El sistema energético colombiano vuelve a encender las alarmas. La posible llegada de un fenómeno de El Niño de gran intensidad durante los próximos meses ha llevado a diferentes actores del sector eléctrico a solicitar medidas extraordinarias que permitan garantizar el suministro de energía en todo el país.
Las advertencias surgen debido a que Colombia depende principalmente de la generación hidroeléctrica, por lo que una disminución prolongada de las lluvias podría reducir considerablemente los niveles de los embalses que abastecen las principales centrales del país. Este escenario incrementa la presión sobre las plantas termoeléctricas y la infraestructura de generación, al tiempo que obliga a acelerar planes de contingencia para evitar riesgos de racionamiento.
Las autoridades nacionales ya activaron una hoja de ruta con decenas de acciones preventivas, mientras expertos y empresarios consideran que aún es necesario fortalecer la capacidad de respuesta antes de que las condiciones climáticas se intensifiquen.
Un fenómeno que preocupa al sector energético
El fenómeno de El Niño modifica las condiciones climáticas del país al reducir las precipitaciones y aumentar las temperaturas durante varios meses. Para un sistema eléctrico como el colombiano, donde cerca del 70 % al 75 % de la energía proviene de centrales hidroeléctricas, una temporada seca prolongada representa un desafío significativo.
La disminución en los aportes hídricos reduce la capacidad de generación de las represas, obligando al sistema a utilizar con mayor frecuencia plantas termoeléctricas que funcionan con gas natural o combustibles líquidos. Aunque estas instalaciones forman parte del respaldo del sistema, su operación continua implica mayores costos y depende de la disponibilidad de combustibles.
Por esta razón, los gremios del sector han insistido en adoptar decisiones anticipadas que permitan preservar los embalses, asegurar el abastecimiento de gas y mantener la confiabilidad del Sistema Interconectado Nacional.
El Gobierno activa un plan preventivo
Como respuesta a las proyecciones climáticas, el Ministerio de Minas y Energía presentó una estrategia nacional compuesta por 50 acciones dirigidas a fortalecer la seguridad energética frente al fenómeno de El Niño.
Entre las principales medidas se encuentran:
- seguimiento permanente a los niveles de los embalses;
- coordinación entre el sector eléctrico y el sector gasífero;
- monitoreo continuo del comportamiento de la demanda;
- fortalecimiento de la operación de plantas térmicas;
- evaluación permanente de la confiabilidad del sistema.
Las autoridades también trabajan junto con la Comisión Asesora de Coordinación y Seguimiento de la Situación Energética para revisar diariamente la evolución de las variables más críticas del sistema.
Los expertos piden decisiones más rápidas
Aunque el Gobierno ha anunciado medidas preventivas, varios especialistas consideran que el país necesita avanzar con mayor rapidez en proyectos de infraestructura energética.
Entre las principales preocupaciones se encuentran los retrasos en nuevas líneas de transmisión, la necesidad de ampliar la generación con fuentes renovables y la disponibilidad de gas natural para respaldar la operación de las termoeléctricas durante los meses de mayor sequía.
Directivos del sector energético han advertido que la combinación entre mayor demanda eléctrica, retrasos en infraestructura y un fenómeno climático intenso podría aumentar la vulnerabilidad del sistema si no se toman decisiones oportunas.
El recuerdo de las crisis energéticas
Las preocupaciones actuales no son nuevas para Colombia.
En 1992 el país enfrentó uno de los mayores apagones de su historia debido a la combinación entre una fuerte sequía asociada al fenómeno de El Niño y la alta dependencia de la generación hidroeléctrica. Aquella crisis derivó en racionamientos de energía durante varios meses y motivó importantes reformas al sector eléctrico.
Posteriormente, entre 2015 y 2016, otro episodio de El Niño volvió a poner a prueba el sistema nacional. Aunque en esa oportunidad no se presentó un apagón generalizado, fue necesario implementar campañas de ahorro energético para disminuir el consumo mientras se recuperaban los niveles de los embalses.
¿Existe riesgo de apagones?
Por ahora las autoridades no han anunciado un racionamiento eléctrico.
Sin embargo, diversos analistas coinciden en que el riesgo dependerá principalmente de tres factores:
- la intensidad definitiva del fenómeno de El Niño;
- el comportamiento de las lluvias durante el segundo semestre;
- la capacidad del sistema para responder mediante generación térmica y otras fuentes de respaldo.
La operación del sistema eléctrico colombiano es monitoreada permanentemente por XM y las autoridades energéticas, quienes ajustan diariamente las estrategias según la evolución del clima y de la demanda nacional.
El ahorro de energía vuelve a ser una herramienta clave
Ante un posible escenario de sequía prolongada, expertos recuerdan que el uso eficiente de la energía continúa siendo una de las medidas más efectivas para reducir la presión sobre el sistema eléctrico.
Entre las recomendaciones más frecuentes se encuentran apagar equipos que no estén siendo utilizados, aprovechar la iluminación natural, utilizar electrodomésticos de manera eficiente y promover prácticas de ahorro tanto en hogares como en empresas.
Experiencias anteriores han demostrado que pequeñas reducciones en el consumo nacional pueden contribuir significativamente a mantener la estabilidad del sistema durante los períodos de mayor estrés operativo.
Un desafío que trasciende al sector eléctrico
Más allá del suministro de energía, un fenómeno de El Niño intenso también puede afectar el abastecimiento de agua potable, la producción agropecuaria, la navegación fluvial y aumentar el riesgo de incendios forestales.
Por ello, las acciones preventivas involucran no solo al sector energético, sino también a autoridades ambientales, organismos de gestión del riesgo, gobiernos regionales y empresas de servicios públicos.
Los próximos meses serán determinantes para evaluar la intensidad real del fenómeno y la capacidad del país para responder de manera coordinada ante uno de los mayores desafíos climáticos previstos para los últimos años.