Los electrolizadores se han convertido en una tecnología clave para avanzar hacia una economía con menores emisiones de carbono, ya que permiten producir hidrógeno verde a partir de agua y electricidad procedente de fuentes renovables. Estos dispositivos separan las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno mediante un proceso conocido como electrólisis.
Cuando la electricidad utilizada proviene de fuentes como la energía solar o eólica, el proceso no genera emisiones directas de carbono. El hidrógeno obtenido puede utilizarse posteriormente como combustible o materia prima industrial, especialmente en actividades donde resulta más difícil reducir las emisiones mediante la electrificación directa.
Una de las principales ventajas de los electrolizadores es que también pueden contribuir al almacenamiento de energía renovable. Cuando las instalaciones solares o eólicas producen más electricidad de la que se necesita, ese excedente puede utilizarse para generar hidrógeno. De esta manera, la energía puede almacenarse durante periodos prolongados y utilizarse posteriormente, incluso meses después de su producción.
Actualmente existen tres grandes tecnologías de electrolizadores: alcalinos (AEL), de membrana de intercambio protónico (PEM) y de óxido sólido (SOEC). Cada una presenta características diferentes y puede adaptarse a determinadas necesidades industriales. Los alcalinos son los más maduros comercialmente y destacan por su menor costo y larga vida útil, mientras que los PEM son más compactos y responden mejor a las variaciones de fuentes renovables como el sol y el viento.
Los sistemas SOEC, por su parte, funcionan a altas temperaturas y pueden aprovechar el calor generado por determinados procesos industriales. Esto permite reducir el consumo de electricidad y alcanzar una elevada eficiencia cuando existen fuentes de calor disponibles, aunque actualmente tienen mayores costos de inversión y una menor madurez comercial.
El desarrollo de esta tecnología ya avanza en diferentes regiones del mundo. China, la Unión Europea y la India lideran el despliegue de electrolizadores, mientras que América Latina también comienza a desarrollar proyectos relevantes, particularmente en Chile y Colombia. Según los datos citados por BBVA, China concentraba el 65 % de la capacidad mundial instalada de electrólisis del agua en 2024.
En Colombia, el grupo Ecopetrol inició en 2025 la instalación de un electrolizador de 5 megavatios (MW) en la refinería de Cartagena de Indias. El proyecto tiene como objetivo producir hasta 800 toneladas de hidrógeno verde al año, convirtiéndose en uno de los proyectos que buscan impulsar el desarrollo de esta fuente energética en el país.
El hidrógeno verde podría desempeñar un papel importante en sectores como la industria pesada, el transporte de larga distancia y la producción de combustibles sintéticos, donde la reducción de emisiones representa uno de los mayores desafíos de la transición energética. Su desarrollo también abre oportunidades para almacenar grandes cantidades de energía renovable y aprovechar mejor los excedentes de generación.
Sin embargo, todavía existen retos importantes. Entre ellos están el costo de los equipos, la necesidad de disponer de grandes cantidades de electricidad renovable, el almacenamiento y transporte del hidrógeno y la necesidad de aumentar la eficiencia y la escala de producción. Para superar estas barreras serán necesarias nuevas inversiones, investigación, desarrollo tecnológico y marcos regulatorios que favorezcan el crecimiento de la industria.
El avance de los electrolizadores representa así una pieza fundamental en el desarrollo de nuevas alternativas energéticas. Aunque la producción de hidrógeno verde todavía se encuentra en una etapa de expansión, la tecnología podría contribuir a sustituir combustibles fósiles en actividades de difícil descarbonización y convertirse en un componente importante de la transición hacia sistemas energéticos más sostenibles.