallada de zonas que son difíciles y peligrosas de recorrer directamente.
En un glaciar pueden existir grietas, pendientes pronunciadas, corrientes de agua y superficies inestables. Un vehículo aéreo no tripulado puede recorrer determinadas zonas sin exponer a los investigadores al mismo nivel de riesgo.
Además, las imágenes obtenidas pueden utilizarse para construir modelos tridimensionales de la superficie. Al repetir los vuelos en diferentes fechas, los científicos pueden comparar los modelos y detectar modificaciones.
Entre los elementos que pueden estudiarse se encuentran:
- Cambios en la superficie del hielo.
- Retroceso de los frentes glaciares.
- Formación y evolución de grietas.
- Canales de agua de deshielo.
- Zonas cubiertas por nieve.
- Hielo limpio y hielo oscurecido.
- Material rocoso y sedimentos sobre el glaciar.
- Cambios en la topografía.
- Desplazamiento del hielo.
El Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal, de la Nieve y del Paisaje (WSL/SLF) también trabaja con drones y diferentes sensores para investigar terrenos alpinos. Sus investigaciones combinan información obtenida mediante plataformas terrestres, aéreas y espaciales, incluyendo sensores térmicos y multiespectrales.
La importancia de las cámaras térmicas
Una cámara convencional permite conocer principalmente cómo se ve la superficie. Una cámara térmica, en cambio, registra la radiación infrarroja y permite analizar diferencias de temperatura.
Esto resulta particularmente interesante en los glaciares.
La temperatura de la superficie no es uniforme. La nieve, el hielo limpio, el hielo oscuro, las rocas y las zonas húmedas pueden presentar diferentes comportamientos térmicos. Estas diferencias pueden proporcionar información sobre las condiciones de la superficie y sobre procesos relacionados con el deshielo.
Investigaciones realizadas en los Alpes han demostrado el potencial de combinar imágenes ópticas y térmicas obtenidas mediante drones para distinguir diferentes tipos de superficies glaciares. Un estudio publicado en The Cryosphere utilizó termografía infrarroja mediante UAV para analizar la cubierta de sedimentos y su relación con la transferencia de calor hacia el hielo en el Kanderfirn, otro glaciar de los Alpes suizos.
El principio es importante: el material que cubre un glaciar puede modificar cuánto calor llega al hielo que se encuentra debajo.
Por eso, una imagen térmica no significa simplemente «ver dónde está caliente el glaciar». Los investigadores necesitan combinar esos datos con información meteorológica, topográfica y glaciológica para interpretar correctamente lo que está ocurriendo.
El monitoreo térmico no sustituye a las mediciones tradicionales
Aunque los drones representan una herramienta cada vez más importante, no reemplazan los métodos tradicionales.
Para conocer la evolución de un glaciar es necesario analizar diferentes variables durante períodos prolongados. Entre ellas se encuentra el balance de masa, que básicamente compara la cantidad de hielo y nieve que un glaciar gana con la cantidad que pierde.
Si durante un período la pérdida supera a la acumulación, el glaciar presenta un balance de masa negativo.
Los científicos también pueden utilizar estacas instaladas sobre el hielo, mediciones GPS, estaciones meteorológicas, fotografías aéreas, modelos digitales de elevación y observaciones satelitales.
La combinación de estos métodos permite pasar de una fotografía aislada a una reconstrucción mucho más precisa de la evolución del glaciar.
2026: un año especialmente preocupante para los glaciares suizos
El contexto de 2026 hace que estas tecnologías cobren todavía más importancia.
La ETH de Zúrich informó en junio que los glaciares suizos habían llegado al denominado «Glacier Loss Day», o Día de Pérdida de los Glaciares, el 29 de junio. A partir de ese momento, cada litro de agua procedente del deshielo representa una pérdida neta de masa glaciar, porque las reservas de nieve que protegían al hielo durante el verano prácticamente se han agotado.
La institución señaló además que el comportamiento observado durante 2026 se parecía al de 2022, considerado hasta entonces el peor año registrado para los glaciares suizos.
En 2022, los glaciares del país perdieron aproximadamente un 6 % de su masa en un solo año, una pérdida excepcionalmente elevada.
Los datos de 2026 también han mostrado señales preocupantes. En junio, observaciones satelitales sobre el Gran Aletsch mostraban una línea de nieve situada alrededor de los 2.850 metros, una situación que evidenciaba la rápida desaparición de la cobertura nival durante el inicio del verano.
¿Qué ocurre cuando desaparece la nieve?
La nieve tiene un papel fundamental en la protección de un glaciar.
Una superficie cubierta de nieve refleja una parte importante de la radiación solar. Cuando esa nieve desaparece, queda expuesto el hielo glaciar, que generalmente absorbe más energía.
El proceso puede generar un efecto de retroalimentación:
menos nieve → mayor exposición del hielo → mayor absorción de energía → mayor derretimiento.
Este fenómeno ayuda a explicar por qué una temporada con poca nieve invernal puede dejar a un glaciar especialmente vulnerable durante los meses cálidos.
La situación también tiene consecuencias para los recursos hídricos. Durante determinadas épocas del año, el agua procedente del deshielo puede contribuir a mantener los caudales de los ríos. Pero a medida que disminuye la cantidad de hielo almacenado, esa reserva natural pierde capacidad para actuar como fuente de agua durante períodos de calor y sequía. Investigaciones citadas por la ETH de Zúrich muestran precisamente que el aumento del deshielo no necesariamente se traduce en una mayor disponibilidad de agua a largo plazo.
El Aletsch ya está cambiando
El retroceso del Aletsch no es una predicción futura: es un proceso que ya puede observarse mediante mediciones históricas.
La ETH de Zúrich ha utilizado registros de la zona de Konkordiaplatz para mostrar la evolución de la pérdida de hielo del Gran Aletsch. Estas observaciones permiten comparar el estado actual con el promedio de décadas anteriores.
Además, investigaciones publicadas en 2026 han utilizado modelos avanzados de dinámica del hielo para estudiar la evolución futura del Gran Aletsch. Los resultados muestran una fuerte dependencia de su futuro respecto a las emisiones: bajo escenarios de altas emisiones, el modelo proyecta una pérdida extremadamente severa que podría llevar a la desaparición del glaciar hacia finales de siglo; bajo escenarios de menores emisiones, una parte significativa del hielo podría persistir.
Esto es importante porque demuestra que el destino del glaciar no está determinado exclusivamente por los procesos que ocurren actualmente sobre su superficie.
De los drones a los satélites: una vigilancia cada vez más completa
El futuro del monitoreo glaciar no depende de una única herramienta.
Los científicos pueden combinar:
Drones: proporcionan imágenes de muy alta resolución sobre áreas concretas.
Cámaras térmicas: permiten estudiar patrones de temperatura de la superficie.
Sensores multiespectrales: ayudan a diferenciar nieve, hielo, sedimentos y otros materiales.
GPS y estaciones de medición: permiten registrar desplazamientos y cambios físicos.
Satélites: permiten observar grandes extensiones y comparar imágenes tomadas durante años.
Modelos informáticos: utilizan esos datos para simular cómo puede evolucionar el glaciar bajo diferentes escenarios climáticos.
La combinación es especialmente valiosa porque cada sistema tiene una escala diferente. Un dron puede observar con gran detalle una zona relativamente pequeña, mientras que un satélite puede proporcionar una perspectiva mucho más amplia.
Una herramienta para comprender, no para detener el deshielo
El despliegue de nuevas tecnologías puede mejorar considerablemente la capacidad científica para medir el retroceso de los glaciares, pero no constituye por sí mismo una solución al calentamiento global.
Su principal valor está en proporcionar datos.
Cuanto mejor se conozca dónde y cuándo se está produciendo el deshielo, cómo cambia la superficie y qué factores aceleran la pérdida de hielo, mejores serán los modelos utilizados para proyectar el futuro de los glaciares y sus posibles efectos sobre los ecosistemas, los recursos hídricos y las comunidades de montaña.
En Suiza, esta tarea adquiere una dimensión especialmente importante. La red GLAMOS mantiene un sistema de observación a largo plazo que actualmente incluye mediciones en numerosos glaciares del país.
El Aletsch es uno de los símbolos más visibles de este proceso. Su enorme tamaño puede transmitir la sensación de que se trata de una reserva de hielo prácticamente inagotable, pero las mediciones científicas muestran otra realidad.
El verdadero valor de medir cada cambio
El monitoreo de glaciares en los Alpes permite transformar un fenómeno visual —el retroceso del hielo— en información cuantificable.
Cada medición de superficie, cada imagen aérea, cada registro de temperatura y cada observación satelital contribuyen a construir una historia detallada de cómo está respondiendo el hielo al clima.
En el caso del Aletsch, esa información resulta particularmente valiosa porque se trata de uno de los glaciares más importantes de Europa y de uno de los principales referentes para comprender la transformación de los Alpes.
Los drones y las cámaras térmicas forman parte de una revolución tecnológica más amplia en la investigación de ambientes extremos. Pero la evidencia disponible indica que el monitoreo del Aletsch debe entenderse como un esfuerzo científico continuo y multidisciplinario, no como una única operación de drones térmicos anunciada en 2026.
La conclusión científica, sin embargo, es clara: el hielo alpino está perdiendo masa a un ritmo preocupante y el seguimiento de estos cambios se vuelve cada vez más necesario. En ese escenario, tecnologías aéreas, sensores térmicos, satélites y mediciones directas permiten a los investigadores observar con una precisión que hace unas décadas habría sido imposible.
Y mientras los instrumentos registran cada nueva transformación, el Aletsch continúa siendo uno de los lugares donde el impacto del calentamiento del planeta puede verse directamente sobre el paisaje.
Fuentes principales consultadas
La información de contexto y actualidad se contrastó principalmente con GLAMOS, ETH Zúrich, el SLF/WSL, publicaciones científicas de The Cryosphere y estudios académicos sobre teledetección de glaciares.