La relación entre Estados Unidos y Cuba atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión en décadas. En medio de una campaña de presión económica y diplomática impulsada por la administración de Donald Trump, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) habría creado un nuevo equipo especializado en Cuba con el objetivo de concentrar recursos humanos, financieros y tecnológicos en el seguimiento de la situación política de la isla.
La información, publicada esta semana por The New York Times a partir de testimonios de personas familiarizadas con las actividades de inteligencia, señala que la nueva estructura busca reforzar la capacidad estadounidense para obtener información sobre el Gobierno cubano y, particularmente, sobre los miembros de su élite política.
El movimiento no significa, según las fuentes citadas, que Estados Unidos haya autorizado una operación militar contra Cuba. De hecho, las personas consultadas señalaron que el nuevo equipo no estaría autorizado actualmente para realizar operaciones letales.
Sin embargo, su creación representa un cambio importante en la forma en que Washington estaría preparando su política hacia La Habana.
La nueva unidad coincide además con una intensificación de la recopilación de inteligencia estadounidense sobre Cuba y con la decisión de elevar la isla a una posición prioritaria dentro de las necesidades de información de la comunidad de inteligencia estadounidense.
Un nuevo equipo de la CIA centrado en Cuba
Según la información revelada por The New York Times, la CIA estableció de manera reservada un equipo de trabajo dedicado específicamente a Cuba.
La estructura permitiría a la agencia dirigir con mayor rapidez recursos adicionales hacia la isla. Entre los perfiles que estarían siendo incorporados aparecen oficiales encargados de desarrollar fuentes humanas, analistas de inteligencia, especialistas en operaciones cibernéticas y funcionarios con experiencia en operaciones de influencia.
El objetivo no sería únicamente conocer la capacidad militar cubana.
Una parte importante de la misión estaría relacionada con la estructura interna del poder cubano, incluyendo las relaciones entre funcionarios, dirigentes políticos y miembros de la élite económica.
Las fuentes citadas por el periódico señalan que el equipo busca identificar posibles divisiones dentro de las estructuras de poder de Cuba y detectar a funcionarios que pudieran estar más abiertos a negociar con Washington.
La CIA no hizo comentarios públicos sobre la información.
El Gobierno cubano, por su parte, sí reaccionó a la publicación. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, sostuvo que las intenciones estadounidenses no resultan sorprendentes debido al historial de espionaje y operaciones encubiertas de Washington contra Cuba.
Cuba habría pasado a ser una prioridad de la inteligencia estadounidense
Uno de los elementos más relevantes de la información es que la creación del equipo de la CIA ocurre simultáneamente con un incremento de las actividades de recopilación de inteligencia sobre Cuba.
De acuerdo con las personas citadas en el reporte, la administración Trump habría modificado sus prioridades de inteligencia para colocar a Cuba en la categoría de «Priority 1» dentro del National Intelligence Priorities Framework (NIPF).
Este marco sirve para establecer qué asuntos y países requieren una atención especialmente elevada de la comunidad de inteligencia estadounidense.
La consecuencia práctica sería un aumento de los recursos destinados a conocer qué sucede dentro de la isla.
Entre las agencias que estarían incrementando su atención aparecen organismos como la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA), además de la propia CIA.
La información recopilada podría servir para determinar tanto las capacidades militares cubanas como las intenciones del Gobierno de La Habana.
Satélites y otras capacidades de inteligencia entrarían en la estrategia
El aumento de la prioridad de Cuba también tendría una dimensión tecnológica.
Las fuentes citadas en el reporte indican que diferentes agencias estadounidenses habrían comenzado a dirigir más recursos de recopilación hacia la isla, incluyendo capacidades de vigilancia mediante satélites.
Esto permitiría obtener información más actualizada sobre instalaciones militares, movimientos y capacidades defensivas cubanas.
La importancia de este punto radica en que funcionarios militares y de inteligencia estadounidenses habían expresado preocupación por la antigüedad de parte de la información disponible sobre Cuba.
La actualización de esa información tendría dos objetivos.
El primero sería comprender mejor qué ocurre dentro de la isla.
El segundo consistiría en proporcionar al Gobierno estadounidense información que podría ser utilizada para evaluar distintos escenarios futuros, incluyendo opciones militares, aunque la existencia de una capacidad de recopilación de inteligencia no equivale a una decisión de intervenir militarmente.
Esta distinción es especialmente importante debido al clima político actual.
La CIA también estaría investigando a la élite política cubana
El componente político es uno de los aspectos más sensibles de la nueva estrategia.
Según el reporte, los funcionarios del nuevo equipo de la CIA estarían utilizando la información procedente de distintas fuentes de inteligencia para estudiar a los principales integrantes de la estructura política y económica cubana.
La investigación incluiría, entre otros aspectos, las relaciones personales y políticas de los dirigentes, sus actividades económicas y posibles movimientos financieros.
También se buscarían señales de divisiones internas dentro del aparato de poder.
La finalidad sería identificar posibles puntos de presión y determinar qué figuras podrían tener capacidad para influir en una eventual transformación política.
En otras palabras, la estrategia no estaría limitada a conocer qué hace Cuba, sino también a determinar quién podría influir en el futuro político de Cuba.
El objetivo sería presionar al Gobierno cubano, no preparar una invasión inmediata
La información disponible no permite afirmar que la creación del equipo constituya el comienzo de una invasión.
De hecho, las personas familiarizadas con su funcionamiento señalaron que el equipo tiene actualmente un mandato más limitado que el de la estructura creada por la CIA durante la Guerra Fría.
La unidad actual no tendría socios cubanos organizados y tampoco estaría autorizada para facilitar operaciones letales.
Su principal objetivo sería desarrollar una campaña de inteligencia y presión política.
No obstante, la propia naturaleza de una estructura de inteligencia hace que sus capacidades puedan cambiar dependiendo de las decisiones de la Casa Blanca y de las autorizaciones que reciba la agencia.
Por eso, aunque la creación del equipo no demuestra por sí sola que exista una decisión de intervención militar, sí muestra que Washington está aumentando su preparación y conocimiento sobre la situación cubana.
El antecedente de Bahía de Cochinos vuelve a aparecer
La creación del nuevo equipo inevitablemente recuerda la historia de la CIA en Cuba.
En 1960, la agencia estableció una estructura dedicada a organizar operaciones contra el Gobierno de Fidel Castro. Al año siguiente, los acontecimientos desembocaron en la fallida invasión de Bahía de Cochinos, conocida en Cuba como Playa Girón.
Posteriormente, la administración de John F. Kennedy impulsó la Operación Mangosta, una extensa campaña clandestina que buscaba ejercer presión sobre el Gobierno cubano.
Documentos históricos desclasificados por el Departamento de Estado muestran que aquellas operaciones incluyeron recopilación de inteligencia, acciones políticas, propaganda, sabotaje y otros mecanismos de presión.
La diferencia con el escenario actual es importante.
La nueva estructura de la CIA no ha sido presentada como una repetición de la operación de 1961 y las fuentes citadas por The New York Times señalan que no existe actualmente una fuerza cubana organizada bajo su control para realizar una operación militar.
La relación entre Washington y La Habana ya venía deteriorándose
La creación del equipo no ocurrió de manera aislada.
Desde comienzos de 2026, la administración Trump ha incrementado considerablemente la presión sobre Cuba.
El 29 de enero, el Gobierno estadounidense declaró una emergencia nacional relacionada con Cuba y estableció un mecanismo que permite imponer aranceles adicionales a países que suministren petróleo a la isla. La Casa Blanca justificó la medida alegando que las políticas del Gobierno cubano constituyen una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
Posteriormente, el 1 de mayo, Trump amplió las sanciones contra funcionarios, entidades y personas vinculadas con el aparato de seguridad del Gobierno cubano.
Estas decisiones han contribuido a aumentar la presión económica sobre una isla que ya atravesaba una profunda crisis energética y económica.
Trump incluso habló de una posible «toma amistosa»
La retórica de Washington también ha adquirido un tono mucho más contundente.
En febrero de 2026, Trump afirmó públicamente que Estados Unidos estaba conversando con funcionarios cubanos y planteó la posibilidad de una «toma amistosa» de Cuba, aunque no explicó qué significaba exactamente con esa expresión.
Las declaraciones generaron preocupación debido a que se produjeron en un momento en el que la administración estadounidense ya había incrementado las sanciones y la presión energética sobre la isla.
Sin embargo, el hecho de que Trump haya utilizado esa expresión no significa que exista un plan formal para ocupar Cuba.
Hasta ahora, la información disponible muestra una combinación de presión económica, negociaciones, acciones judiciales, diplomacia e inteligencia.
También existe un frente judicial contra funcionarios cubanos
La estrategia estadounidense no se limita a las agencias de inteligencia.
En marzo, el principal fiscal federal de Miami, Jason Reding Quiñones, creó un grupo de trabajo compuesto por fiscales y agentes de la DEA para estudiar posibles investigaciones criminales contra funcionarios y entidades vinculadas al Gobierno cubano.
El grupo comenzó a funcionar mientras Trump hablaba de una posible «toma amistosa» de la isla.
Por ahora, no se ha establecido públicamente qué funcionarios serían acusados ni qué delitos concretos podrían ser utilizados en eventuales procesos judiciales.
El caso demuestra, sin embargo, que la presión estadounidense sobre La Habana se está desarrollando simultáneamente en varios frentes: económico, diplomático, judicial y de inteligencia.
Un hecho especialmente significativo: la visita del director de la CIA a La Habana
En mayo ocurrió otro acontecimiento poco habitual.
El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana y mantuvo reuniones con altos funcionarios cubanos.
La visita fue confirmada tanto por fuentes estadounidenses como cubanas y tuvo lugar en un contexto marcado por la crisis energética de la isla y el deterioro de las relaciones bilaterales.
Durante el viaje también se produjo un encuentro con una figura vinculada a la familia Castro, según Associated Press.
El hecho resultó especialmente llamativo porque puso en contacto directo a uno de los máximos responsables de la inteligencia estadounidense con miembros del aparato de seguridad cubano.
La existencia de esos contactos demuestra que la estrategia de Washington no consiste exclusivamente en ejercer presión desde fuera. También existen canales de comunicación directa entre funcionarios de ambos países.
Las negociaciones secretas complican todavía más el panorama
A pesar del endurecimiento de las medidas estadounidenses, Washington y La Habana también han mantenido conversaciones.
El Gobierno cubano confirmó en marzo que existían negociaciones secretas con funcionarios estadounidenses destinadas a abordar la creciente tensión bilateral.
Esto crea una situación particularmente compleja.
Mientras Estados Unidos aumenta las sanciones y la actividad de inteligencia, también mantiene contactos con representantes del Gobierno cubano.
Es decir, presión y negociación están ocurriendo simultáneamente.
El objetivo final de Washington tampoco parece reducirse exclusivamente a modificar determinadas políticas económicas de La Habana. Los últimos movimientos apuntan a que la administración Trump quiere conseguir cambios más profundos en la estructura política y económica de Cuba.
El factor venezolano también pesa sobre Cuba
Otro elemento fundamental para comprender la nueva estrategia estadounidense es Venezuela.
Durante 2026, Washington aumentó significativamente su presión sobre el Gobierno cubano después de la caída de Nicolás Maduro y el cambio radical de la situación política venezolana.
Cuba había mantenido durante décadas una relación estratégica con Venezuela, especialmente en materia energética.
El deterioro de esa relación dejó a La Habana en una posición mucho más vulnerable.
La administración Trump parece considerar que la experiencia venezolana puede servir como referencia para ejercer presión sobre otros gobiernos de la región.
Sin embargo, existen importantes diferencias entre Cuba y Venezuela.
La estructura política cubana, el papel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el peso histórico del Partido Comunista y la influencia que todavía conserva Raúl Castro hacen que cualquier proceso de transición sea considerablemente más complejo.
La situación económica de Cuba aumenta la presión interna
Todo esto ocurre mientras Cuba atraviesa una grave crisis económica.
La falta de combustible ha afectado el transporte y la generación eléctrica, mientras los apagones y la escasez de productos básicos han aumentado la presión sobre la población.
La situación energética se agravó después de las medidas estadounidenses dirigidas contra los suministros petroleros de la isla.
En marzo, incluso se informó que funcionarios cubanos habían buscado apoyo del Vaticano para tratar de aliviar las restricciones estadounidenses sobre el petróleo. Reuters señaló entonces que La Habana y Washington ya mantenían conversaciones, aunque algunos de los detalles de esas negociaciones no habían podido ser verificados de forma independiente.
La crisis económica, por tanto, se ha convertido en uno de los principales instrumentos de presión de Washington.
¿Qué busca exactamente Estados Unidos?
La información disponible permite identificar varios objetivos que parecen formar parte de la estrategia estadounidense.
Entre ellos están:
- Aumentar la presión económica sobre el Gobierno cubano.
- Reducir los recursos financieros disponibles para el aparato estatal.
- Obtener información actualizada sobre las capacidades políticas y militares de Cuba.
- Identificar posibles divisiones dentro de la élite gobernante.
- Determinar qué funcionarios podrían desempeñar un papel en una eventual transición.
- Presionar por reformas económicas y políticas.
- Mantener abiertas vías de negociación con funcionarios cubanos.
- Preparar opciones para distintos escenarios futuros.
El elemento novedoso es la combinación de todos estos instrumentos.
¿Significa esto que Estados Unidos prepara una invasión?
No hay evidencia pública suficiente para afirmar que Washington haya tomado la decisión de invadir Cuba.
La creación de un equipo de inteligencia y el incremento de la recopilación de información pueden servir para múltiples objetivos.
La inteligencia militar, por ejemplo, puede utilizarse para planificar una eventual operación, pero también para disuadir, negociar, evaluar riesgos o simplemente conocer mejor las capacidades de un adversario.
De igual manera, estudiar a la élite política cubana no significa necesariamente que Estados Unidos haya decidido reemplazar al Gobierno.
Lo que sí resulta evidente es que Cuba ocupa ahora un lugar mucho más importante dentro de la planificación estratégica estadounidense que en años anteriores.
Una estrategia que podría prolongarse
La creación del nuevo equipo de la CIA también apunta a una posibilidad que va más allá de una crisis puntual.
Las fuentes citadas en el reporte estadounidense describen una estructura preparada para una campaña de presión que podría prolongarse durante un periodo considerable.
Eso significa que Washington estaría construyendo capacidades para actuar sobre Cuba durante meses, e incluso más tiempo, en lugar de depender únicamente de decisiones coyunturales.
La estrategia también parece estar diseñada para adaptarse a diferentes escenarios.
Si el Gobierno cubano acepta reformas, Estados Unidos podría utilizar los canales diplomáticos existentes.
Si La Habana se resiste, Washington cuenta con herramientas económicas, judiciales y políticas para aumentar la presión.
Y si la situación interna se deteriora todavía más, la inteligencia acumulada podría servir para evaluar las diferentes alternativas disponibles.
Cuba vuelve a ocupar un lugar central en la política exterior estadounidense
La creación del nuevo equipo de la CIA constituye, por ahora, una de las señales más claras de que Cuba ha recuperado una importancia estratégica dentro de Washington.
Durante años, la relación bilateral estuvo marcada por una mezcla de sanciones, aislamiento y periodos de acercamiento. Incluso durante el restablecimiento de relaciones diplomáticas impulsado por Barack Obama en 2015, las diferencias estructurales entre ambos gobiernos permanecieron.
Ahora el escenario es diferente.
La administración Trump ha optado por una política mucho más agresiva, combinando sanciones, presión energética, investigaciones judiciales, negociaciones directas y un mayor esfuerzo de inteligencia.
El nuevo equipo de la CIA encaja precisamente en esa estrategia.
Aun así, hay una diferencia fundamental entre prepararse para diferentes escenarios y haber decidido ejecutar una intervención.
Hasta el momento, la información pública disponible no demuestra que exista una decisión definitiva de Estados Unidos para lanzar una operación militar contra Cuba.
Lo que sí demuestra es que Washington está recopilando más información, aumentando su capacidad de presión y estudiando con mayor detenimiento quiénes son los actores que podrían determinar el futuro político de la isla.
Y en un país donde el poder ha permanecido concentrado durante décadas, conocer las divisiones, alianzas y relaciones dentro de la élite gobernante puede ser tan importante para Estados Unidos como conocer las capacidades militares de Cuba.
La situación, por tanto, entra en una nueva fase: una en la que inteligencia, presión económica, negociación y posibles cambios políticos comienzan a formar parte de una misma estrategia estadounidense hacia La Habana.