El sismo del 10 de agosto dejó daños en templos históricos de varias regiones del país. En el caso de los inmuebles reconocidos como Bienes de Interés Cultural, la recuperación no podrá hacerse como una obra convencional: primero será necesario evaluar su estructura, documentar las afectaciones y definir cómo intervenirlos sin perder su valor histórico y arquitectónico.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto no solo dejó viviendas, edificios públicos y vías afectadas. También golpeó parte del patrimonio arquitectónico y religioso del país.
Uno de los casos más visibles se presentó en Manizales, donde la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario sufrió desprendimientos y daños en una de sus estructuras. Las imágenes de elementos de la torre cayendo durante el movimiento telúrico rápidamente se convirtieron en uno de los símbolos de la emergencia.
Pero detrás de los daños visibles comienza ahora una tarea mucho más compleja: determinar qué puede recuperarse, qué debe reforzarse y cómo hacerlo sin alterar la identidad de edificios que forman parte de la memoria histórica de sus ciudades.
No se trata simplemente de reparar una iglesia
Cuando un inmueble está reconocido como Bien de Interés Cultural de la Nación, cualquier intervención debe tener en cuenta su valor histórico, arquitectónico y cultural. Por eso, antes de iniciar obras se requiere conocer con precisión qué partes de la construcción resultaron afectadas y cuáles ya presentaban deterioro previo.
El primer paso será realizar inspecciones técnicas y estudios estructurales que permitan establecer la magnitud real de los daños. Las grietas, desprendimientos, desplazamientos de elementos, daños en cubiertas y posibles alteraciones en los sistemas estructurales tendrán que ser documentados antes de decidir cómo intervenir.
La prioridad inmediata, además, será garantizar la seguridad. Un templo que sufrió daños durante un terremoto no puede volver a recibir fieles simplemente porque sus afectaciones más evidentes hayan sido retiradas. Será necesario establecer si existen riesgos de nuevos desprendimientos o de inestabilidad ante posibles réplicas.
La Catedral de Manizales: un patrimonio acostumbrado a los terremotos
La historia de la Catedral de Manizales demuestra que este edificio ha tenido que enfrentarse anteriormente a la actividad sísmica de la región.
El templo actual comenzó a construirse después de que la antigua catedral fuera destruida por los incendios de 1925 y 1926. Su construcción se desarrolló durante las décadas de 1920 y 1930 y fue culminada en 1939. La edificación también sufrió los efectos de terremotos posteriores: en 1962, una de sus torres colapsó y posteriormente fue reconstruida; además, el templo resistió los movimientos de 1979 y 1999.
La importancia histórica de la Catedral llevó a que fuera declarada Monumento Nacional en 1984. Ese antecedente hace que la intervención posterior al terremoto de 2026 tenga una dificultad adicional: no basta con recuperar la funcionalidad del edificio, también hay que preservar sus características patrimoniales.
¿Qué viene ahora?
El proceso de recuperación deberá comenzar con una evaluación integral del inmueble. Los especialistas tendrán que determinar si los daños son únicamente superficiales o si el terremoto comprometió elementos fundamentales de la construcción.
Después de ese diagnóstico vendrá la elaboración de un proyecto de intervención. Allí deberán definirse aspectos como la consolidación de estructuras, recuperación de elementos arquitectónicos, tratamiento de grietas, reconstrucción de piezas desprendidas y medidas para reducir la vulnerabilidad frente a futuros movimientos sísmicos.
En un edificio patrimonial, además, existe otro reto: diferenciar entre reconstruir y reemplazar.
No todos los elementos que resultaron afectados pueden sustituirse por piezas nuevas sin más. En algunos casos será necesario recuperar materiales originales; en otros, reconstruir elementos siguiendo documentación histórica y criterios técnicos que permitan distinguir las intervenciones contemporáneas sin alterar la lectura del inmueble.
Un trabajo que puede tardar meses o años
La emergencia termina cuando las personas dejan de estar en riesgo inmediato, pero la recuperación del patrimonio puede tomar mucho más tiempo.
Los templos afectados deberán pasar por diferentes etapas: evaluación de daños, estudios especializados, diseño de intervención, autorización de las obras, búsqueda de recursos, ejecución y seguimiento.
El terremoto también plantea una discusión más amplia sobre la protección del patrimonio colombiano. Si un edificio histórico es vulnerable ante un terremoto, la solución no debería limitarse a esperar a que ocurra una tragedia para repararlo. El desafío consiste en fortalecer de manera preventiva estas construcciones, respetando al mismo tiempo sus características históricas.
La situación de la Catedral de Manizales es particularmente simbólica. El templo ya había sobrevivido a incendios y terremotos a lo largo de su historia y ahora enfrenta una nueva prueba.
El patrimonio también necesita reconstruirse
El terremoto del 10 de agosto dejó una lección que va más allá de las pérdidas materiales: los edificios históricos también forman parte de la emergencia y requieren planes específicos de protección y recuperación.
Mientras las autoridades concentran sus esfuerzos en atender a las personas damnificadas y recuperar la infraestructura esencial, también comienza una carrera contra el tiempo para evitar que los daños en los bienes patrimoniales se conviertan en pérdidas irreversibles.
La reconstrucción de las iglesias afectadas no será solamente una cuestión de ladrillos, concreto o estructuras. Será un proceso para recuperar espacios que durante décadas —y en algunos casos durante siglos— han hecho parte de la identidad de las comunidades.
En Manizales, la pregunta ya no es únicamente cómo reparar la Catedral. El verdadero desafío será cómo devolverle su seguridad y funcionalidad sin borrar las huellas de su historia.