La expansión acelerada de los centros de datos, impulsada especialmente por la inteligencia artificial (IA), está abriendo un nuevo frente de conflicto entre empresas tecnológicas, gobiernos, comunidades y organizaciones ambientales. El debate ya no se limita al impacto energético de estas instalaciones: el acceso al agua, la capacidad de las redes eléctricas, los permisos ambientales, el uso del suelo y la distribución de los costos de infraestructura están llegando cada vez con mayor frecuencia a organismos reguladores y tribunales.

Sin embargo, hay una precisión importante sobre el dato que circula en torno a esta tendencia: no se ha encontrado una fuente jurídica, gubernamental o académica confiable que confirme que las demandas relacionadas con el consumo hídrico y eléctrico de los centros de datos hayan aumentado exactamente un 40 %. Por ello, presentar ese porcentaje como un hecho comprobado sería engañoso.

Lo que sí está documentado es un crecimiento significativo de los conflictos legales y regulatorios relacionados con estas instalaciones. Un análisis publicado por la American Bar Association en julio de 2026 describe una creciente ola de litigios alrededor de proyectos de centros de datos, incluidos cuestionamientos por zonificación, evaluaciones ambientales, transparencia, contaminación del agua, ruido, emisiones y posibles perjuicios económicos asociados con la presión sobre las redes de agua y electricidad.

El fenómeno adquiere especial relevancia porque ocurre al mismo tiempo que la demanda mundial de infraestructura informática crece a una velocidad extraordinaria.

La inteligencia artificial está cambiando la escala de los centros de datos

Los centros de datos son instalaciones diseñadas para alojar servidores, sistemas de almacenamiento, equipos de red y otros componentes que permiten operar servicios digitales. Durante años, fueron una infraestructura relativamente invisible para la mayoría de los usuarios. Hoy, sin embargo, la expansión de la IA está transformando su tamaño, densidad y consumo energético.

Los modelos de inteligencia artificial requieren grandes cantidades de procesadores especializados, particularmente unidades de procesamiento gráfico (GPU) y otros aceleradores. Estos equipos demandan electricidad y generan calor, por lo que las instalaciones necesitan sistemas de refrigeración cada vez más sofisticados.

La Agencia Internacional de Energía (IEA) calcula que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos podría pasar de aproximadamente 485 TWh en 2025 a unos 950 TWh en 2030, prácticamente duplicándose en cinco años. La organización estima además que el consumo de los centros de datos dedicados a cargas de trabajo de IA crecerá todavía más rápido.

En 2025, el consumo eléctrico de los centros de datos ya aumentó alrededor de un 17 %, mientras que el consumo de los centros orientados específicamente a IA creció a un ritmo todavía mayor. La IEA advierte que esta expansión está encontrando obstáculos físicos relacionados con la disponibilidad de equipos eléctricos, conexiones a la red, transformadores, generación y procesos de aprobación.

El problema, por tanto, no es simplemente que existan más servidores. La cuestión es que las nuevas instalaciones pueden concentrar una demanda energética equivalente a la de grandes instalaciones industriales, obligando a construir o ampliar líneas de transmisión, subestaciones y plantas de generación.

El agua se ha convertido en otro punto crítico

La electricidad no es el único recurso involucrado.

Los servidores producen grandes cantidades de calor y deben mantenerse dentro de rangos de temperatura adecuados para evitar fallos y garantizar su funcionamiento. Algunos centros de datos emplean sistemas de refrigeración que utilizan agua mediante procesos de evaporación.

El consumo hídrico depende considerablemente de la tecnología utilizada, el clima, el diseño de la instalación y la fuente de electricidad. Un estudio publicado en AGU Advances explica que los centros de datos pueden utilizar agua directamente para refrigeración y también de manera indirecta a través del agua requerida para producir la electricidad que consumen. El estudio señala que determinadas instalaciones pueden evaporar entre 1 y 9 litros de agua por cada kWh de energía utilizada por los servidores, dependiendo de las condiciones y de la tecnología de refrigeración.

Por eso, hablar simplemente de «cuánta agua consume un centro de datos» puede resultar engañoso. Dos instalaciones con una carga informática similar pueden tener huellas hídricas muy diferentes.

También existen tecnologías de refrigeración prácticamente sin consumo directo de agua. Un informe del Information Technology and Innovation Foundation sostiene que actualmente es técnicamente posible aproximarse a un consumo directo de agua cercano a cero mediante determinados sistemas de refrigeración, aunque estos pueden tener mayores costos y no eliminan necesariamente el consumo indirecto asociado a la generación eléctrica.

El conflicto legal ya está ocurriendo

El aumento de las preocupaciones ambientales no se ha quedado en debates políticos o protestas comunitarias. Existen casos concretos en los que proyectos de centros de datos han terminado involucrados en disputas judiciales.

Uno de los ejemplos más llamativos se encuentra en California.

Imperial Valley Computer Manufacturing, desarrolladora de un proyecto de centro de datos de inteligencia artificial en el Imperial Valley, presentó acciones legales relacionadas con el acceso al agua. El proyecto, de aproximadamente 330 MW, necesita una cantidad considerable de agua para sus sistemas de refrigeración.

En junio de 2026, la compañía inició una disputa judicial para intentar obtener acceso a agua del Imperial Irrigation District, después de que las alternativas relacionadas con agua reciclada no prosperaran. KPBS informó que la empresa buscaba alrededor de 260 millones de galones de agua al año, equivalentes a aproximadamente 750.000 galones diarios.

La importancia del caso va mucho más allá de la cantidad concreta de agua solicitada. El Imperial Valley depende del río Colorado para su suministro de agua dulce y se encuentra en una región sometida a fuertes presiones hídricas.

El conflicto plantea una pregunta de fondo: ¿debe el agua disponible para una región utilizarse prioritariamente para agricultura, consumo humano, industria o nuevas infraestructuras tecnológicas?

La respuesta no es sencilla y puede establecer precedentes para futuros proyectos de inteligencia artificial.

Otro caso: una demanda contra Amazon por sus declaraciones sobre el agua

En Virginia, uno de los principales centros mundiales de infraestructura digital, también surgió un conflicto judicial relacionado directamente con el consumo de agua.

En julio de 2026, Amazon Web Services (AWS) fue demandada por un antiguo trabajador que cuestiona las declaraciones públicas de la compañía sobre la sostenibilidad y el consumo de agua de sus centros de datos en el norte de Virginia.

La demanda sostiene que AWS habría presentado afirmaciones engañosas o insuficientemente sustentadas sobre el impacto hídrico de sus operaciones y cuestiona la falta de información pública detallada sobre el consumo de agua de sus instalaciones en la región. El caso fue presentado ante un tribunal del condado de Arlington.

El caso resulta relevante porque muestra una evolución del conflicto: las controversias no necesariamente se centran únicamente en impedir la construcción de un centro de datos. También pueden dirigirse contra las declaraciones ambientales de las empresas, especialmente cuando los demandantes consideran que existe una diferencia entre las promesas de sostenibilidad y el impacto real de las instalaciones.

El problema eléctrico también está llegando a los tribunales y reguladores

La otra gran fuente de tensión es la electricidad.

Los centros de datos de gran escala pueden requerir cantidades extraordinarias de energía de manera continua. Cuando varios proyectos se concentran en una misma región, las empresas eléctricas deben ampliar su capacidad de generación y transmisión.

La discusión entonces cambia de «¿cuánta electricidad consume una empresa tecnológica?» a «¿quién debe pagar la infraestructura necesaria para satisfacer esa nueva demanda?».

Virginia es uno de los principales ejemplos.

Un análisis publicado por Reuters en agosto de 2026 señaló que el crecimiento de los centros de datos en Virginia ha incrementado la dependencia de Dominion Energy del mercado mayorista de electricidad. Reuters informó que los costos de combustible de la compañía habían aumentado considerablemente desde 2021 y que reguladores y legisladores han expresado preocupación por el impacto que el crecimiento de los centros de datos puede tener sobre las tarifas de los consumidores.

El conflicto llegó también a las reglas regulatorias. Las autoridades de Virginia han impulsado mecanismos para que los centros de datos asuman una mayor proporción de los costos asociados con infraestructura eléctrica construida específicamente para atender su demanda, en lugar de trasladar esos costos al conjunto de los usuarios.

Esto introduce una dimensión económica importante: una comunidad puede estar de acuerdo con la construcción de un centro de datos porque genera inversiones, empleos e impuestos, pero oponerse si considera que las mejoras de la red eléctrica terminan siendo pagadas por los hogares.

La transparencia se está convirtiendo en otro campo de batalla

Uno de los problemas señalados por legisladores y organizaciones ambientales es la dificultad para conocer exactamente cuánto consumen estas instalaciones.

En Estados Unidos, la legislación federal no ha establecido históricamente un sistema integral que obligue a todos los centros de datos a informar públicamente sus consumos de agua y electricidad con un estándar uniforme.

En marzo de 2026, el senador Dick Durbin presentó el Data Center Water and Energy Transparency Act, una propuesta legislativa destinada a exigir mayor transparencia sobre el consumo y las fuentes de agua y energía utilizadas por los centros de datos. La propuesta surgió precisamente ante la preocupación de que el crecimiento de la IA pueda aumentar la presión sobre los servicios públicos sin que las comunidades dispongan de información suficiente para evaluar el impacto.

La falta de datos comparables también dificulta determinar cuáles instalaciones son realmente eficientes.

Un centro de datos situado en una región húmeda y abastecido mediante electricidad procedente principalmente de fuentes renovables puede presentar un perfil ambiental muy diferente al de otro ubicado en una zona con estrés hídrico y alimentado por una red con alta participación de combustibles fósiles.

Por esa razón, los especialistas insisten cada vez más en analizar el contexto local y no únicamente el consumo bruto.

No todos los centros de datos tienen el mismo impacto

Uno de los errores más frecuentes en el debate público consiste en tratar a todos los centros de datos como si fueran iguales.

Una instalación empresarial pequeña, un centro de colocación y un campus hyperscale dedicado a inteligencia artificial pueden tener escalas radicalmente diferentes.

La tecnología de refrigeración también cambia el resultado. Los sistemas evaporativos pueden reducir determinados requerimientos energéticos de refrigeración, pero utilizan agua. Los sistemas de refrigeración en seco pueden reducir significativamente el consumo directo de agua, aunque pueden aumentar otros requerimientos energéticos o de infraestructura.

Además, existe el denominado consumo indirecto de agua: la generación de electricidad también puede requerir agua dependiendo de la tecnología utilizada.

El Information Technology and Innovation Foundation señala que el consumo indirecto asociado a la generación eléctrica puede superar ampliamente al consumo directo de los centros de datos y que su magnitud depende del tipo de generación eléctrica empleado.

Por ello, sustituir un sistema de refrigeración por otro no necesariamente elimina toda la huella hídrica.

El problema se concentra especialmente en determinadas comunidades

La preocupación tampoco significa que los centros de datos sean responsables de la mayor parte del consumo nacional de agua.

El impacto puede ser mucho más importante a escala local.

Una investigación publicada en 2026 sobre la capacidad de los sistemas públicos de agua de Estados Unidos estimó que, si se mantienen determinadas intensidades de consumo, los centros de datos estadounidenses podrían requerir entre 697 y 1.451 millones de galones diarios adicionales de capacidad de agua para 2030, dependiendo del crecimiento de la demanda. El estudio destaca que estos efectos están especialmente concentrados en las comunidades donde se ubican los centros de datos.

Esto explica por qué una instalación puede representar una fracción pequeña del consumo nacional y, al mismo tiempo, convertirse en un problema importante para una ciudad concreta.

Un ejemplo ocurrió en Fayette County, Georgia, donde registros públicos mostraron que un campus de QTS había utilizado decenas de millones de galones de agua. La investigación comenzó después de que residentes cercanos reportaran problemas de presión en el suministro. Posteriormente, las autoridades matizaron algunas de las acusaciones iniciales sobre las conexiones de agua, pero el episodio puso el foco sobre la magnitud del consumo de las instalaciones.

La batalla jurídica podría ampliarse

La American Bar Association advierte que los litigios actuales abarcan principalmente cuestiones de zonificación, permisos, revisiones ambientales, transparencia, contaminación, ruido y otros impactos sobre las comunidades.

Pero el campo de posibles demandas puede ampliarse.

Entre las controversias que podrían ganar relevancia aparecen reclamaciones por daños económicos relacionados con el incremento de la demanda de electricidad y agua, conflictos por recursos naturales, litigios ambientales y acciones relacionadas con posibles perjuicios a propiedades o comunidades.

Esto significa que la construcción de un centro de datos puede enfrentarse a diferentes tipos de obstáculos jurídicos antes, durante y después de su puesta en funcionamiento.

Primero puede existir una disputa sobre el terreno y la zonificación. Después puede aparecer un conflicto sobre los permisos ambientales. Más adelante pueden surgir problemas relacionados con agua, ruido, emisiones o infraestructura eléctrica.

El resultado es que los proyectos de gran escala necesitan considerar cada vez más el componente legal como parte fundamental de su planificación.

La cuestión del 40 %: qué se puede afirmar y qué no

El porcentaje del 40 % merece una explicación especial.

Tras revisar fuentes recientes sobre litigios, regulación, consumo energético, consumo hídrico y expansión de centros de datos, no aparece una fuente suficientemente sólida que permita afirmar que las demandas por consumo de agua y electricidad han aumentado exactamente un 40 %.

Sí existe evidencia de una expansión de los litigios y de las restricciones regulatorias. La American Bar Association habla de una creciente ola de litigios; distintos proyectos enfrentan demandas y disputas sobre agua, electricidad, permisos y medio ambiente; y cientos de jurisdicciones estadounidenses han comenzado a adoptar restricciones, moratorias o nuevas condiciones para los centros de datos.

Pero una cosa es documentar que existe un aumento y otra muy diferente es cuantificarlo en un 40 %.

Para una publicación periodística, utilizar ese porcentaje sin una metodología clara —por ejemplo, número de demandas comparadas año contra año, periodo de referencia, jurisdicciones incluidas y definición exacta de «demanda por consumo hídrico y eléctrico»— podría convertir una tendencia real en una afirmación estadística no demostrada.

Por eso, la formulación más rigurosa es hablar de un crecimiento de la presión legal y regulatoria, no de un incremento confirmado del 40 %.

El desafío: construir infraestructura digital sin trasladar sus costos a la sociedad

La discusión sobre los centros de datos no consiste simplemente en decidir si son buenos o malos para el medio ambiente.

Estas instalaciones son esenciales para servicios que actualmente forman parte de la economía digital: almacenamiento en la nube, motores de búsqueda, plataformas de vídeo, servicios financieros, aplicaciones empresariales y, cada vez más, sistemas de inteligencia artificial.

La cuestión es cómo construir esa infraestructura sin que sus costos ambientales y económicos sean asumidos de manera desproporcionada por las comunidades donde se instalan.

La IEA prevé que la electricidad utilizada por los centros de datos seguirá creciendo rápidamente durante esta década. Al mismo tiempo, los estudios sobre agua muestran que las necesidades de refrigeración pueden convertirse en un problema especialmente serio en regiones donde el recurso es escaso.

Esto obliga a tomar decisiones sobre dónde construir los centros, qué sistemas de refrigeración utilizar, qué fuentes de energía emplear y quién debe financiar las nuevas infraestructuras.

Las posibles soluciones ya existen, pero tienen costos

La respuesta tecnológica no pasa necesariamente por frenar toda la construcción de centros de datos.

Entre las alternativas se encuentran los sistemas de refrigeración con menor consumo de agua, la reutilización de aguas residuales, la utilización de agua no potable, mejores sistemas de eficiencia energética, contratación de energías renovables, almacenamiento energético y diseños que permitan operar con menor consumo hídrico.

También existe una dimensión de planificación.

Los centros pueden ubicarse en regiones donde exista suficiente capacidad eléctrica y disponibilidad de agua, evitando que la infraestructura digital compita directamente con comunidades que ya enfrentan escasez.

Un informe del ITIF sostiene que existen tecnologías capaces de reducir prácticamente a cero el consumo directo de agua de refrigeración y plantea que el problema puede abordarse mediante mejores mecanismos de coordinación entre gobiernos, empresas y autoridades de agua.

El desafío está en que las soluciones más eficientes no siempre son las más baratas.

Una nueva etapa para la industria tecnológica

La expansión de la inteligencia artificial está convirtiendo a los centros de datos en una pieza estratégica de la infraestructura económica. Pero también está haciendo visible una realidad que durante años permaneció en segundo plano: la computación necesita electricidad, agua, terrenos, redes de transmisión y sistemas de refrigeración.

A medida que aumentan las inversiones, también crece el escrutinio público.

Los casos de California, Virginia y Georgia muestran que el debate ya está pasando de las discusiones generales sobre sostenibilidad a conflictos concretos sobre derechos de agua, costos eléctricos, permisos y responsabilidad empresarial.

En este contexto, las demandas contra centros de datos probablemente seguirán formando parte del debate sobre la expansión de la inteligencia artificial, aunque todavía no exista evidencia suficiente para afirmar que dichas demandas hayan aumentado exactamente un 40 %.

La tendencia que sí puede comprobarse es otra: cuanto más rápidamente crecen los centros de datos, mayor es la necesidad de demostrar que su consumo de recursos, su impacto ambiental y los costos de la infraestructura que requieren están siendo gestionados de forma transparente y proporcional.

El futuro de la IA, por tanto, no dependerá únicamente de chips más potentes o modelos más eficientes. También dependerá de algo mucho más físico: dónde se construyen los centros de datos, de dónde obtienen su electricidad y su agua, y qué reglas deberán cumplir para operar junto a las comunidades que los albergan.