En las profundidades del mar de Bering existe un paisaje sonoro que difícilmente puede percibirse desde la superficie. El desplazamiento de los barcos, los movimientos del hielo, el viento, las olas y las vocalizaciones de diferentes especies de mamíferos marinos producen una compleja combinación de sonidos que los científicos pueden estudiar mediante instrumentos conocidos como hidrófonos.

En esta región del Ártico y el Pacífico norte, la acústica marina se ha convertido en una herramienta fundamental para entender cómo está cambiando el entorno submarino y, particularmente, cómo el incremento de la actividad humana puede afectar a las ballenas boreales, también conocidas como ballenas de Groenlandia (Balaena mysticetus).

Los estudios acústicos realizados durante años en el mar de Bering y el estrecho de Bering han permitido registrar tanto las vocalizaciones de estos cetáceos como el ruido producido por embarcaciones. Los datos muestran que el tráfico marítimo puede modificar de manera apreciable el paisaje sonoro submarino, justo en una zona que forma parte de las rutas estacionales de las ballenas.

Un matiz importante: aunque la investigación puede describirse de forma general como el despliegue de hidrófonos en el mar de Bering para estudiar el ruido marítimo, las fuentes científicas disponibles no documentan un único proyecto nuevo iniciado recientemente en 2026 con esas características exactas. Los hidrófonos llevan años utilizándose en esta región y forman parte de programas de monitoreo acústico de largo plazo. Por ello, esta nota reúne los resultados y antecedentes científicos comprobados que explican el fenómeno.

Hidrófonos: los micrófonos que permiten escuchar el océano

Un hidrófono es, en términos sencillos, un micrófono diseñado para funcionar bajo el agua. Estos dispositivos convierten las variaciones de presión producidas por las ondas sonoras en señales que pueden ser almacenadas y posteriormente analizadas.

Su utilidad es especialmente importante en el océano porque gran parte de la actividad marina ocurre fuera del alcance de la observación humana directa. Una ballena puede encontrarse a varios kilómetros de un barco de investigación y, aun así, sus vocalizaciones pueden quedar registradas por un hidrófono.

Los investigadores utilizan redes de estos instrumentos instaladas en diferentes puntos y profundidades. Los equipos pueden permanecer durante largos periodos en el agua, recopilando información que posteriormente se transforma en espectrogramas: representaciones visuales que permiten observar la frecuencia y la intensidad de los sonidos a lo largo del tiempo.

En Alaska, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) mantiene desde finales de la década de 2000 redes de monitoreo acústico en aguas que se extienden desde el sur del mar de Bering hasta el Ártico. Estos sistemas han registrado sonidos de mamíferos marinos, embarcaciones, hielo marino e incluso fuentes industriales como cañones de aire utilizados en estudios sísmicos.

El mar de Bering, un punto estratégico para las ballenas

El mar de Bering y el estrecho de Bering ocupan una posición especialmente importante para las ballenas boreales que forman parte de la población conocida como Bering-Chukchi-Beaufort.

Tradicionalmente, estas ballenas utilizan diferentes regiones del Ártico a lo largo del año. Durante determinadas épocas se desplazan hacia el norte, atravesando el estrecho de Bering, hacia el mar de Chukchi y el mar de Beaufort, donde encuentran zonas de alimentación.

El regreso hacia las aguas del mar de Bering forma parte de su ciclo migratorio.

Esta dinámica hace que el estrecho de Bering sea especialmente relevante para el monitoreo. Se trata de un paso relativamente estrecho que conecta el océano Pacífico con el Ártico y por el que también circulan embarcaciones.

Los hidrófonos permiten detectar las vocalizaciones de las ballenas y, a partir de esos registros, determinar aproximadamente cuándo están presentes en una determinada zona. Investigaciones realizadas con datos acústicos entre 2009 y 2021, por ejemplo, utilizaron grabaciones para estudiar cómo las condiciones del hielo marino estaban relacionadas con los movimientos estacionales de las ballenas boreales.

Las ballenas utilizan el sonido para comunicarse

Para comprender por qué el ruido de los barcos puede ser importante, primero hay que entender el papel que desempeña el sonido en la vida de estos animales.

Las ballenas boreales son animales altamente vocales. Sus llamadas se encuentran principalmente en frecuencias relativamente bajas y pueden propagarse a grandes distancias bajo el agua.

Durante determinadas épocas del año, los machos producen complejas secuencias de sonidos conocidas como cantos. Además, las ballenas emiten otras vocalizaciones que pueden estar relacionadas con el contacto entre individuos, la navegación, la interacción social o diferentes comportamientos.

Las investigaciones han encontrado que las vocalizaciones de las ballenas boreales pueden detectarse mediante hidrófonos a decenas de kilómetros de distancia en determinadas condiciones. Precisamente por eso, la acústica permite estudiar a estos animales sin necesidad de observarlos directamente o capturarlos.

El método también ofrece una ventaja importante: mientras una observación visual proporciona información sobre un momento concreto, un hidrófono puede permanecer funcionando durante meses y registrar el paisaje sonoro de una región durante largos periodos.

El problema del ruido producido por los barcos

El tráfico marítimo genera sonidos de diferentes frecuencias, principalmente debido a motores, hélices y otros sistemas de propulsión.

En el agua, estos sonidos pueden desplazarse a distancias considerables. Para una especie que depende de señales acústicas, un aumento del ruido ambiental puede dificultar la detección de otros sonidos.

A este fenómeno se le conoce como enmascaramiento acústico. En términos simples, ocurre cuando un sonido externo dificulta que un animal perciba otro sonido relevante.

En el caso de las ballenas, esto podría significar que una vocalización emitida por un individuo sea más difícil de detectar para otro animal cuando existe un nivel elevado de ruido procedente de una embarcación.

Sin embargo, el ruido no es el único factor que determina las condiciones acústicas del océano. El viento, las olas, las corrientes y el hielo marino también generan sonidos y pueden modificar la forma en que las ondas acústicas se propagan.

Por esta razón, los investigadores necesitan separar las diferentes fuentes de sonido antes de determinar qué parte del paisaje acústico puede atribuirse al tráfico marítimo.

Un estudio encontró un aumento promedio de unos 4 decibelios

Uno de los trabajos más relevantes para entender este fenómeno analizó el efecto del tráfico marítimo sobre el ambiente acústico del estrecho de Bering durante la temporada de aguas abiertas entre 2013 y 2015.

La investigación, publicada en Marine Pollution Bulletin en 2023, utilizó tres hidrófonos instalados en el estrecho y estudió diferentes bandas de frecuencia utilizadas por las ballenas barbadas.

Los investigadores encontraron que la actividad de los barcos alcanzaba sus niveles más altos entre julio y septiembre. Además, el mayor solapamiento entre el ruido producido por los barcos y las vocalizaciones de ballenas se observó en octubre.

Uno de los resultados más destacados fue que la presencia de embarcaciones elevó los niveles ambientales de sonido aproximadamente 4 decibelios en promedio al considerar conjuntamente las bandas analizadas.

El estudio también registró niveles superiores a 100 dB re 1 µPa en la banda de tercio de octava de 250 Hz asociados a dos grandes embarcaciones a distancias superiores a 11 kilómetros de los hidrófonos. Los autores concluyeron que el ruido de los barcos tiene potencial para afectar el ambiente acústico utilizado por las ballenas barbadas y que los datos constituyen una referencia para evaluar futuros cambios en la actividad marítima.

Esto no significa que cada barco provoque automáticamente daños graves a una ballena. La importancia del hallazgo está en demostrar que las embarcaciones pueden modificar de forma medible el ambiente acústico en el que viven estos animales.

El cambio climático está modificando el escenario

El problema del ruido marítimo adquiere una dimensión adicional debido al rápido cambio ambiental que experimenta el Ártico.

La disminución del hielo marino permite que determinadas áreas permanezcan abiertas durante más tiempo, lo que puede facilitar una mayor actividad marítima.

Al mismo tiempo, las propias ballenas están modificando sus patrones de movimiento.

Una investigación publicada en 2024 en Geophysical Research Letters analizó más de una década de registros acústicos obtenidos en el Pacífico Ártico. Los investigadores encontraron que la salida otoñal de las ballenas boreales desde el oeste del mar de Beaufort se produjo aproximadamente 45 días más tarde en 2022 que en 2008.

El estudio también encontró evidencias de una mayor presencia estival en determinadas zonas del mar de Chukchi y señales de que algunos individuos estaban permaneciendo durante el invierno más al norte de lo que se había considerado habitual.

El cambio puede tener múltiples causas. Entre ellas se encuentran las transformaciones en la disponibilidad de alimento, la temperatura del agua y la extensión y duración del hielo marino.

Pero existe una consecuencia que preocupa a los científicos: si las ballenas modifican sus rutas o permanecen durante más tiempo en determinadas regiones, pueden aumentar sus encuentros con zonas de navegación.

Más tráfico y menos hielo pueden aumentar el solapamiento

La preocupación no se limita al ruido.

Una mayor coincidencia espacial entre ballenas y embarcaciones también puede incrementar el riesgo de colisiones.

La investigación de 2024 sobre los cambios migratorios de las ballenas boreales señala que un desplazamiento hacia el norte podría poner a algunos animales en mayor contacto con rutas marítimas, especialmente en determinadas áreas del mar de Chukchi.

La reducción del hielo facilita el acceso de barcos a regiones que históricamente estuvieron más restringidas durante parte del año. Esto crea un escenario en el que dos cambios ocurren simultáneamente: las ballenas modifican su distribución y las embarcaciones pueden acceder con mayor facilidad a aguas anteriormente cubiertas por hielo.

Por eso, los científicos consideran importante comenzar a estudiar estos cambios antes de que los conflictos entre navegación y fauna marina se vuelvan más frecuentes.

La acústica también permite estudiar el cambio climático

Los hidrófonos no sirven únicamente para medir contaminación acústica.

Al registrar las vocalizaciones de las ballenas durante largos periodos, los investigadores pueden utilizar los sonidos como una especie de indicador de presencia.

Cuando una determinada vocalización aparece repetidamente en una estación de monitoreo, es posible establecer cuándo las ballenas llegaron a una región y cuándo dejaron de ser detectadas.

Con suficientes años de información, estas variaciones permiten identificar cambios en las fechas de migración.

De hecho, los registros acústicos fueron fundamentales para descubrir que las ballenas boreales estaban modificando sus patrones migratorios en el Pacífico Ártico. Los estudios analizaron datos obtenidos durante más de una década, demostrando el valor de mantener redes de monitoreo durante periodos prolongados.

Un océano que puede escucharse incluso cuando no puede verse

Una de las características más interesantes de esta investigación es que transforma un fenómeno invisible en información que puede analizarse.

Un barco que navega a kilómetros de distancia puede no ser visible desde una estación de investigación. Una ballena que se encuentra bajo la superficie también puede pasar inadvertida para un observador.

Pero ambos dejan una huella sonora.

Los hidrófonos permiten registrar esas señales y posteriormente compararlas. Un espectrograma puede mostrar, por ejemplo, una señal asociada a una vocalización de ballena y, en otro momento, el patrón acústico producido por una embarcación.

Esta información permite construir una especie de mapa sonoro del océano y determinar cómo cambia según la estación, el clima, el hielo y la actividad humana.

El trabajo de NOAA demuestra precisamente el potencial de este enfoque. Sus programas de monitoreo acústico en aguas de Alaska han acumulado años de grabaciones en numerosos puntos, generando enormes volúmenes de datos sobre mamíferos marinos y fuentes de ruido antropogénico.

El reto de distinguir entre ruido natural y ruido humano

No todo sonido fuerte en el océano procede de un barco.

El hielo puede fracturarse y producir sonidos intensos. Las olas y el viento generan ruido ambiental. Las corrientes pueden incluso provocar vibraciones en los propios instrumentos, creando señales que los investigadores deben identificar y descartar.

Los estudios acústicos del Ártico muestran que las condiciones ambientales pueden modificar considerablemente el nivel de ruido submarino. En determinadas bandas de frecuencia utilizadas por las ballenas boreales, los niveles de ruido ambiental son más elevados durante las condiciones de aguas abiertas del otoño que durante periodos con una extensa cobertura de hielo.

Por eso, afirmar que cualquier incremento acústico es consecuencia del tráfico marítimo sería incorrecto. La investigación requiere analizar simultáneamente las condiciones meteorológicas, el hielo, las corrientes, la ubicación de las embarcaciones y las características de las señales registradas.

La inteligencia artificial entra en escena

El volumen de información generado por los hidrófonos plantea otro desafío: analizar todos los sonidos registrados.

Un sistema de monitoreo puede producir enormes cantidades de datos, y revisar manualmente cada grabación requiere mucho tiempo.

Por esta razón, investigadores de NOAA han trabajado en sistemas de inteligencia artificial capaces de identificar automáticamente determinadas señales de mamíferos marinos dentro de las grabaciones.

La idea no es sustituir completamente a los científicos, sino ayudarles a encontrar rápidamente los segmentos de audio que contienen señales relevantes. De esta manera, grandes cantidades de registros pueden convertirse en información útil para estudiar poblaciones, migraciones y cambios ambientales.

¿Qué se puede hacer frente al ruido submarino?

El monitoreo acústico es, principalmente, una herramienta para entender el problema. La siguiente etapa consiste en utilizar esa información para tomar decisiones de conservación.

Entre las posibles estrategias se encuentran la regulación de determinadas rutas marítimas, la reducción de velocidad de las embarcaciones en zonas frecuentadas por ballenas y el establecimiento de medidas especiales durante periodos migratorios.

Reducir la velocidad puede tener una doble importancia: disminuir el riesgo de colisión y, dependiendo de las características de la embarcación, reducir también determinadas emisiones de ruido.

La investigación sobre las ballenas boreales y sus cambios migratorios ha planteado precisamente la posibilidad de establecer límites de velocidad en áreas de hábitat estacional como una de las medidas que podrían estudiarse.

No obstante, cualquier medida de este tipo debe equilibrar la protección de los animales con las necesidades de las comunidades costeras, la pesca, el transporte marítimo y otras actividades que dependen de estas aguas.

Una advertencia que llega desde el fondo del mar

Los hidrófonos instalados en el Ártico no solo están registrando sonidos. Están proporcionando una ventana hacia un ecosistema que está cambiando rápidamente.

Las ballenas boreales continúan utilizando el sonido como una herramienta fundamental de comunicación y comportamiento, mientras que las actividades humanas están introduciendo nuevas fuentes de ruido en su entorno.

Al mismo tiempo, el calentamiento del Ártico y la reducción del hielo marino están alterando las condiciones ecológicas y modificando los movimientos de diferentes especies.

Los registros acústicos muestran que estos procesos no ocurren de manera aislada. Los cambios en el hielo pueden modificar la distribución de las ballenas; esos cambios pueden aumentar su coincidencia con embarcaciones; y una mayor presencia de barcos puede transformar el paisaje sonoro que los animales utilizan para comunicarse.

Por ello, la acústica marina se ha convertido en una herramienta cada vez más importante para comprender el futuro de las ballenas boreales y de otros mamíferos marinos del Ártico.

El desafío será convertir años de grabaciones submarinas en decisiones capaces de mantener un equilibrio entre un océano cada vez más utilizado por las personas y un ecosistema que depende, literalmente, de poder comunicarse a través del sonido.